Episodio 3

3950 Palabras
En ese instante a petición de Isaías, Zacary se encontraba haciéndole un tour por el resto de su enorme hogar, ya que el gemelo se sentía muy curioso por recorrer todo aquel lugar, el cual desde su punto de vista, necesitaba un toque hogareño para quitarle ese aire de fabrica desolada y abandonada que todavía conservaba. —Y por último, esta es mi habitación — Dice Zacary, haciéndose a un lado para que Isaías entrara. El joven de ojos cafés entra viendo que todo se encontraba muy limpio y ordenado, quizás más de lo que él imaginó, pensaba Isaías el cual de inmediato se dio cuenta de algo que se llevó toda su atención. —Aun conservas...— Detiene sus palabras al momento que sostiene entre sus manos, aquel collar que le había regalado en una ocasión. Zacary sonríe tímidamente asintiendo con la cabeza. —Sí, aunque no lo uso porque el cordel está bastante desgastado, y temo que se al usarlo, se me vaya a caer sin darme cuenta. No quiero perderlo — Confiesa Zacary, encaminándose hasta Isaías, quien se mostraba notoriamente ruborizado. El pelinegro simplemente tragó saliva colocando el pequeño collar de nuevo en su lugar. Las palabras de Zacary le habían descolocado un poco, es por eso que prefirió mantenerse en silencio, para no arruinar el momento con algún comentario tonto que seguramente iba a salir de su boca, a causa de la emoción por saber que Zacary, todavía conservaba ese accesorio que él le hizo con mucho cariño, hace más de tres años atrás. —Bien... — Es lo único que puede decir Isaías, desviando su atención de la mesita, para fisgonear otras cosas de la habitación. Zacary simplemente se sienta en la cama, dejando que Isaías revise y husmeé todo lo que su curiosidad deseara, es por eso que simplemente se limita a observarle, mientras el gemelo chequea su ropa, lee por encima los periódicos, entre otras cosas que encontraba a simple vista en su diminuta habitación. —Tu ropa esta desteñida y tiene muchos agujeros. Necesitas un guardarropa nuevo — Comenta Isaías cogiendo un abrigo mientras se lo coloca encima. —Supongo, pero ahora mi prioridad no es comprar ropa. El dinero que me queda es poco así que... debo gastar en lo más necesario — Explica Zacary tranquilamente. —El dinero que le robaste a los asesinos ¿No? — Pregunta Isaías, viendo como poco después, Zacary hizo un gesto que le hacía parecer avergonzado. —Técnicamente no les robé, ellos me dieron su dinero por libre albedrio — Aclara el joven entre un suspiro cansado. —Claro... y después los mataste — Dice el gemelo mientras el otro muchacho se encoge de hombros. —Eran ellos o yo — Responde Zacary, observando a Isaías sonreír entre tanto se acercaba a él. —¿Qué piensas hacer, cuando el dinero que tienes se termine? —Pregunta repentinamente Isaías, a lo que Zacary le responde: —Buscaré un empleo en algún lugar discreto —Aclara de manera pensativa. —Puedes boxear en las ilegales, se gana bastante bien. Es clandestino, supongo que eso está bien para ti— Propone Isaías, asumiendo que su amor podía desenvolverse bien en ese mundo, sin embargo Zacary poco después de escuchar su propuesta, niega con la cabeza. —No se boxear— Confiesa Zacary al instante, mientras Isaías emite un bufido lleno de escepticismo. —No me vengas con esas mierdas — Prorrumpe con una pequeña sonrisa irónica. —Es la verdad, no se boxear — Reitera Zacary entrecerrando sus ojos, porque no comprende esa sonrisita burlona que continuaba teniendo Isaías. —A ver explícame... eres un asesino que se ha enfrentado con cientos de tipos ¿Y no sabes pelear? Para mí eso no tiene sentido— Dice el gemelo, mientras niega con su cabeza sin dejar de reírse por lo bajo. — No me entrenaron para pelear, si no para matar — Confiesa Zacary tranquilamente — Si tengo que lidiar con un encuentro cuerpo a cuerpo, trato que sea lo más breve posible para cumplir con mí objetivo. Se defenderme, pero no estoy hecho para largas peleas de puños como es el boxeo. Desde mi punto de vista, es una pérdida de tiempo y energía. Si llegara a hacerlo, trataría que terminara rápido, lo cual seguramente aburriría a los espectadores que desean ver acción — Explica el joven encogiéndose de hombros. —Comprendo... eso quiere decir que la propuesta de que boxees en las ilegales conmigo, queda completamente descartada— Dice Isaías recostándose en la cama. —Muy descartada. Sin mencionar que incumple con mis normas de "empleo discreto". En los bajos mundos, puedo ser reconocido —Comenta Zacary, acostándose al lado de Isaías. — ¿Entonces como piensas ganarte el pan? ¿Vas a trabajar en el sótano de un almacén ordenando cajas de 7 a.m. a 6 p.m.? —Indaga Isaías de manera burlona. —Si me pagan bien, posiblemente — Acepta Zacary con una leve sonrisa que hace borrar la de Isaías paulatinamente. —Zacary... — Murmura el pelinegro. —¿Sí? — Responde Zacary acercándose un poco más a Isaías. —Hay algo más que quiero saber... — Pide el de ojos cafés de una manera tan seria, que logra borrar la pequeña sonrisa de Zacary. —Que será... — Pregunta el muchacho sin temor alguno. — ¿No tienes sueños? Algo que siempre has anhelado hacer... algo que tu verdadero yo haya deseado realizar alguna vez— Pregunta Isaías con mucha curiosidad. Zacary al instante se muestra pasmado, ya que esa pregunta lo había tomado por sorpresa. —Mi verdadero yo dejó de soñar hace varios años atrás— Responde de inmediato Zacary sentándose en la cama. Poco después Isaías hace lo mismo colocándose a su lado. —Pero no todo el tiempo ha sido así — Asume Isaías— Una vez me dijiste que deseabas ser veterinario... te gustan los animales, al punto que ni siquiera te has dignado en acabar con tus inquilinos roedores. Eres ordenado, y minuciosamente limpio, pero a pesar de eso no colocas ni una sola trampa para ratas, o compras algún veneno para exterminarlas. Todo lo contrario, porque incluso las alimentas, vi que colocas platitos con comida en las esquinas — Confiesa Isaías, mientras coloca uno de sus brazos alrededor de los hombros de Zacary. — No eres el único observador, Zac — Murmura el muchacho, mientras le da un beso en la mejilla al de ojos azules. —Sí pero... yo... —Farfulle Zacary sin saber que decir, es por eso que Isaías entra rápidamente en acción. —Busca un empleo como asistente de algún veterinario, o algo que se relacione con los animales. Supongo que eso cumple con tu condición de discreción, y estarías haciendo algo con lo que una vez soñaste. Tu vida no tiene que ser gris las 24 horas del día, los 7 días a la semana. Puedes ganarte el pan haciendo algo que realmente te apasione— Propone Isaías con una pequeña sonrisa. —Podría intentarlo... incluso... podría estudiar para ser doctor veterinario. Una vez, soñé eso... — Murmura Zacary, viendo de reojos como se ensanchó la enorme sonrisa que dibujó Isaías en sus labios. — ¡Exacto! Y luego en un futuro podrías formar tu propia clínica veterinaria. Yo te ayudaría sin pensarlo. Nunca dejes de soñar, Zacary — Agrega Isaías, observando cómo sus palabras estaban haciendo el efecto deseado en el muchacho, ya que este se dedicó a mirarlo con una expresión risueña, e incluso esperanzada. —Seria increíble poder formar una clínica veterinaria. Estaba pensando que tú me ayudarías a darle de comer a las ratas— Asume Zacary explotando en risas, cuando vio como Isaías arrugó la nariz en un evidente gesto de negación, pero luego este cambió su expresión a una sorprendida. — ¡Vaya! Debí haber grabado ese momento — Exclama Isaías volteándose, para quedar cara a cara con Zacary, aprovechando así para colocar sus manos en las mejillas del de ojos azules. —¿Qué momento? — Pregunta Zacary un tanto desconcertado. —Ese momento cuando... — Se detiene para carraspear su garganta — Sonará cursi pero demonios... tengo que decir esto: tu cara se ilumina y luce jodidamente hermosa cuando ríes— Confiesa acercándose para besar los labios de Zacary que, corresponde al instante. — Todo gracias a ti... — Musita Zacary regresando para besar los labios de Isaías, sintiendo como en medio del beso, el gemelo metió sus manos por debajo de su camiseta, para acariciarle la espalda. Las caricias conllevaron a que el pelinegro poco a poco comenzara a levantarle la camiseta a Zacary, quien al instante colaboró levantando sus brazos, para deshacerse de la prenda. Luego de esto, volvieron a unir sus labios en un profundo beso, mientras en esta ocasión era Zacary el que decidió quitarle la camiseta a Isaías, el cual rápidamente cooperó desprendiéndose de la prenda en cuestión de segundos. La lentitud e incluso ternura de aquel beso, poco a poco comenzaba a quedar en segundo plano, conforme sus respiraciones se agitaban, sus temperaturas aumentaban, y sus templanzas se desvanecían, entre ese deseo incontenible, por unirse de una manera que pasara el plano de las caricias y besos superficiales. —Hazme el amor — Murmura Zacary entre los labios de Isaías, mientras con la ayuda de su cuerpo, lo dirige hacia la cama, quedando así él encima del gemelo. Conforme el beso se hace más profundo y dependiente, Zacary dirige sus manos hacia el jean de mezclilla de Isaías, desabotonándole y bajándole la cremallera, sin tener la necesidad de ver lo que hacía, ya que con varios movimientos, y unos cuantos jalones, despojó al gemelo de su vestimenta, dejándole solamente en ropa interior. Al instante, el de ojos azules metió una de sus manos en el bóxer del pelinegro, para tener acceso a la dura entrepierna de Isaías, quien sentía deleitado como Zacary masajeaba su sexo de una forma exquisita, mientras al mismo tiempo, su amor jugaba con su lengua en aquel beso infinito, como todo un experto en la materia del deleite s****l. ¿Quién le enseñó a Zacary besar y a dar placer de esa forma? Se preguntó Isaías por un instante en donde se permitió tener algo de cordura, ya que el de ojos azules con unos simples besos y caricias, lo estaban llevando poco a poco al punto más alto de la satisfacción carnal, sin embargo a pesar de sus incertidumbres, él decidió no quedarse atrás al momento que se levantó, dejando a Zacary entre sus piernas, ocasionando así, que el muchacho se apartara de sus labios por un segundo, aprovechando ese momento para mirarle ostentando en sus labios hinchados por el prolongado beso, una hermosa sonrisa que hacia el contraste perfecto con esa mirada azulada que, ahora se mostraba llena de vida y excitación. Isaías abrazó a Zacary, mientras comenzaba a besarle el cuello, descendiendo hacia el resto de su piel tatuada, en medio de pequeños besos que parecían agradarle a Zacary, el cual también comenzó a hacer lo mismo, besando el cuello, los hombros, y el pecho de Isaías, para después llevar sus manos hacia su cabellera negra, entrelazando entre sus dedos los cabellos medianamente cortos de su lindo chico de ojos cafés que, como un espejo, también hizo lo mismo con él. —Te amo... — Confiesa Zacary en murmureos cerca de la mejilla de Isaías. El gemelo esboza una sonrisa relamiendo sus labios. —Y yo un poco más... maldito intruso— Responde Isaías sin dejar de sonreír, acercándose para volver a besar los labios de su amor. Así mismo, Zacary con mucha facilidad se levanta un poco para permitir que Isaías le penetre, sintiendo al instante como el m*****o erecto de este, entró hasta el fondo de su intimidad. El de ojos cafés emitió un gruñido bajo, mientras Zacary reposo sus brazos sobre los hombros del pelinegro, al mismo tiempo que comenzó a mecerse de manera circular, antes de moverse de arriba hacia abajo. Esos meneos, hacían que Isaías entreabriera su boca como gesto involuntario por el placer, siendo aquella fricción todo un deleite para él, puesto que podía sentir como la zona intima de Zacary, le succionaba su masculinidad al mismo tiempo que gracias a esos movimientos, sumando a la posición como el de ojos azules se encontraba sentado, conseguían de manera exacta darle placer a sus testículos, era como si Zacary pensara hasta en el más mínimo detalle para satisfacerlo, haciéndole pensar una vez más al gemelo, de quien o cómo demonios ese chico había aprendido todo eso. *** Cuando terminaron de hacer el amor, ambos se quedaron acostados en la cama abrazados. Continuaron conversando y dándose leves cariños, hasta que justamente como la noche anterior, no pasó mucho tiempo cuando Zacary cayó en un profundo sueño que Isaías muy en el fondo detestó, porque él deseaba continuar hablando y mimando a Zacary, sin embargo no le quedó de otra más que dejarle dormir. Luego, posiblemente una hora después, Isaías sintiéndose muy curioso se levanta de la cama para continuar husmeando por la habitación de su amor, viendo atentamente la laptop que tenía, en la cual solamente se mostraban los videos en tiempo real de las 15 cámaras que tenía para vigilar su casa. Acto seguido, el gemelo se agacha viendo que había debajo de la cama, encontrándose con una caja que llama bastante su atención, es por eso que este la rueda hacia donde estaba, dándose cuenta que la caja se encontraba llena de pistolas y distintas armas de fuego. — ¡Vaya! — Exclama Isaías cogiendo una de las pistolas, notando al instante que estaba cargada. Cuando se percató de eso, la dejó cuidadosamente en su lugar, decidido a que ya había visto suficiente. Isaías luego de ver aquello, el gemelo se sentó en la punta de la cama y desvió su atención hacia Zacary. En ese instante, las sabanas no cubrían su cuerpo, es por eso que se dedicó a mirar atentamente la cantidad inmensa de tatuajes que tenía en sus brazos, torso, espalda, piernas... los únicos lugares en donde no tenía ni un solo tatuaje era en su rostro, en el cuello, y en la palma de sus manos, ya que Isaías se pudo dar cuenta, que Zacary también tenía tatuajes horribles en la planta de sus pies. Definitivamente, aquel gordo asqueroso era un desquiciado, pensaba el gemelo con mucha rabia mientras se imaginaba al de ojos azules, sin una sola gota de tinta marcada en su maltrecha piel. —Serias más hermoso de lo que ya eres... — Piensa Isaías viendo el rostro de Zacary, el cual ahora lucia relajado y sereno, es por eso que sin pensarlo demasiado, extiende una de sus manos para acariciar el cabello castaño oscuro del joven. Sin embargo, en el instante que el posó su mano sobre el cabello de Zacary, este abrió sus ojos levantándose de inmediato, y como un acto de reflejo involuntario, el chico de ojos azules hizo una maniobra increíblemente rápida, que logró tumbar a un desconcertado Isaías de espaldas en la cama, al mismo tiempo que Zacary ya lo tenía inmovilizado por completo listo para darle una muerte instantánea, pero cuando estaba a punto de efectuar su acto, entró en razón dándose cuenta que la persona que estaba a punto de matar era Isaías. Es necesario destacar que todo ese inesperado asunto ocurrió en medios de 3 segundos. —¿¡Pero qué mierda te pasa!? — Exclama Isaías, sintiendo como Zacary poco a poco dejaba de sujetarle con fuerza. —¡Lo siento! Yo... yo no... — Se lamenta Zacary retrocediendo en la cama, para alejarse de Isaías mientras se cubre el rostro con sus manos — Estaba... estaba a punto de... ¡No debes tocarme mientras duermo! ¡NO LO VUELVAS HACER, ES PELIGROSO! —Vocifera Zacary sin dejar de cubrirse el rostro, pero luego cuando siente que estaba perdiendo el control, respira profundo para recobrar la calma una vez más. —Aunque me veas dormido, mi subconsciente siempre está alerta. Sin pensarlo, creí que eras alguien que pretendía atacarme. Siempre he sido así desde que era un niño, incluso antes de conocer a Frederick... —Explica Zacary mientras busca su ropa para comenzar a vestirse. Sin poder evitarlo, Zacary recordó que en los tiempos cuando vivía con sus progenitores, él siempre debía estar listo para proteger a sus hermanitos, de posibles ataques de su padre ebrio, cuando entraba a sus habitaciones a medianoche, o en altas horas de la madrugada para querer violarlos. —¿Siempre has sido así? — Pregunta Isaías mientras masajea uno de sus hombros, porque por poco Zacary se lo fracturaba. —Si... — Responde Zacary en susurros tímidos. Por otra parte, Isaías sin saber que pasaba por la mente de Zacary, entrecierra sus ojos decidido a no emitir ni un solo comentario más, formando de esa forma un silencio que esta vez el de ojos azules encontró bastante incómodo. — ¿Piensas que soy un fenómeno, verdad?... Por eso te quedas callado — Murmura Zacary con tristeza, sin ver de frente a Isaías. —Lo único que pasa por mi cabeza, es que me será difícil no querer manosearte mientras duermes. Ya veremos que me invento porque no me voy a poder contener— Confiesa Isaías cogiendo su ropa para comenzar a vestirse, viendo como Zacary se volteó para mirarle con una leve sonrisa. —Tendrás que amarrarme en la cama, supongo — Asume Zacary sin dejar de sonreír con atisbos de tristeza. —Buena idea, por cierto ¿Qué te parece si vamos a almorzar? El tiempo pasa volando. En esta ocasión yo invito. Te dejo la cena a cargo ¿Okey? —Propone Isaías en un intento por alivianar el ambiente, que repentinamente se había tornado sofocante, principalmente por esa actitud taciturna que ahora mostraba Zacary. —¿Piensas quedarte conmigo hasta la noche? — Pregunta Zacary con cierto escepticismo. — ¡Claro! Hay que aprovechar el tiempo perdido ¿No crees? Además, que te parece si luego del almuerzo vamos a tu antigua casita en la playa, te tengo una sorpresa... el único problema es que a tus amigas las ratas no les va a agradar — Propone Isaías, pensando que sería buena idea que Zacary adoptara a Pelusa, aquel gato que todavía vivía en la casa de la playa, e Isaías de forma muy descuidada, continuaba haciéndose cargo. *** Después de un almuerzo con pizza, justamente como Isaías prometió llevó a Zacary hasta aquella casita que, al de ojos azules no le traía muy buenos recuerdos. No obstante este dejó sus pensamientos a un lado, cuando veía sin sorpresa alguna como Isaías logró abrir la puerta, y entraba dando la impresión de que aquel hogar en ruinas le perteneciera, era evidente para Zacary que no era la primera vez que el gemelo entraba y salía de esa casa. —¡Pelusa! Pelusa ven aquí—Llama Isaías a gritos. —¿Quién es Pelusa? — Pregunta Zacary, porque hasta el momento Isaías no le había dicho nada acerca de sus planes. —Es tu nueva mascota— Responde el pelinegro tranquilamente, escuchando como al instante el maullido de un minino, se hizo presente — Ese es Pelusa, vive aquí desde hace unos tres años, o quizás más. Yo no lo alimento demasiado, admito que no soy el mejor cuidador de animales, es por eso que tengo fe en ti. Pelusa estará en buenas manos contigo—Explica Isaías, colocándole el gato en los brazos de un sorprendido Zacary. —No, no está bien que tenga una mascota... quizás pueda morir por mi culpa o... — Las palabras de Zacary son interrumpidas por Isaías de inmediato. —Ya quítate la palabra "muerte" de tu vocabulario. Consérvalo, siempre pensé en regalarte este gato... no lo rechaces... — Murmura Isaías en un tono de voz muy bajo, sintiéndose algo avergonzado. Zacary abre un poco sus ojos, y sin querer aprieta un poco a Pelusa entre sus brazos, ya que era la primera vez que le regalaban una mascota, además en la forma como Isaías le dijo aquello, ocasionó que se le hiciera imposible volver a negarse. —Lo conservaré y cuidaré bien. Gracias, Isaías... — Agradece Zacary, observando cómo las mejillas de Isaías se ruborizaron un poco. —Sí, de nada... ¿Nos vamos ya? — Pregunta Isaías mientras carraspea su garganta. —No, aun no. Quiero ver el atardecer contigo y Pelusa. Hace años que no estoy en una playa — Pide Zacary entre tanto acariciaba el pelaje blanco y n***o del gato. Así de esa manera, Isaías, Zacary y Pelusa todavía en los brazos del de ojos azules, caminaron hacia la orilla sentándose sobre la arena. Mientras veían las olas, Zacary comenzó a sentir mucho miedo, porque cada vez que en su vida ocurrían situaciones donde sobreabundaba la felicidad, eran los indicios de que algo terrible sucedería. —Que esta vez sea diferente, por favor... — Piensa Zacary, reposando su cabeza sobre el hombro de Isaías, mientras su corazón comienza a latir con mucha fuerza, por la angustia que repentinamente se apoderó de su cuerpo. Al día siguiente Como todas las mañanas, Jacob y Misha iban a visitar a sus parejas al departamento, siendo aquel lugar, el único donde podían expresar libremente su noviazgo sin tapujos. Pero por muy extraño que parecía, en esa mañana, Thomas, o cualquiera de los gemelos no aparecían para abrirles la puerta, provocando que Misha y Jacob comenzaran a preocuparse, es por eso que el de ojos grises, al instante sacó su teléfono celular para llamar al moreno. —Este idiota... — Murmura Jacob, cuando se encuentra buscando el número de su novio entre su lista de contactos. —Su llamada no puede ser procesada, por favor recargue su plan para que...— Escucha Jacob la voz de la operadora, ocasionando que al instante cuelgue la llamada con molestia. — ¡Ah! Me quedé sin crédito, Misha, préstame tu celular — Pide Jacob extendiendo su mano para que su hermano le diera su móvil. —Si a ti se te acabó el crédito, a mí también. Recuerda que tenemos el mismo plan prepago. Uh, la secretaria de papá, se le olvidó recargarnos crédito ¿Qué extraño? A ella nunca se le olvida —Dice Misha de manera pensativa, mientras Jacob emite un gritico de frustración. Es necesario agregar que a Jacob y a Misha les hacían absolutamente todo, ya que el par de hermanos, eran el epitome de los clásicos chicos mimados sobreprotegidos. Sus padres les daban tarjetas de crédito para sus gastos banales, disponían de choferes personales, no sabían lo que eran verdaderas responsabilidades, y con respecto a sus cuentas como por ejemplo algo tan simple como la recargas de sus teléfonos móviles, se encargaban de ello terceros. El único inconveniente de todos esos privilegios, eran que el par de jóvenes además de vivir en una burbuja, era que no sabían valerse por sí mismos. —¿Y ahora qué hacemos? El chofer ya se fue... le dijimos que nos viniera a buscar en la noche. No tenemos crédito para llamar a nadie ¿Esperamos a los chicos aquí? — Pregunta Misha, sintiendo que al instante Jacob era el que se tenía que hacer cargo, por ser el autoproclamado hermano mayor. —Los esperaremos aquí — Aclara, mientras se muerde una uña de forma nerviosa, por pensar que estarían en ese feo edificio por quien sabe cuánto tiempo — Seguro salieron a desayunar, no deben tardar mucho esos idiotas —Asegura Jacob, tratando de lucir tranquilo, para no alterar a Misha.
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