Recuerdo mi primer ataque de ansiedad. Sentí que todo mi cuerpo había sido envuelto por papel celofán y luego recuerdo la angustia muy fuerte en el pecho, un dolor que ni siquiera sabía que era. Pero supe, supe que no lo quería volver a sentir nunca más. En ocasiones pienso que soy poderosa, que nada puede contra mi y otras veces, soy pequeña ante el mundo, soy débil y solo quiero que profundamente alguien me ayude.
Una vez le escribí una carta a un ex que decía algo como que ''me salvó de mi misma'', que cursilería estúpida. Ahora es solo un extraño y yo sigo igual o peor. Incluso, creo que él está feliz, supongo que a él lo salvó alguien más. A veces creo que el amor es tan estúpido y a la vez tan mágico, porque es el único con el poder de hacerte ver bien cosas que no lo están, y es el único con lo que sin importar lo que te pase, no te sientes solo. Cuando ya no lo sientes, quiero decir, cuando ya no estás enamorado, ves en perspectiva. Con mayor detenimiento y las señales que siempre estuvieron ahí.
Con Giuliano nunca terminamos formalmente, pero tampoco iniciamos algo hablando. Lo dejé drogada un día y me fui para no volver, aunque después lo hice, mucho tiempo después. Pero en ese transcurso, él nunca me buscó. Lo que teníamos nunca fue equitativo, siempre había alguien queriendo más, o la única persona que quería mejor dicho, y supongo que era yo. Y la otra, queriendo menos, o no queriendo nada. Y esas cosas suceden en la vida. A mí siempre me sucedían. Creo que en su momento pensé que quería a Giuliano más que él a mí, lo cual era seguro. Él solo me escribía de a ratos, y yo esperaba su mensaje siempre, pero lo pensaba todo el tiempo, él era como una droga para mí.
Verlo me hacía sentir estúpida, el tiempo nunca alcanzaba, nunca sabía que decirle, y siempre me quedaban ganas de abrazarle un poco más, pero esas cosas él no las sentía...
Una vez fuimos a unas rampas, y ambos teníamos longboards, o mejor dicho, yo me compré uno solo para aprender a usarlo porque a él le gustaban esas cosas, nos sentamos en el mismo y nos arrojábamos por la rampa una y otra vez. También nos gustaba la lluvia, caminar bajo ella, había algo romántico en caminar juntos bajo la lluvia que lo hacía especial, pero a su vez triste. Que estuviéramos drogados, de la mano, besándonos como si fuéramos novios y nunca lo fuimos, como si estuviéramos enamorados, y eso era una mentira.
Y luego, tengo otros recuerdos como que alguna vez, me dijo que no eramos nada y yo recuerdo haberle recriminado que él mismo me había tatuado ''Giu'' en la parte interna del brazo pero lo había hecho tan mal que la tinta se desvanecía. Pero esas cosas, la risa, la felicidad, era fugaz, y al día siguiente para Giuliano no significaban nada. Peleamos por ello muchas veces, y recuerdo las peleas más fuertes aunque no recuerdo con exactitud porqué eran. Pero recuerdo haberlo golpeado, con mis flacos y delgados puños de los que nada sirvieron, porque él me tomó con fuerza de las muñecas dejándome inmovilizada.
Ése día compramos helado para reconciliarnos, pero nunca volvíamos a tocar el tema. Tampoco volvimos a tocar el tema de lo que éramos. No porque no tuviera la respuesta, sino, porque profundamente la sabía, y pese a eso, decidí quedarme con él, porque él pasaba por lo mismo, porque solo él podría entenderme.
Con el tiempo dejé de ser la chica romántica que solía ser, no sé si era culpa de que a Giuliano no le gustaran esas cosas, o porque ahora solo pensaba en sexo y en él. Quería estar ida y en ello, solo podría hacerlo con él. No importaba que fuéramos, yo era feliz. Hasta esos momentos.
En ocasiones solo podía pensar en lo mucho que estaba excitada y solo podía pensar en él, lo soñaba, y en ocasiones, estaba en mi casa, triste porque sabía que no podía verlo para proponerle ver películas, quería quizás ver alguna serie que me gustara y sabía que con él nunca lo iba a poder cumplir. Quería que en el fondo él me dedicara una canción que me gustaba bailar cuando estaba a solas. En ocasiones fantaseaba con momentos que nunca sucederían, como que él preguntara las cosas que me interesaban a mí, o que se interesara en que me gustaba tocar el piano y escribir poesía, sin embargo nunca pidió que le escribiese una canción. Y se lo había dicho, pero él jamás me escuchaba, solo pasaba de tema, o pasábamos a otro tema. Y al final, siempre me desvestía, o mejor dicho, me vestía para él y me desvestía, porque era la única forma en la que sentía que me veía, y que prestaba atención a que yo era una persona, solo de esa manera me abrazaba sin estar drogados.
Aunque Giuliano nunca lo haya admitido, muchas veces pensé que él solo quería estar conmigo porque era la chica trofeo para él, y le gustaba mi cuerpo, le encantaba y a mí me encantaba que le encantase, pero luego sentí que era un maniquí, él solo me mostraba ante sus amigos y les pedía que nos tomaran fotos juntos, de maneras donde él pudiera lucirse, fotos como la de mi trasero, o dándome un beso fuertísimo, nunca se atrevió a pedirme que nos grabemos, pero siento que si nos hubiéramos visto más, lo hubiera pedido. Pero estas cosas solo las comencé a ver después. En el momento me encantaba que él quisiera tomarse una foto conmigo, ilusamente creía que significaba que tenía interés en mí, y que era un honor que me usara para pavonearse frente a sus amigos.
Cuando lo recuerdo, pienso en lo tonta que fui. Solía pensar a menudo que si él no me quería de la misma forma en que lo quería yo, estaría bien de todas maneras. Justificaba en mi mente que no me quisiera porque pensaba que no lo merecía tampoco. El pecado original, creer que no mereces lo que das y solía pensar que era normal, que al final nadie puede tenerlo todo, que era una injusticia pequeña en comparación con las muchas que me sucederían. Y supongo que eso es un gran problema, creer que no vales que te quieran como lo haces tú. La verdad nunca dicha es que mereces con lo que sueñas.
Maniquí, como uno me sentía todo el tiempo, viviendo en automático. En este tiempo había dejado de hablar tanto con mis padres, y como mis amistades ya no estaban en el plano tampoco era solamente el hecho de estar sola, sino también el hecho de mantenerme rígida, para que nadie supiera lo que sucedía. Así que, no almorzaba con mis padres. Lo hacía en horarios aparte y aunque ellos no preguntaron mucho, para mí era importante que lo hagan. Jamás lo admitiría, pero los extrañaba aunque viviéramos bajo el mismo techo. En ocasiones solo necesitas que te abracen y te pregunten si estás bien, y yo no lo estaba.
Estaba aterrada de que alguien se diera cuenta finalmente que estaba rota, que fingía las cosas, que alguien tenía tanto poder sobre mí que lo dejara hacer y deshacer a su antojo. Y aunque lo permitía, cuando debía mantener mi postura, solo podía estar enojada. Porque el enojo espanta, el enojo hace que las personas huyan y dejen de insistir. Mis amistades no tenían el ímpetu necesario para mantenerse para mí, solo juzgarían. Sin embargo, los padres te aman hagas lo que hagas, no había duda de ello. El problema es que una vez que admitiera que tenía un problema, debía no solo reconocérselos, sino también debía reconocerme a mi. Y vernos al espejo cuesta trabajo. Pensaba que podía, insistía en que el poder aún lo tenía, que tenía el control de mi vida y que todo lo demás no jugaba un papel tan importante como el que lo hacía. Tiempo después me daría cuenta que estas decisiones me habían llevado a decidir morir.
No tenía coraje para enfrentar a Giuliano, no tenía coraje para enfrentarme a mí misma ni reconocer mis problemas, solo dejé que todo sentimiento de embriaguez se expandiera por todo mi cuerpo y aunque sabía que no estaba bien, tampoco creía estar mal, creía que vivir por inercia era vivir. Así que lo sostuve o al menos lo intenté, por un tiempo.
Algunas veces me daba cuenta de ello, pero era en pequeños y cortos periodos, la mayoría de las veces no intentaba ser sensata. No pensaba en un futuro, ni tampoco era consciente de la gravedad de lo que podía sucederme, un día solo me presenté ante la vida sin paragolpes, y luego seguí adelante, como si no importara, como si nada tuviera consecuencias, como si no necesitara de planes de contingencia.
Y al decir verdad, mentía tanto pero tanto que luego dudé de mi misma. Estas cosas hacen eso, estas personas, estos círculos. Me hacían creer que estaba mejor sola y sentía que nadie sabía nada sobre mí. Era la única persona que podía dar fe de lo que vivía, solo yo, nadie más, ni mis padres, ni mis amigas, nadie. Y a su vez aquello no dejaba de ser triste, porque era una drogadicta ensimismada en que tenía el control, que no estaba tan enamorada, que todos tenían reemplazo menos él, y así fue como comencé a dejarme ir. Comencé a dejarme ir y estaba allí, frente a todos, pero nadie se daba cuenta, nadie se preocupaba realmente.
Mis padres esgrimían pocas conversaciones conmigo, pensaban que estaba muy temperamental. Así que los rehuía cuando podía, pero sabes que es difícil huir cuando no tienes donde, y Giuliano nunca fue realmente un lugar de apoyo. Nunca fue en realiad, un lugar al que pudiese volver.
Y con el tiempo como era de esperarse, Giuliano no dejó las pastillas, volvió a consumirlas, esta vez no sé como, creo que había conseguido un amigo con el padre médico que se las vendía, así que nuevamente, Giuliano estaba en la suya, y yo estaba abandonada. No pasó mucho tiempo para que volviera a desaparecerse de mi vida.
Lo hizo, y entonces podía ver como las cosas iban a matarnos a los dos. En ocasiones me despertaba, drogada, llamando a quien sea por teléfono, y algunos eran conocidos, quienes me constestaban duramente ''estás muy drogada...'' y yo reía, pero en realidad no era gracioso. Me dolía, y tenía que fingir.
Así que decidí llevar mi medicación a la discoteca, y volver a lo de siempre, a lo que era yo. Bailar, llamar la atención, hacerlo sola, sentir el poder sobre mí y nuevamente, buscar un amor que no fuera Giuliano pero que me sirviera esa noche para olvidarme de él, sin dolor, así que volví a ser la reina de las fiestas de desconocidos y la verdad es que mis amistades comenzaron a enojarse porque había vuelto a salir, pero pasaba de ellas. Mis padres mientras tanto, veían un cambio positivo. No me drogaba como lo hacía normalmente.
Pero cada vez que salía, tenía una sola cosa en mente; volver con la cabeza dando vueltas. Ya lo había decidido, ya no importaba nada más que aquello. No quería ser consciente, solo quería no parar de hablar y que el silencio y la soledad nunca más volvieran a mi vida, porque estaba enojada y no quería reconocer que en cuanto terminaran las fiestas, terminaría sola, y las cosas volverían a ser verdad. Giuliano no aparecía.
Mentiría si dijera que no intenté saber de él. Porque por supuesto lo hice. Lo busqué en todas sus r************* pero él solo me insultaba, porque en alguna de esas noches, alguien de los que había frecuentado era un amigo suyo, entonces eso lo molestaba. En realidad era raro, porque no le importaba desaparecerse, ni tampoco le importaba nunca darme un lugar en su vida, pero cuando yo hacía lo que se me placiera, entonces él llegaría a decirme cosas crueles.
Y lo hizo. Porque entonces pronunció aquellas palabras por primera vez, las palabras que no se le dicen a las mujeres.