Cap 8 — Ya no más

2280 Palabras
La segunda vez que vi a Giuliano me invitó a su casa, no nos habríamos visto durante meses y creo que en el medio de ese tiempo yo había tenido sexo con otros chicos, pero nada importante. No niego sentirme una imbécil, porque él siempre hacía y deshacía lo que quisiera conmigo y regresaba y sin embargo, yo iba a estar aceptándolo y esperando siempre que llegase. Pensé en aquel momento que era inexplicable que alguien no viera todo lo que yo valía y que elegía ignorarme, o por encima de mí a otras personas, porque también supe que en ese tiempo que Giuliano también vio a otras personas y me hacía sentir peor. Pero eso era un pensamiento egoísta. En ocasiones, solo puedes aceptar ser una miserable parte de la vida de alguien, y no todo. No puedes quedártelo todo, hay personas con las que debes conformarte con migajas, y yo me conformaba con la migaja que él eligiera darme. En ocasiones no eres tú, y no eres culpable. Soy reticente al decir que esto no es una historia de amor ni mucho menos pretendo contarles con mi vida que esperen al indicado, ni que esperen que alguien se digne a dar vuelta la cara para verlos, en realidad eso nunca funciona. No puedes enseñar ni predicar tu valor, no puedes ir por la vida diciéndole al mundo que te aprecie, ni diciéndoles que vales mucho, porque el ser humano no funciona así. Al menos las personas correctas. Lo que nos conectó y nos volvió a encontrar a Giu y a mí no fue la insistencia ni la perseverancia, sino, que ninguno de los dos teníamos a alguien que estuviera esperándonos, y a su vez, estábamos con todo el mundo. Y si esto es difícil de comprender es porque es promiscuo, y eso no tiene nada de bueno o malo, pero con Giuliano no solo éramos promiscuos, sino que también estábamos perdidos y profundamente solos. Cuando nos volvimos a ver, era lo mismo, pero esta vez él solo había llevado ketamina, y yo solo había tomado xanax, y propuso mezclarlo con vodka, le dije que prefería el xanax a lo que él atinó a decir; ''¿Andas con esas cosas por todos lados?'' y le respondí que ''En realidad solo cuando voy a verme en la madrugada con alguien''. Él sonrió y me preguntó si quería hacer algo divertido. Entonces me preguntó si quería beber, y nunca antes había mezclado ambas cosas. Pero él me convenció, no me obligó. Dijo que sería ''divertido'' y yo le creí. Y lo fue. Todo estaba en ráfagas, cada beso era mejor que el anterior, todo parecía suceder en otra galaxia, todo giraba alrededor y no sentía todo lo malo que siempre sentía. Fue realmente divertido. Pero eso es lo engañoso de las drogas, siempre parecen divertidas, y luego, ya no lo son. No recuerdo de las noches más divertidas de mi vida sin drogas, porque ésto sucede cuando eres drogadicta, la memoria es lo primero que se jode. Todo se veía borroso, y nos reíamos de cosas que no entendíamos, y podía sentir que eso era lo más parecido a la felicidad que existía, nos abrazábamos y caíamos al suelo de su casa, porque sus padres viajaron una vez y dejaron la casa sola, y solo tratábamos de no romper nada y subimos las escaleras a su cuarto gateando, riéndonos como si fuéramos adolescentes, y por momentos nos besábamos frenéticamente, en la escalera, y luego volvíamos a reír, y eso era vida, pero todo cambiaba al día siguiente. Nos despertábamos, callados, yo desnuda, y tomaba mi celular para atender las llamadas de mi madre que no podría pegar un ojo en toda la noche hasta que yo no estuviera allí con ella. Y cuando todo terminaba, Giuliano se levantaba y me pedía un taxi, como si lo que había sucedido no había sido en realidad, como si no tuviera ganas de verme después, y pensé que enserio él no querría volver a verme, entonces decidí que tampoco querría verlo más. Pero lo hice. En un momento todo este tipo de situaciones te hacen creer que es normal, que es normal pasar de no sentir dolor, y sentir todo el poder del mundo, a solo sentir silencio, y eso era con lo que te encontrabas al día siguiente cuando me despertaba con Giuliano, o con otros chicos después de tener sexo, el silencio, y el silencio me asusta porque grita la verdad. Cuando todo se desvanece, y todo cae, ya no existe eso que te hace sentir que nadie podía tocarte, por lo contrario, no hay sensación más vacía que la que sientes cuando despiertas desnuda junto a un imbécil que no sabes con seguridad si ha hecho bien las cosas, y que probablemente te ha usado. Intentaba calmar estos sentimientos, porque también intentaba usarlos a ellos, pero el problema es cuando en ese proceso, te mientes a ti misma, y en el fondo, yo estaba queriendo a Giuliano. Recuerdo haber vuelto a mi casa tan asqueada del asunto, sintiéndome tan miserable, rota, pidiéndole más a quien no me lo iba a dar. Pero me estaba mintiendo a mi misma, que en algún momento él me querría de la misma forma en que lo quería a él. Y eso era imposible, porque él estaba roto, y yo también, ambos, debíamos concentrarnos en curarnos. Aunque en el momento no lo veía así, porque de todos modos seguía andando, aunque las cosas sucedieran, aunque mi corazón gritara, solo llegaba a casa sonriendo a media a mis padres, tratando de dar las respuestas más efusivas del mundo, porque te vuelves un experto en mentiras y en engañar, solo quieres alejarte de todos, porque ya no aguantas más, y solo quieres abrazar la cama, y que de ella salgan brazos, y que te abracen de una manera en la que todas las piezas de ti se vuelvan a unir, y así te vas a dormir, intentando no lastimar a nadie, silenciado, exiliado, intentando que dormir te reconstruya, pero nunca lo hace. Para entonces no lo sabía, pero ya estaba totalmente alejada de mis amistades y mis círculos sociales, a ninguna de mis amigas les importaba mucho mis cosas y con el tiempo las invitaciones dejaron de llegar. Habían dicho que mi personalidad había cambiado y que de pronto estaba a la defensiva, lo que generaba que cualquier comentario me pusiera los pelos de punta. Y la realidad es que, mis círculos estaban repletos de idiotas. No es la parte que me arrepiento de haber dejado ir y de haber dejado torcer, aunque no debo admitirlo.  Sabía que mis amigas hablaban entre ellas sobre ''mi problema'' con las pastillas. Y se lo intentaron decir a mis padres, pero no hubo una buena reacción entonces, ya que ellos no sabían que yo tuviera acceso a pastillas que no fuera por ellos directamente, lo que era una mentira, porque Giuliano siempre me daba sus cosas. Pero mis padres no lo sabían, entonces cuando mis amigas pusieron la primera alerta, ellos aparentaban ser los culpables. Además, aún no se había constituido un problema real entonces, no pensábamos que mi medicación pudiera estar trastornandome, y tampoco podíamos dudar de los médicos. Claro la beta de la situación y de la que me aprovechaba en aquel momento era de ello. Mis padres no sabían que yo no tomaba la medicación correctamente, y tampoco sabían que tenía acceso a más pastillas. Entonces, prácticamente no sabían mucho. Es decir, me veían volver con el cerebro rotando en otra posición pero mis padres eran ingenuos y decirles que eso se debía a la ingesta de alcohol era bastante sencillo. En cuanto a mis amistades, decidí dejar de hablarles. No directamente, pero sí reducir el contacto.  Estaba enojada porque pensaran que estaba perdida, estaba enojada con ellas por haber intentado molestarme con mis padres, como si tuvieran el poder, como si me ayudaran y que se entrometieran en mi vida cuando yo las había visto drogarse también era la cúspide de la hipocresía, así que por unos meses, amigas, fuera.  En los meses que mis amigas estaban en pausa indeterminada, estuve sola. Nuevamente, Giuliano aparecía y desaparecía con frecuencia que tienen los drogadictos de permanencia en todas las cosas de la vida, y por supuesto, aunque no lo admitiera, todo ese tiempo de espera era tiempo muerto, en el que pasaba horas y días viendo al techo, que solo suscitaba ciertas  y leves ideas con mis padres, algunas personas nuevas que me hablaran y algún que otro imbécil de turno que quisiera tener sexo conmigo.  La universidad se me estaba complicando cada vez más, pero no podía abandonarla del todo porque entonces daría por sentado que lo que  se estaba diciendo respecto a mí era cierto y yo no podía darme ese lujo con la confianza de mi familia. Así que mantuve la universidad en automático, pero estaba desaprobando las cosas. Tenía un compañero que me molestaba enormemente que terminara todos los trabajos en nombre de todos, porque sus trabajos eran a mi considerar estúpidos y cortos, no me representaban, pero sabía también que él los haría todos sin replicar, entonces lo dejaba ser. Luego, fue una de las razones por las que dejé la universidad. Es decir, tiempo después, intenté tomar decisiones en cuanto a los grupos universitarios porque era delegada, pero yo estaba totalmente aparte de todos los asuntos de allí, entonces sucedían cosas en las que tampoco era invitada, algunos se hacían amigos de otros y yo solo era la persona que estaba al mando pero no lo ejercía, porque no lo importaba, porque no iba a clases y las veces que había hecho trabajos eran excelentes, pero no había hecho todo el resto, así que era normal atinar a pensar que los trabajos de excelencia eran de quien realmente parecía que estuviera todo el tiempo activamente en la universidad. Y esa persona no era yo.  Así que, también abandoné mi posición de delegada en la universidad y estas cosas comenzaron a no importarme, aunque creo que en realidad lo hacía, pero mi cerebro no podía perder el tiempo en personas que no me importaban, estaba tan concentrada en Giu, en mis propios asuntos, que los imbéciles de la universidad seguirían siendo un problema menor. Sabía que podía retomar la universidad de la manera en la que la dejara, y sabía que también era inteligente, que tenía algo que no se podía comprar, y era que jamás pasaría desapercibido. Todos mis trabajos estarían dotados de una autenticidad que lo resaltaría del resto y que me pondría por encima de los demás, pero todo esto pasaba normalmente cuando estaba con la mente en ello. Lo cual no sucedía. Es un poco difícil de explicar, las personas creen que en ocasiones las cosas te importan mucho o no te importan, y aunque mi vida entera se basaba en polos opuestos y vivir las extremidades, la universidad no era un tema complicado. Es decir, no quiero menospreciar los estudios, a algunas personas les cuesta, pero a mi no me costaba en enormes cantidades, lo preveía como algo normal, lo establecía como una obligación racional para ser parte del sistema, era asequible que luego no pronunciara sueños al respecto.  Un amigo que tuve en esos días y con el que en el presente ya no tengo contacto, dijo que jamás hablaba con fervor de mis carreras universitarias. Lo sabía perfectamente. Jamás le comentaba al mundo con anhelo lo gran abogada que sabía que sería alguna vez, porque para mí, realmente no tenía que contarlo, solo sucedería alguna vez. Y lo irónico de todo esto, es que no soy nada de lo que esperaba ser. No sé si estará bien, pero tampoco me siento culpable por no ser lo que se esperaba de mí, no es mi problema. Yo solo puedo ser lo que se me presenta y ser alguna vez lo que deseé, no construiré ningún camino tal vez, porque me quedo lo suficiente en casa por si el azar me atrapa. Pero pecaría con la mentira si les dijera que siento que el mundo funciona con realmente merecer. Creo firmemente que la vida es en ocasiones cruel y otras veces tenue, que algunos momentos tienen montañas rocallosas y otras situaciones fluyen como el mismo mar. No elegimos puntualmente lo que nos sucede. Y algunas personas en las que me incluyo de manera general son aquellas que pensaron desde niños lo que serían alguna vez, y que no importa cuanto tiempo pase o lleve tiempo concretar esas ideas, jamás dejarán de ser lo que ya establecieron que lo serían. Y la otra parte en la que no estoy muy de acuerdo pero que muchas personas sí, es en la segunda parte de la vida, la del obrar, la de construir. La de ir escalón por escalón y realizarse a largo plazo pero todos los días trabajar para el racional constructivismo. Yo quería saltearme esa parte, la del constructivismo. Yo quería llegar a la cima sin escalar, y aunque reconozco lo ingenuo de este pensamiento, sé que no puedes planear tu vida exactamente y que al final las cosas se vierten en decisiones, lo que te lleva a ser lo que tengas la oportunidad y lo que te predispones mentalmente, y aunque yo no tuviera ningún ápice de iniciativa, pensaba que no debía ser de aquellas personas que construyen. Mi sola existencia era una deidad aparte, yo construía mi necesidad de acuerdo a lo que me sucedía en el momento, por lo que, al final, siempre sería mis decisiones. Aunque entre nosotros, mis decisiones siempre son una porquería.
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