Los días, las semanas, los meses y años transcurrieron. Durante todo el trágico acontecimiento vivido en la vida de Ema y Elizabeth durante ya [2] dos años consecutivos; Elizabeth veía que Ema había desarrollado otros dones tras la muerte de su padre, el cuál ella podía sobre avisar con anterioridad el llamado de la muerte en las personas que conocía, y ayudar a conversar a las personas en coma en su lecho de muerte como ayudo al abuelito Alfred, también encontrar las enfermedades, como aquella ocasión cuando solo era una bebita y su cuerpo daba señales de lo ocurrido, eran cosas que nunca había visto Elizabeth y le sorprendían muchísimo, pero debía de mantener la calma delante de su hija Ema. Así que Eliza debía de enseñarle a comprender mucho más todo esto y a controlar sus dones y pensamientos para que pudiera sobrellevar cualquier cosa que pudiera congojar o afligir su vida que, aunque era tan madura, mansa y compresiva a su corta edad, Eliza sabía que crecería mucho más y debía de salir al mundo a explorar, así que debía de enseñarle lo más pronto posible.
– ¿Ema, mi niña si comprendes tú qué eres una niña especial?
– ¿Sí, madre me los has comentado?
– ¿Pero si sabes en qué sentido lo eres, mi amor?
– No del todo mamá. ¿Por qué tengo que sentir los dolores de otras personas?
– Exactamente allí quiero llegar. Mi niña, tienes cualidades que otros niños de tu edad y ninguna persona adulta tienen. Cómo por ejemplo aquellos dolores y moretones en tu piel, a pesar de que te duelan mucho cuando estabas con tu abuelo Alfred, eran señales de su enfermedad la cual no había sido diagnosticada. Tu abuelito se mantuvo callando sus congojas hasta fue muy tarde, pero tú lo sentías por él, así que no podía ocultarlo más.
– Pero, ¿esto ha sido bueno o malo, mamá?
– Podría decirse que ambas cosas, Ema. ¿Recuerdas que tu abuelito nos dijo que para conocer los bellos momentos que nos regalaría la vida, pasaríamos por momentos tristes y amargos?
– Sí, lo recuerdo.
– ¿Recuerdas también que una noche en que te faltaban mucho las ganas de respirar? aquél día falleció tu papá, tu sentiste lo que el sentía a pesar de lo lejos que se encontraba de nosotras, el cumplía su labor y ayudaba a muchas personas en la minería, también eso es algo especial. Puedes saber con algunos momentos de antelación lo que sienten otras personas, es como un súper poder, algunas personas poseen el don de la simpatía, pero no tan amplia ni tan profunda como tú, tu literalmente puedes estar en los zapatos de otras personas y sentir como se sienten hasta ayudarles.
– ¿Quieres decir que debo de salir para ayudar a otras personas?
– Si así tú lo deseas. Pero tarde o temprano tendrás que tomar tus propias decisiones y llevar tu vida, yo envejeceré y no sé cuándo me toque partir como tu papa o tu abuelito, pero quiero que aprendas a estar bien. Por eso te enseñamos el bien y el mal, ya con el tiempo tú también sabrás por intuición que es el bien y el mal que yo no te haya podido enseñar. Porque la vida siempre te dará lecciones una y otra vez, hasta que tu aprendas a luchar; así que nada ni nadie te quite tu más valioso, don el de amar, servir y enseñar. Tomar decisiones en tu caso podría causarte gran dolor físico y emocionalmente podría afectarte, pero lo sobrellevaras, eso lo sé. Te amo.
Una vez que Elizabeth termino de decirle todas estas cosas a Ema, la abrazo y la beso en su cabecita, sin duda estaba tan agradecida de tenerla en su vida, y deseaba enseñarle lo mejor a su pequeña; porque sabía que ella tendría grandes propósitos en la vida.
Pasaron los años y la rutina de Elizabeth y Ema continuaba siendo la misma desde el inicio cuando se mudaron a casa del señor Alfred. Ema recibía sus clases en casa, Elizabeth junto con la señora Potts atendían el local y así hasta transcurrir [2] dos años más. Se acercaba el cumpleaños Nº#8 ocho de Ema, su mamá ya se encontraba un tanto preocupada porque su hija no interactuaba con niños, a pesar de que ella sabía que conllevaría todo aquello, así que le planteo la idea de asistir a una escuela con niños de su edad, maestros profesionales, pero la pequeña no se sentía segura, tenía miedo y su madre no quería presionarla tampoco. Ema, al ver que su mamá se iba a la tienda, ella se encargaba de estudiar muy bien cuando ella no se encontraba, leía muchos libros, realizaba prácticas en literatura, poesía y en libros de idiomas. Ema crecía no solo en edad, ni estatura sino en un amplio conocimiento en todo lo que investigaba en los libros que tenía la gran biblioteca del señor Alfred. Algo que la pequeña le encanta leer eran los libros de poesía, de grandes historias, amaba tanto que su mamá le narrara cuentos desde que era una bebé, aunque ella ahora lo hacía a su mamá por las noches cerca de la chimenea.
Su madre en medio de la preocupación por dejarla intervalos de tiempo sola, se le ocurrió una brillante idea para obsequiarle a Ema para el día de su cumpleaños, así que Elizabeth salió una mañana cuando iba atender el local recorrió las calles de gales en búsqueda de una tienda de mascotas y buscaba algún amigo que podría adoptar, hasta que un pequeñito le dio la señal perfecta de que era él. Se trataba de un peludo amigo de largas orejas y manchas en su cuerpo. Lo vio y sonrió mientras se dirigía a él.
– ¡Adorable!
– Disculpe señor, ¿Qué r**a es este pequeño?
– Es un Beagle, sin duda son fieles amigos, protectores y muy cariñosos. ¿Desea adoptarlo? Su madre murió cuando tuvo a sus bebés, sus hermanitos fueron adoptados y solo queda este pequeño.
– Sí, sin duda este pequeño tendrá un hogar.
– ¿Verdad que sí, pequeñín?
Elizabeth salió muy emocionada con la pequeña mascota conversaba con el señor que da tienda hasta que salieron el pequeño Beagle y ella hasta su nuevo hogar. Al llegar a casa tuvo que acomodar una pequeña cama en el local aquella noche para sorprender a Ema, por la mañana en su cumpleaños Nº #8 ocho. Esa noche después de cerciorarse de que Ema se quedara profundamente dormida. Comenzó a preparar un rico y hermoso pastel, mientras verificaba que el pequeño Beagle estuviera bien.
A la mañana siguiente, Elizabeth va con un pequeño cupcake a la cama de Ema junto con su desayuno y unas velitas encendidas cantando su cumpleaños. Ema se despierta con mucha felicidad y luego de apagar las velas y se arreglarse ve una hermosa sorpresa afuera de su habitación, globos, su pastel y una caja espaciosa con un moño gigante, al hallar el moño salto el pequeño Beagle a los brazos de Ema y comenzó a lamerle la cara. Ema estaba tan contenta, pero inmediatamente recordó todo lo que pasaba hace varios años atrás y le pregunto a su madre.
– ¿Mamá, él pequeño perrito se sentirá mal? ¿Morirá al igual que papá y mi abuelo? ¿sentiré sus dolores?
– Ema, claro que el sentirá y supongo que tú lo harás también, porque serán grandes amigos, el crecerá al igual que tú y yo y envejecerá y morirá. Peor no pienses mal, es parte de la vida ¿está bien?
– Ok.
– ¿Qué nombre le pondrás?
– Mmm… aun no lo he pensado, pero lo haré. ¿Puedo ponérselo más tarde?
– Sí, claro que sí.
– Solo recuerda que debes de protegerlo y él lo hará contigo.
– Gracias mamá. Te amo.
– Y yo a ti, tesoro.
Ema continuo muy feliz abrazando y correteando por toda la sala con el pequeño perrito.