Llegó a la empresa y Amelia ya me estaba esperando, me mira de arriba abajo. —¿Por qué me miras así como si fuera una cosa rara? —Estás llegando una hora tarde, tú odias la impuntualidad, estás extraña y caminas raro. —Sí, bueno, hice mucho ejercicio a noche y creo que me extralimite. Aunque pensándolo mejor, lo volvería a hacer, ya se me está pasando. —¿Tú haciendo ejercicios de noche? — me mira extraño —eso no es propio de ti, además ¿no te ibas a ver con Ángel?, ooooohhhh — se levanta de la silla emocionada, salta y solo me ve. —¿Estás bien?, parece que estás en shock. —No me quiero emocionar porque la primera vez lo hice y me lleve una decepción, pero… ¿sigues siendo virgen? — me río y quedo en silencio —Sofía, no seas mala, dime — lo niego —no eres virgen, ¡Ah! —Ya baja la voz,

