Con en pasar de los años, Ema crecía en belleza además de conocimiento, su gran biblioteca de casa se había agotado, así que le tocaba leer libros repetidos, le pedía a su madre que le consiguiera algunos, pero su madre casi no tenía tiempo de hacerlo debido a la demanda de trabajo que tenía con el local y sus enseñanzas, deseaba dárselas, pero también estaba interesada en que Ema saliera de casa para explorar con mucho cuidado como le había estado enseñando, sin comentar sus dones, pero si podía ayudar a alguien lo hiciera con mucha prudencia al respecto, y soportar un poco cualquier dolencia. Algunas personas como la señora Potts quien, si veía a Ema y le conocía, escucho en varias oportunidades cuando Ema se acercaba al local para decirle a su madre que se había quedado sin libros para leer, Elizabeth cuando veía alguna de sus amigas colegas le pedía alguno de medicina, y clientes que conocían por comentarios que su hija le encantaba leer así que le obsequiaban libros porque les gustaba el gran trato que recibía en la tienda, así mantenía a Ema un poco más controlada en su sed por aprender y saber más; sobretodo explorar el mundo a través de los libros, conocer no solo lugares sino conocer a las personas reales, su anatomía y psicología o personajes ficticios o mitológicos, Ema leía de todo para conocer y no salir de su casa por temor a ser descubierta por sus dones.
– Elizabeth, ¿crees que podría ayudarte con Ema obsequiándote libros de mi biblioteca? Ya mis hijos crecieron y se mudaron de casa y mi esposo ya se los conoce todos, así que no importaría regalarte o prestarte algunos, ¿Qué dices?
– Ay, señora Potts, ¿Qué haría sin usted? ¡Que adorable es! Pero, ¿segura que no hay inconvenientes? No quisiera ocasionar algún problema o incomodidad.
– No, claro que no. Con gusto mañana le puedo buscar algunos con ayuda de mi querido señor Potts traerlos.
– Muchas gracias señora Potts, usted es un ángel caído del cielo.
Elizabeth termina sonriéndole a la señora Potts luego de haber conversado con ella, y mientras juntas lograban crear postres, panes, y platillos para la tienda al día siguiente. Ema había alcanzado una edad para tomar sus propias decisiones, pero seguía bajo la tutela de su madre, ella le invitaba siempre que podía a explorar sitios, conocer nuevas personas con las cuales relacionarse, Ema ya había dominado poco más los dones.
A la mañana siguiente la señora Potts llega con su esposo y muchos libros, literalmente eran muchos que cargaban entre los dos, Elizabeth muy apenada sale corriendo a ayudarles a recibir los libros de la señora Potts, y allí conoce un poco más al señor Potts que casi no sale de su casa.
– Oh, qué pena, muchísimas gracias, no saben cuánto les agradezco el hecho de que hicieran esto por Ema. ¡Mucho gusto señor Potts, que pena conocernos de esta manera!
– No se preocupe señora Elizabeth, me dio motivos para acompañar a mi esposa hoy, más bien gracias por darle empleo y por enviar esos ricos postres a casa, y también las lasañas, estofados y esos panes en forma muy peculiar, ¿Cómo se le dicen, mi amor?
– ¡Croisssant, tesoro!
– ¡Eso mismo, Croisaant! Son increíbles, los amo mucho, desde que el señor Alfred los comenzó hacer.
– Y aun así Elizabeth, ha pasado tanto tiempo el señor Potts no se aprende el nombre de su pan favorito. Jaja
– Es increíble como el señor Alfred te dejo sus manos para hacerlos tal cual. ¡En serio felicidades! Gracias por mantener vivo su memoria en nuestros paladares, has continuado un legado maravilloso que el señor Alfred y Sharlot querían que continuara.
– Jaja, bueno señora Potts, no todos somos perfectos, ¿cierto señor Potts?
– Por nada señor Potts, más bien agradezco mucho por decir todas esas palabras, la verdad es que extraño mucho al señor Alfred, pero ya está con Sharlot. Ella también mantuvo este lugar alegre y repleto de personas con mucho amor.
– Así es Elizabeth, por cierto… Sé que ha pasado mucho tiempo ya, pero lamento mucho la perdida de tu esposo.
– No se preocupe, si ha pasado mucho tiempo, gracias por recordarlo.
– Bueno querido señor Potts, Elizabeth y yo ya debemos de ir a trabajar.
– Cierto, querida. Muchos éxitos hoy a ambas. Nos vemos más tarde, mi amor.
– ¡Hasta más tarde, tesoro!
La señora Potts y el señor Potts se despidieron con un beso, mientras Elizabeth cargaba algunos libros de él, y todos los que tenía la señora Potts para que no alzara tanto peso, ya que era una señora de avanzada edad, pero aun tenia ánimos de atender el local con Elizabeth.
Elizabeth dejo algunos libros en el local porque no podía con todos, y se dirigió a su casa a llevarlos a una mesa que había en la sala de estar, para cuando se despertara Ema, que faltaba muy poco consiguiera esa sorpresa tan inesperada., (pero Ema se levantó de su cama antes de tiempo y consiguió a su mamá con las manos en las hojas) Muy emocionada Ema, abraza a su madre, pues creía que había ido a la biblioteca gales más cercana a conseguirlos, sabiendo todo lo que hacía su mama por ella, pero Elizabeth le explico.
– Ema, esto es solo una parte, el resto está en el local, solo que no podía con ello.
– Yo te ayudo, solo déjame buscar mi bata, ¿está bien?
– Sí, está bien.
Fueron a buscar la otra parte en el local y de camino a ella, le comento que fue la señora Potts y el señor Potts quienes había ayudado con los libros, que algunos eran obsequios y otros si debía devolverlos al culminar su lectura.
– Seguro que si mamá. ¿Dónde está la señora Potts? Deseo abrazarla.
Ema salió corriendo y abrazo a la señora Potts con todas sus fuerzas y le agradeció por los libros, pero inmediatamente pudo ver en sus pensamientos, como especie de visión donde la señora Potts sufriría un accidente de tránsito al venir a la tienda una mañana. Ema miro a su madre con asombro y cambia un poco de color, pero rápidamente ella se despide de la señora Potts de manera muy rápida y se va corriendo, la señora Potts no se dio cuenta del estado de Ema, pero su madre sí.
– Señora Potts sin duda Ema esta tan emocionada que se fue directo a leer, y olvido llevarse este otro lote de libros, así que iré a llevárselos y vuelvo ayudarla.
La señora Potts se mantuvo muy contenta y continúo horneando. Mientras que Eliza tomo el otro lote de libros que había dejado en la tienda y fue a su casa rápido y consiguió a Ema muy angustiada, pálida y corrió hasta donde su madre al verla entrar por la puerta.
– Mamá, mamá la señora Potts morirá.
– ¿Por qué dices eso Ema? ¿Qué viste? ¿Lo viste como tu abuelito Alfred acaso?
– No mamá, la vi una mañana cruzando la calle para llegar aquí y un Routemaster y otro auto pequeño tuvieron problemas y la señora Potts no se dio cuenta a tiempo y la arrollaban y ella murió con el impacto, madre.
– Hija, pero no ha ocurrido, pero me encargare de hacer que no pase ¿está bien?
– ¿Y cómo harás eso?
– Bueno, le diré a la señora Potts que necesitare que descanse algunos días, no sé y le diré que tenga cuidado al salir de su casa.
– ¿Por qué no le dices lo que vi, mamá?
– Porque ella no sabe que tú eres especial y podrá pasar la información, y… es arriesgado contarlo Ema. ¿Si lo entiendes, hija?
– Sí, te entiendo ahora madre. Bueno, mamá algo nuevo que anexar, predecir el futuro, ¿tal vez? ¿Qué dices?
– Predice esto Ema, debes empezar a explorar, por lo menos sal a la biblioteca la próxima vez, sino sabras que nos descubrirán que algo ocultamos o piensa que tal vez yo soy una bruja malvada que te tiene aquí encerrada muajaja.
– JAJA; claro que no mamá.
– Bueno uno nunca sabe que puedan las personas contar. Pero esta bruja malvada se va a trabajar. Muajaja.
– OK. Mamá.
– ¿Te sientes mejor ahora? ¿estás bien?
– Sí, si lo estoy. Gracias mamá. Te amo
– Sabes que haría lo que fuera por ti, y yo también te amo. Muajaja
– ¡Mamá! Jaja
Elizabeth se fue a la tienda y le agradeció una vez más a la señora Potts, la veía una y otra vez recordando la visión de Ema, pensando también cuando decirle y que decirle para convencerla de que no saliera por algunos días, tal vez. Se acerca la hora de salida y le dice a la señora Potts que quiere decirle algo.
– Señora Potts, ¿será que puede tomarse unos días para que descanse?
– Porque Elizabeth, me siento viva trabajando aquí.
– Entiendo. Señora Potts, que las calles están muy inseguras y pues me preocupa que como hay tantas personas alebrestadas, amanecidas por la noche anterior y uno no sabe, me preocupa mucho que al venir acá ocurra algún accidente.
– Bueno, eso sí tiene razón, estos años el mundo ha cambiado y los jóvenes están muy alebrestados. Que le parece si le digo a mi esposo que me acompañe para que sientas más tranquila querida. ¿te parece?
– Mucho mejor señora Potts, no quiero le pase nada malo y pueda estar bien. Así que gracias por considerarlo.
– A ti querida, por preocuparte.
Elizabeth y la señora Potts se despidieron y la señora Potts le hizo mucho caso a las palabras de Elizabeth, en el camino consiguió algunos clientes así que pudieron acompañarla de regreso a su casa sana y salva.
Pasaron [4] cuatro años desde aquella Precognición de Ema, sobre la señora Potts. Al comentarle Ema a su madre, y su madre apoyándole para ayudarla a ella es su proceso y juntas pudieron ayudarle en aquella oportunidad a salvar una vida. Ema, tenía mucho temor para salir de casa, pero después de varios años por fin llego el día en que deseo ir a la biblioteca sola, su mamá si sentía un poco de angustia, pero debía controlar sus nervios y ver a su hija como daba nuevos comienzos a su vida a pesar de cuanto temor tuviera ella por dentro, Ema se armó de valor y venció sus miedos al ir a la biblioteca en búsqueda de libros, aquella ocasión.
Al recorrer las calles de Gales por primera vez, era una experiencia nueva para ella, sentir el clima por todo su cuerpo recorrer de manera constante y fluida al caminar, ver de manera personal panoramas, las casas, iglesias, su arquitectura, la naturaleza a su alrededor, los autos en movimientos; Ema había llevado varias libras esterlinas que su mamá le dio para comprar lo que quisiera en el camino o pagar por una tarjeta de autorización especial es la biblioteca, ella veía al caminar niños, al igual que las personas de diferentes edades, sentía alguna de sus necesidades pero se enfocaba hasta en llegar a su destino final, por temor a que algo mala sucediera y ella lo presenciara.
Al llegar a la biblioteca sin ninguna novedad fuera de lo común, conoció a la agradable encargada de allí quien le dio un recorrido al ver una joven tan brillante como ella, hubo un “feeling” entre ambas que pudieron armonizar desde la primera palabra que Ema saco de su boca. Al regresar a casa luego de ese maravilloso recorrido, comentándole a su madre todo lo acontecido, Ema se sintió muy feliz y con mucha más confianza en su vida para tomar decisiones apremiantes mas adelante.