CAPÍTULO 4 : Despedida.

1283 Palabras
Habían pasado un par de días y Samantha miraba con cansancio las cajas a su alrededor. Suspiró al terminar de cerrar la última caja. A su mente inevitablemente llegó Kevin, del cual no había sabido nada desde aquel día que se fue molesto y con el corazón destrozado y eso le hacía sentirse terriblemente mal. El sonido del timbre la hizo regresar en sí, creyendo que quizás era Kevin que llegaba a hablar con ella después de recibir el último mensaje que le había enviado diciéndole que se iría de la ciudad, que solo se había quedado para arreglar todo lo referente con la entrega del puesto y, ya que todo está solucionado, finalmente se iría. Al abrir la puerta, sonrió al ver a Lidia con dos copas y una botella de vino. —¡¡Llegó la fiesta!! Samantha solo negó con su cabeza mientras continuaba riendo. —En verdad no quiero que te vayas… Eres mi mejor amiga. —Lo sé, pero ya es una decisión tomada… Tú también eres mi mejor amiga, te quiero. Lidia suspiró mientras daba un sorbo a su vino. —Por cierto, ¿ya se comunicó contigo Kevin? Samantha solo negó con su cabeza, observó un poco melancólica su vino y finalmente bebió todo lo que se encontraba en su copa. —Creo que no lo veré más, ya le escribí diciéndole que me iría, pero no tuve respuesta. Una parte de mí sabe que no respondería, ya que no lo tomó muy bien y realmente lo entiendo, pero otra parte duele por qué no quería que todo esto terminara así, no con la historia que hay detrás de nosotros. —Lo siento. Si tú quieres puedo hablar con él y decirle… —¡No!, te pido ese favor, no vayas a mencionar que me hice los exámenes, solo tú lo sabes… ¿Puedo contar contigo? —Está bien, aunque él debería saberlo, pero respeto tu decisión. Respondió poco convencida Lidia. —Bueno, te ayudaré a terminar de empacar… Aunque veo que ya has terminado, así que te ayudará por lo menos a mover estas cajas. —Gracias. Respondió un poco cabizbaja Samantha. —¿Solo te llevarás estas cajas? —Sí, lo demás lo vendí al nuevo dueño, ya que no me sirve para viajar y lo que es de kevin se lo hize llegar por paquteria hace unos dias. Solo lo más importante es lo que me llevo. Lidia levantó los hombros. —De acuerdo. El sonido del timbre hizo sobresaltar a las dos mujeres. —Debe ser el nuevo dueño del departamento; quede en entregarle la llave hoy. Al abrir la puerta sus ojos se encontraron con los de Kevin; Samantha se alegró de verlo y por un momento deseó abrazarlo, pero simplemente se quedó inmóvil, viéndolo sin mover ni un solo músculo. —¿Podemos hablar? —¡Claro que sí! La emoción de Samantha fue evidente en su voz. Lidia se acercó a ambos. –Bueno, amiga, los dejaré solos. Que tengas un buen viaje y no te me pierdas, estamos en contacto… Te quiero. Lidia abrazó fuertemente a Samantha. —Yo también te quiero. Respondió Samantha con un sentimiento de nostalgia. Cuando Lidia dejó solos a Samantha y Kevin, un par de segundos hubo silencio. —Entonces sí te irás. Ella asintió. —¿A dónde? —Aún no lo sé, solo pensaba tomar el auto y manejar sin un destino. —Suena bien. Otro silencio incómodo se apoderó del lugar donde alguna vez compartieron muchos momentos. —Oye… —Entiendo, solo vine a despedirme y desearte suerte, el tema de lo nuestro creo que quedó claro esa noche… Yo te amo. Te amo como no tienes una idea, eres la mujer con la que quiero… Es decir, quería vivir por siempre, pero igual entiendo tus sentimientos… Yo no soy el hombre que amas y está bien… Gracias por todos los bellos momentos que pasamos juntos. Al escuchar esto último, Samantha sintió un dolor en su corazón, pero simplemente permaneció en silencio escuchando las últimas palabras de Kevin. —Si alguna vez necesitas algo, puedes contactarme sin ningún problema. —Gracias Ella no sabía qué más decir, aunque había pensado cuidadosamente qué decir. En ese momento no salieron más palabras y eso le hacía sentirse frustrada. Kevin sacó de su traje una tarjeta, ella sonriente al ver en la portada que era nieve, algo que ella amaba mucho; amaba las épocas decembrinas. —Que tengas un buen viaje. Ella ascendió aún con la tarjeta en su mano; mordió su labio al ver cómo él giraba y caminaba hacia la puerta. Samantha lo tomó de la mano y él regresó su vista hacia ella. —¿Qué pasa? —Preguntó Kevin. —Perdóname. Soltó Samantha con la voz algo entrecortada. —No tengo nada que perdonarte. Nunca te disculpes por hacer algo que tú deseas y que te llena. Kevin presionó ligeramente una de las mejillas de Samantha. Ella sonrió un poco al recordar que era algo que él siempre hacía. Samantha abrazó fuertemente a Kevin, él rodeó la cintura de Samantha fuertemente, Samantha colocó su barbilla sobre el hombro de Kevin y sintió el dulce aroma de su loción e inevitablemente sus lágrimas comenzaron a caer. Kevin notó esto haciendo que se apartara ligeramente de Samantha; limpió tiernamente con sus dos pulgares las lágrimas de sus mejillas y se acercó lentamente hacia ella; Samantha cerró sus ojos y sintió el tierno beso de Kevin sobre su mejilla. —Cuídate mucho, ¿sí? Ella abrió sus ojos y asintó observando una ligera sonrisa de Kevin. Nuevamente, Kevin giró hacia la puerta y Samantha tomó de la parte de abajo del traje de Kevin, haciendo que él detuviera el paso. Kevin esperó pacientemente y en silencio a que ella lo soltara. Aunque su corazón se rompiera con cada segundo de esa espera, ella mordió su labio para tomar valor y dejar ir quien fue su compañero por muchos años. Después de algunos segundos de un silencio doloroso, por fin lo soltó. Él continuó con el paso hasta salir del departamento. Las lágrimas se apoderaron de ella y vio la tarjeta que aún continuaba en sus manos. La abrió ligeramente, pero finalmente no lo hizo; no se sintió preparada para leer lo que él había escrito en ella, así que solo guardó en unos de sus libros. Nuevamente, el sonido del departamento la desconcertó, aunque sabía perfectamente que no podía ser Kevin. Al abrir vio al chico que se mudaría al departamento que llegaba por la llave. Samantha terminó de meter las pocas cajas en su auto, se detuvo al sentir un poco de miedo al enfrentarse a lo desconocido, se recargó sobre su auto y cruzó sus manos para pensar qué camino debería tomar. Al mirar hacia abajo notó a un pequeño cachorro abandonado. Sonriendo al recordar que Kevin era alérgico a los perros, se inclinó un poco para tomar al pequeño cachorro que por la dura vida en la calle lucía algo sucio y delgado. — ¿Qué haces tan solo, pequeñín? ¿Quieres ser mi compañero de viaje? Creo que podríamos hacernos una buena compañía… Bueno, primero necesitas un baño y alimento. Samantha finalmente subió al auto y colocó al pequeño cachorro en el asiento del copiloto; suspiró un poco al encender el auto, miró por última vez el lugar donde vivió muchas cosas y finalmente se puso en marcha el auto, esperando tener nuevas aventuras y sobre todo lograr vivir libremente y todo lo que deseaba. Sabía que un ciclo en su vida había terminado e iniciaba otra, aunque algo incierta, le despertaba mucha curiosidad saber qué pasaría… 1267
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