Un Adiós no es para Siempre

1343 Palabras
Llego la primera, la pequeña Ema ya tenía [6] seis años de edad, conversaba de manera muy elocuente con su madre y abuelo (cuando solían pasar horas conversando); Ema comprendía muchas cosas de manera muy madura para su corta edad. Ella, era una niña muy mansa, muy observadora, atenta y servicial como sus padres; también tenía muy buenos modales gracias a su abuelito el señor Alfred, el cual ella le encantaba ayudar en medio de su gran pesar por su delicada salud. Elizabeth dejo su servicio en el hospital de GGmorgan debido a que la salud de Alfred que cada vez se deterioraba, así que empezó a trabajar en el local que anexa junto con el hogar en donde residían, también podía cuidar muy de cerca y enseñarle a la pequeña Ema. El horario Elizabeth comenzaba desde que se levantaba, a las 4:00 hrs. cuatro de la madrugada, suele preparar el desayuno, y dejarlo calentar cerca de la estufa para que no se enfrié, agradece por sus alimentos y los consume. Se dirige a abrir a las 5:30 hrs. cinco y media de la madrugada el local, para atender a los primeros que madrugan para ir a trabajar, esperan con ansias sus desayunos, al momento de despachar aquella tanda de personas madrugadoras, al momento de hacerse las 6:30 hrs. llega la señora Potts a ayudarla con la tienda, así que Eli se dirige a tomar el desayuno de cada uno de ellos, para despertarlos con amor en sus camas. Desayunan, hace todo lo necesario como enfermera para atender al señor Alfred y este lo más cómodo que pueda y mejor, eso le toma más o menos unas dos horas de tiempo, así que luego va por Ema, asea, la viste y la prepara para sus clases a las 9:00 hrs nueve de la mañana comienzan sus clases en casa, (A Alfred por lo general le gusta escuchar) así que lo hacen en la habitación de Alfred para apoyar y estar atentos; cada hora es una catedra diferente, hasta que pasan las 11:30 hrs once y media de la mañana que es el receso de Ema y mamá Eliza debe de correr a la cocina a hacer el almuerzo, pues a la 13:00 hrs a la una de la tarde almuerzan juntos, recoge sus platos ordena todo de manera muy práctica y simple, y a las 14:30 hrs dos y media de la tarde comienzan las próximas cátedras de Ema, (Historia, matemáticas, geografía, literatura, francés, música, poesía, ciencias, entre otros) hasta que eran 16:30hrs cuatro y media de la tarde, Ema podía jugar en lo que quisiera, Elizabeth tenía que atender a Alfred con algunas rutinas médicas y luego iba a la tienda a ayudar a la señora Potts para preparar todo para el siguiente día, (era días arduos para Elizabeth, pero lo hacía de todo corazón, amaba su vida, a su hija al señor Alfred y las personas que le rodean) a las 18:30hrs seis y media de la tarde, cerraba el local y se dirigía a preparar una magnífica cena, siempre tenía recetas increíbles y prácticas. A las 19:30hrs siete y media de la noche cenaban, daban gracias por los alimentos y se preparaban a las 21:00hrs nueve de la noche ya podían dormir tranquilos, una vez cepillados los dientes y el cabello de la pequeña Ema, un cuento bastaba para volar a las alturas de los sueños profundos y un beso en la frente seria su protección. Elizabeth revisaba al señor Alfred tal vez conversaban un poco si podía lograrlo aquel día, pero Eliza ya estaba preparada para lo que pudiese suceder tarde o temprano, así que se aseguraba de estar cerca de el por las noches y dormían. Pero una mañana la rutina cambiaria, en verano del día 22 de Marzo del año de 1970, justo al momento en que Elizabeth despierta, Ema también lo hace y va a donde su mamá. – Mamá abuelito Alfred nos necesita. Menciona la pequeña Ema, parte corriendo Elizabeth nuevamente a la habitación de donde venía. Efectivamente Alfred había entrado a un estado de coma el cual daba el diagnostico de que faltaba muy poco para que partiese de esta tierra, con nuestros queridos y amadas personas que lograron adelantarse. Inmediatamente Ema toma de la mano de su abuelito y comienza a hablar; no lo que ella diría sino lo que el señor Alfred le quería decir a ambas, pero lo hacía a través de Ema. – Elizabeth, mi querida hija. No te asustes. Agradezco esta oportunidad en donde una vez más somos testigos de presenciar grandes milagros, dones o poderes en la pequeña Ema. Muchos más vendrán con el pasar de los años. Deseo decirte con todo mi corazón de que las amo, las amo y que quiero recordarte de que este no es el fin, sino el inicio de grandes eternidades. Estoy tan agradecido de todo lo que han hecho por mí, Sharlot estaría muy orgullosa de su hijita Elizabeth Jones. Quiero que puedas seguir brindando tu brillo, nunca, nunca te apagues querida hija, tu puedes con cada una de las cosas pasen por tu camino, al igual que la pequeña Ema podrá hacerlo. Le esperara un gran futuro, el cual explorara; vivirá el amargo dolor para conocer los dulces momentos que creara en su vida, y te aseguro que será una maravillosa mujer de bien, al igual que su madre. Creen mundos con su amor, que si llegara su grano de arena a muchas personas. – Ema, eres una niña privilegiada, y te amo. Eres sin duda la niña que ocupo el gran anhelo que teníamos Sharlot y yo por criar a una pequeña como tú, el cual tu madre abarco grandemente junto con mi compañera, pero aprendí muchas grandes cosas de ti y seguiremos en contacto. Pero cuídate mi pequeña, no escuches las voces negativas que puedan destrozar nuestra infelicidad, del amargo dolor, podrás florecer para brindar gran felicidad, alegría y gozo; y no tengas miedos, si podrás, podrás perder el miedo y descubrirás mundos en lugares muy pequeños que reconocerás, recuerda quien eres y a dónde quieres llegar. – Las amo, me despido con un Adiós que no será para siempre. La pequeña Ema soltó la mano de su abuelo y este cayo como si fuese a ir al suelo, había dejado esta vida. Elizabeth en medio de lo sorprendida, conmovida, ella no paraba de llorar. Abrazo a su pequeñita en donde consiguió la paz. Elizabeth sin vacilar miro a Ema y le comenzó a preguntar y decir, para que no quedara nada de dudas en ellas o tal vez no comprendía algunas cosas que pasaban en su vida, se armó de valor y conversaron. – Pequeña, ¿Recuerdas una noche en que te faltaban mucho las ganas de respirar? aquél día falleció tu papá, tu sentiste lo que el sentía a pesar de lo lejos que se encontraba de nosotras, el cumplía su labor y ayudaba a muchas personas en la minería, también eso es algo especial. ¿comprendes tu esto? – Si, mamá, si lo comprendo. Pero mamá ¿eso te ha parecido a ti bueno o malo? – No, no lo es mi niña, porqué pudiste ayudar a personas, a comunicar lo que sucedería, pero eso si toda buena acción traerá consecuencias, en tu caso causaría gran dolor en ti físicamente y emocional podría afectarte, pero tú decides como siempre sentirse, a pesar de lo que pase a tu alrededor, mi amor. ¿comprendes tú esto? – Si, es lo que me ha dicho papá y el abuelo Alfred, ellos han estado conmigo. – ¿Papá? ¿Cuándo has hablado con papá, pequeña? – En algunas ocasiones mamá, pero tranquilo; el también siempre me dice que te extraña. ¡Ah! Y que su salsa para pasta la de él, siempre será mucho mejor. Elizabeth, sonreía y lloraba mientras abrazaba a la pequeña Ema. Sin duda ella comprendía lo especial que era, pero Elizabeth no estaba segura si sabía que los demás niños no eran como ella. 
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