Cap 19 — Uno por uno.

2138 Palabras
Estaba tan enojada, y lo estuve, durante tantos meses, que pensé que jamás nos volveríamos a ver. Pensé en él de muchas formas y no todas eran buenas, soñé mil veces con él y en los mejores le disparaba, estaba totalmente enojada por su abandono y le echaba la culpa de todas mis desgracias, aunque supiera firmemente que no era el culpable. Pero hay días en los que solo mascas la tragedia, y solo lo sabes, cuando una persona en pie firme frente a ti te pregunta si te enteraste ''lo de Giuliano'', así fue, que me enteré que Giuliano no estaba aquí. Al cruzarme con un ex compañero de la universidad. Le respondí rápidamente que no con la cabeza pero con mis cejas le indiqué que claramente me cuente más al respecto y como si éste último fuera su único destino en el día, lo contó con lujo y detalle. ''Dicen que le dio una sobredosis, él andaba en eso desde que era un niño, cuando comenzó a vivir solo se mareó un poco y luego lo encontraron muertos sus padres un día de visita, llevaba como tres días con su propio vómito encima'' ''¿Me quieres decir que se murió de una sobredosis?'' insté. ''Quiero decirte, que no lo se, es lo que se cuenta, pero tu eras su chica, debes saberlo mejor que nadie'' Y luego se marchó y yo quedé viendo a la nada, ¿Era posible? ¿Era posible de que Gian hubiera cometido su promesa de suicidarse y no contarme? ¿O solamente se fue en una buena noche? Al llegar a casa lo busqué en sus r************* a través de las cuentas que no me tuviera bloqueada o viceversa, y no había posteos, sus últimos posteos eran selfies, estaba delgado y pálido, la piel la tenía fea pero nunca antes me había molestado, y sus amigos daban fe de su partida en los comentarios. No pude hacer nada más que cerrar la computadora y largarme a llorar, y no hice más que eso durante toda esa semana, que mis padres me mantuvieron a rajatabla con los ansiolíticos, y yo tomaba esas pequeñas pastillas con la mano y las veía, y les decía ''esto lo mató'' pero me las tomaba, porque en el fondo, a mi tampoco me importaba terminar igual. La única persona por la que había sufrido tanto tiempo estaba muerta, y lo peor, es que no tuvo tiempo de resarcirse, nunca tuvo un atisbo de ser alguien mejor o más que eso, y no pude evitar pensarme en su lugar, no recuerdo siquiera la posibilidad de que haya sido romántica la idea y sin embargo lo dijimos los unos a los otros, enamorados. Y hoy estoy feliz de estar viva, en la misma medida que estoy triste porque Giu no lo está y es porque no pude ni siquiera verlo una vez más. Pero eso es lo que hacen las drogas, te alejan del mundo, te alejan tanto de la moral, que te alejas de lo que eres. Giuliano hacía mucho tiempo había dejado de ser Giuliano. Aunque el dolor en el pecho no se iba. Sentía que una parte de mi vida había cerrado, pero que me debía a mi comenzar una nueva. Así que fui a presentar mis verdaderas condolencias a su familia, pero, solo me encontré con una casa de los suburbios, con grandes patios y gente que saludaba como desconocidos desde la nada, gritando ''hola'' ''¿buscas algo?'' como si acercarse les hiciera perder un pié. ''Soy amiga de Giuliano'' dije, y la mujer se puso en marcha para abrirme el portón. ''¿Su novia o su amiga?" —preguntó. ''Nunca quiso que seamos novios'' le dije honestamente. ''Debe ser porque él tenía una relación con Deisy'' ''¿Deisy?'' pregunté yo, yo nunca había visto a ninguna Deisy en sus r************* , ni nunca la habían nombrado siquiera. ''Sí, era la hija de un abogado del buffet de su padre, y amigo de la familia, Deisy casi siempre estaba de intercambio quizás por eso no la conoces'' Claro, Daisy siempre estaba de intercambio. Comencé a ver la casa a la que él nunca me había invitado más que para tener relaciones sexuales e irme como si me llevara el viento, y por primera vez, tenía todo el tiempo de descubrir quien era Giuliano y lo que no. ''¿Amigos de dónde eran ustedes?'' inquirió ella. ''De la Universidad, ingresamos juntos'' Ella asintió con la cabeza. ''¿Quieres conocer su cuarto...? Discúlpame, no sé bien tu nombre'' ''Me llamo Melany, sí, bueno, sería la última vez que podría verlo'' En realidad mentía, era la primera pero la única, porque siempre que me traía a su casa me llevaba a tener sexo al cuarto de huéspedes y eso no parecía extraño hasta que vi que no era un cuarto que tuviera pertenencias realmente suyas. Y tampoco me molestó, hasta que tuve la oportunidad de entrar a su cuarto real. A su mundo, a lo que nunca conocí. Y ahí supe el porqué, mientras veía en una vista panorámica el cuarto, la vida de Giuliano estaba formada, él ya tenía a Daisy con quien se lo veía sonriendo en varios lugares del mundo posando a la cámara en unos cuadros, firmas de Daisy en apuntes, y básicamente, el desorden normal que puede dejar un joven en una casa que apenas usa cuando no está usando un departamento con los amigos en los que no hacía más que drogarse. Y en ése departamento, solo allí, cabía yo. Ahí supe. No es que Giuliano no quisiera ser mi novio, es que Giuliano ya era alguien para alguien, Giuliano tenía a Daisy, que a su vez era la pareja ideal para todo muchacho, rubia, lindo semblante, de familia rica igual a la suya, y éstas eran batallas que los ricos no piden permiso ni tampoco advierten. Fui ilusa al creer que yo era un entretenimiento para Giuliano, no lo era para nada, él jamás había sentido ningún atisbo de lo que yo sentía por él. Porque para él, yo era la nada en la que él se convirtió después. Era ese mundo que brillaba pero que conscientemente sabías que estaba lleno de problemas, como el de todos. El divorcio, un hijo problemático, y sin embargo los cuadros eran de viajes a Paris. El cuarto real de Giuliano era como una casa aparte. Resto de tabaco por el suelo, la cama desordenada. Cajetillas de cigarrillos y alguno que otro desorden. Su padre, comentó la idea de limpiar la habitación, después de todo esa habitación representa todas las malas decisiones que había tomado su hijo, y a su vez, su madre quería dejarla más tiempo allí, bien o mal, allí solía dormir su hijo. Era lo único que le quedaba de él. Este había sido mi segundo encuentro con la muerte. El primero, habían sido la sobredosis. Estaba tan ajena de todo que a veces ni siquiera podía creer que él ya no estuviera aquí. Y aunque no lo haya conocido de nada, solo hayamos coincidido, sentí cosas fuertes hacía él y estas cosas hacían que hoy sufriera su ausencia.  Como dije antes, la tragedia se mazca. Inclusive después de haber habido que Giuliano había muerto de sobredosis, seguí drogándome. Era aquella la excusa del momento. Pero en mi mente sucedía algo gracioso, y era que daba por inexistente la parte ''sobredosis'' por la parte de ''muerte''. Entonces en suma, lo único que quedaba era una excusa para seguir sufriendo. Él ya no estaba, no volvería, estaba muerto y entonces yo tenía la excusa para seguir matándome a mí.  El amigo que les comenté del ajedrez, luego se había alejado de mí. No me importó en ese momento porque tenía otros asuntos en la cabeza, pero había dicho algo como; ''Nunca quieres asumir la consecuencias de tus actos y luego vuelves a lo mismo, pero al final, siempre terminas eligiendo el fracaso, y te autoconvences de que él te hace feliz, pero es porque no quieres la oportunidad de cambiar tu mundo''. Por supuesto que la palabra ''fracaso'' resonó en mi cabeza lo suficiente para considerarme como tal. Ya no tenía a quien abrazar y honestamente, todos a quienes les contara sobre el asunto dirían que no era una fracasada porque todos eran incluso peor.  Con el tiempo entendí, que mi amigo, o ex amigo, como quieras llamarlo, duramente esbozaba su preocupación. A él le dolía que yo volviera a los mismos patrones tóxicos, que volviera a excusarme para comenzar las cosas y luego abandonarlas, que no pudiera tener disciplina ni permanencia. Y me había dolido como el carajo, estaba deshecha por lo que había sucedido con Giuliano y en ocasiones me enojaba con él, con Giuliano, por no haberme hecho parte de su plan. Por no haberme invitado esa noche, porque entonces o él no moriría, o al menos moriríamos los dos. Estaba harta de este mundo y de las personas que opinaban a viva voz sobre la mierda que había en mi cerebro.  Y con la lejanía que produce el tiempo, descubrí que Giuliano había concretado con el destino que él mismo había marcado. Y que yo mientras tanto, aún tenía oportunidad, aunque no la viese. Pero luego, tenía este tipo de conversaciones en donde fallar era ser una fracasada, y verdaderamente lo sentía.  Pero todo tiene su límite, y un día, mucho después, muchísimo después, tomé la única decisión cuerda de toda mi vida. Debía volver a retomar los estudios que había abandonado por Giuliano. Debía también, buscar un trabajo y hacer algo con mi vida. Debía estar en esa búsqueda de la que me había salido porque al final, en el fondo, no quería terminar como ellos. Aunque muchas veces comenzaba mis conversaciones diciéndome a mí misma que no me importaba el futuro, cosa que era cien por ciento verdad, de alguna manera debía intentar en salir de aquello que para mi era normal.  Lo pondré de esta manera, las personas suelen pensar que la normalidad es sacarse un título, una línea rígida de comportamiento, de aciertos, donde las fallas y los traspiés son fracasos, donde claudicar era abandono. Todos debíamos tener una rutina, un horario, y ser lo que se nos había asignado a ser. O lo que elegimos alguna vez sin mucho planteo, lo que elegimos ser.  Sin embargo, yo siempre estaba flotando a la deriva, porque todos los días me preguntaba si quería ser esto, o lo otro, o ser aquello, o serlo todo junto. Y decirlo abiertamente, sonaba como, bien, lo que era, una drogadicta. Pero realmente, las cosas en mi cabeza funcionaban así. No quería un trabajo de rutina, no quería estar horas encerrada en un lugar llamado trabajo y que luego termine por llevarse todo lo bueno que había en mí en el quehacer, la pesadez, el cansancio y todo ésto solo era parte de la rutina. Admito ser inmadura, admito que pensaba que estaba en un pedestal inconsciente de superioridad mental y que aunque no lo admitiera, pensaba que nada de esto era para mí. Pero no era eso exactamente. Yo sabía con exactitud lo que me hacía feliz, y sabía también con exactitud lo que me hacía infeliz.  Entonces por eso había renunciado a muchos trabajos que no me llenaban aunque fueran oportunidades, por eso dejaba pasar oportunidades, no porque fuera fracasada, sino porque sabía que no eran para mí. Yo jamás me vi en ninguna de las oportunidades que se me presentaron pero jamás lo había dicho, porque vivía en una sociedad donde decir que tienes la oportunidad de trabajar y renunciar es un privilegio. Entonces nadie buscaría empatizar conmigo, pero las cosas que me hacían feliz no eran tampoco un título universitario aunque nunca pensara en abandonarlo, para mí ello era como la escuela, las personas no deciden abandonar la escuela, pero tampoco son su insignia escolar. Así lo veía yo. Podía estudiar para medicina, para leyes y para psicología, pero ninguna de mis carreras universitarias debía ser quien era yo. Y nunca nadie preguntaba que me sentía yo en la vida, en que posición me sentía. Quizás porque era atípico, porque no les interesaba.  En ocasiones pienso silenciosamente el porqué de que a nadie le interesaba que escribiera libros, a mis amigas mujeres les importaba preguntarme sobre chicos, y a mis amigos hombres sobre lo que era el día a día. Nadie solía preguntarme sobre mis padres, o que conversación había surgido con ellos, nadie preguntaba si las cosas marchaban bien con mis escritos. Y lo sé, sé que estas cosas eran aburridas. Pero era yo. Allí, en ese desliz, estaba yo. No estaba en ninguna jornada laboral, ni estaba deseosa de un número de cuenta bancaria. Estaba en otro andar. 
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