La habitación se encontraba completamente a oscuras, pero a Misha no le importaba, porque él se sentía completamente a gusto en medio de la penumbra. Algo que muy pocos sabían, era que Misha se sentía bien cuando estaba en la oscuridad, posiblemente secuelas de su niñez, cuando su padre Markov, lo mantuvo encerrado durante sus primeros años de vida, en aquella fría y desolada habitación. Eran aproximadamente las 7 de la mañana, y Misha sin encender las luces, se levantó de la cama yendo directamente al baño. Con la mínima luz, que se colaba por diminutas aberturas en las ventanas, le era suficiente para comenzar a llenar su tina para darse su largo baño matutino, y mientras el agua tibia llenaba la espaciosa tina, el chico comenzó a quitarse la ropa, sentado en el retrete. Uno que otr

