Samantha salió de la sala de conferencias dejando a todos un poco confundidos…
Al entrar a su oficina, se sentó esperando tranquilamente la llegada confundida de su amiga Lidia, que sabía qué ocurriría.
Suspiró porque, a pesar de haber renunciado al puesto, el cual había anhelado alguna vez y por el cual había trabajado arduamente, se sintió bien; era como si su cuerpo y alma estuvieran recibiendo lo que le pedía a gritos.
Sonrió cuando vio entrar a Lidia con el rostro que había imaginado.
—¡¿Te volviste loca?!
Samantha comenzó a reír.
—¡Sam! ¡Estoy hablando en serio!
—Pero.
Lidia se acercó a Samantha y al sujetar su mano la levantó de la silla dirigiéndola hacia un pequeño sofá que había en la oficina.
—¿Qué sucede? ¿Está todo bien?
Preguntó preocupada Lidia.
Samantha asintió con una ligera sonrisa.
—Entonces, ¿por qué tomaste esa decisión?
—Estoy tratando de llevar mi vida hacia otro camino; quiero descubrir que quiero.
—Pero se supone que tenías lo que querías.
—¿Recuerdas la enfermedad de mi mamá?
—Sí, claro que la recuerdo.
—Ella se arrepentía de no haber vivido lo suficiente para disfrutar cada una de las cosas que este mundo nos da, y no quiero también marcharme con ese sentimiento… Me realicé unos estudios para saber si yo puedo tener la misma enfermedad. Hace unas semanas no recordaba dónde había dejado mis llaves.
—¡Amiga!, eso lo olvidamos casi todos, no debes preocuparte por eso; las personas olvidamos cosas todo el tiempo.
—Cuando hay un antecedente de Alzheimer es distinto; yo asistí con el médico que fue de mi madre y me dijo que era poco probable que yo tuviera la enfermedad.
—Entonces amiga, ¿de qué te preocupas?
—Hay una poca probabilidad; mi madre tuvo Alzheimer precoz y quizás pueda tenerla.
—Pero quizás no, estás apresurando las cosas.
—Independientemente del resultado, el deseo de vivir se despertó en mí y me cuestioné muchas cosas. Quiero disfrutar de la vida fuera de una oficina. Por esa razón renuncié.
—Amiga… ¿Y cuándo sabrás los resultados?
—No los llevaré ahora, será cuando lo crea necesario; esa vida que quiero descubrir, no la quiero vivir, condena a una enfermedad.
—Entonces, tu boda…
Samantha sonrió melancólicamente.
—Aún no resuelvo eso, pero sé que será algo que termine bien; confió en eso. He conocido a un hombre que más que nada ha sido mi mejor amigo durante tantos años y sé que entenderá cada una de las palabras que tengo para él.
—¿Quiere decir que ya no nos veremos más?
Preguntó triste Lidia.
—Quizás no o quizás sí, aún no puedo saber, pero siempre estaremos comunicadas. Eres y serás siempre mi mejor amiga.
Lidia abrazó fuertemente a Samantha.
—No quiero que te vayas, pero si es lo que tu corazón quiere y desea, lo respeto.
—Yo también te quiero y sabes que mucho.
Samantha se levantó del sofá y recogió algunas de sus cosas del escritorio mientras Lidia la miraba triste y en silencio.
Cuando terminó de recoger todo, tomó su bolso y se acercó nuevamente a Lidia, que se levantó para abrazarla por última vez.
—Te deseo mucha suerte.
Pronunció Lidia mientras tomaba las manos de Samantha y sonriendo melancólicamente.
—Lo mismo digo, señora "presidente".
Los dos sonrieron finalmente.
Samantha estaba sentada en su auto sin saber cómo dar su siguiente paso, que lo tenía más que claro. Su celular comenzó a timbrar y, al ver el nombre de quien llamaba, mordió su labio.
—¿Bueno?
—Hola, ¿cómo va tu día?
-Bien, gracias.
Contestó un poco desanimada.
—¿Todo bien?
—Sí, Kevin. ¿Podemos vernos esta noche en mi departamento?
—Claro que sí, amor, allá te veo…
Samantha se encontraba sentada en su sofá mirando el reloj n***o que colgaba de su pared. Lo miraba sin apartar su vista de este, hasta que el sonido del timbre la hizo regresar en sí.
Al abrir la puerta, Kevin gentilmente sonrió, se acercó a su rostro y besó su mejilla tiernamente.
—Dime, amor, ¿quieres que vayamos a ce…?
— ¿Me amas?
—¿Por qué preguntas eso? Nos vamos a casar; no me casaría con alguien a quien no ame.
—Eso no responde la pregunta.
—Claro que la responde. Hemos estado juntos varios años y hemos sido amigos.
—Exactamente, en algún punto cambio nuestra relación; creo que siempre hemos sido amigos, pero nos involucramos más allá de esa amistad pensando que era amor.
—Es amor.
—¿Estás seguro?
Cuestionó Samantha. Kevin terminó de entrar al departamento y se sentó en el sofá donde minutos antes estaba Samantha.
—¿Ya no estás segura de lo nuestro?
Samantha se sentó junto a él y tomó sus manos; besó su cuello delicadamente.
—¿Sientes lo que se supone debemos de sentir?
—¿Un cosquilleo?
Samantha negó con su cabeza.
— Una conexión.
Él agachó la cabeza y se quedó en silencio.
—Quiero que esto los dos lo decidamos, porque somos amigos y fuimos cómplices mucho tiempo. Que esto termine no quiere decir que no sea doloroso, pero creo que es lo mejor para ti y para mí.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué ahora?
Samantha se sumergió en duda si decirle el verdadero motivo del porqué su decisión y finalmente decidió no hacerlo.
—Simplemente, quiero vivir, quiero saber qué me motiva a seguir día a día con mi vida.
Kevin la vio a los ojos buscando consuelo.
—Yo aún no sé qué voy a hacer de mi vida, pero necesito tomar este paso y…
—¿Por esa razón quieres terminar con todo? ¿Solo por no saber qué en verdad deseas? ¿No soy suficiente para ti?
Samantha mordió su labio mientras lo miraba. Su corazón se estrujó al notar que los ojos de él se pusieron cristalinos y pudo entender que estaba sufriendo.
—Tú tienes un buen puesto, has avanzado en la empresa donde has trabajado por mucho, estás en un punto en el que quieres estar y lo que yo deseo está fuera de ese mundo.
Soltó Samantha.
Kevin era vicepresidente de una de las empresas más grandes de sistemas de seguridad; dicha empresa trabajaba para el banco más grande del país. Él había luchado por ese puesto y se encontraba en el mejor momento de su vida.
Kevin se levantó del sofá y miró a Samantha. Estuvo unos cuantos segundos en silencio.
—Está bien. ¡Terminamos!
Kevin desvió su mirada de Samantha y se dirigió a la puerta del departamento; inmediatamente, Samantha se levantó del sofá y lo siguió.
—Pero no quiero que terminemos así… yo.
—Esto no puede terminar de la mejor manera... Lo siento.
Antes de que Samantha pudiera soltar alguna palabra, Kevin salió del departamento sin decir nada más.
Samantha tomó aire para detener sus lágrimas, recargó su cabeza sobre la puerta de madera y dirigió su mano hacia su corazón.