Capítulo 3

1009 Palabras
NARRA BRUNO JONES Había pasado mi vida entera oculto, viviendo con calma y sabiduría. No había conocido mucho de la vida, todo aquello que consideraba extremo lo viví a través de Gonzalo. Mi pequeño hermano. Fuerte y hábil. La mayor parte de mi vida la había llevado tras libros y estudios, quizás eso era lo que me representaba y por ello, todos hablaban de mi tranquilidad. Quizás ser el modelo perfecto que todo padre esperaba, solía ser cansón. Miraba a Gonzalo vivir la vida como realmente debía ser vivida y era todo lo que yo quería. Realmente vivir. Conocer personas, salir, reír, tener conversaciones infinitas en si. No lo había logrado. Quizás mi comportamiento había alejado a muchos, aquellas personas que querían descubrir que se encontraba tras mi apariencia, aquellos que intentaron muchas veces sacarme de propia zona de confort y no pudieron. Probablemente no he besado más de tres chicas en toda mi vida; algo que suele ser vergonzoso entre hombres, más cuando ya tocas una cierta edad: 22 años. Tenía la mitad de una carrera universitaria lista, muchos cursos realizados, una vida llena de sabiduría e inteligente, pero solo era eso. No había más. ¿Dónde estaba las ganas de vivir? ¿Dónde estaba la emoción de conocer a una chica? Besarla por primera vez, sentirla, hacerla reír. Tocarla por primera vez. Envidiaba mucho a Gonzalo, su confianza en sí mismo con todo aquello que hacía, era su mayor virtud. No le temía a nada. Nada le quedaba grande. Nada lo ponía a temblar del miedo, ni le quitaba el sueño por las noches. Él era el hermano menor; pero era yo quien día tras día aprendía todo de él. Gonzalo había sido por mucho, un mujeriego desde muy pequeño, quizás desde que aprendió a caminar y hablar. No seguía reglas. Tenía 15 cuando conoció a Hope. La pequeña Hope que todos en casa querían. Dulce y torpe, también rebelde cuando se lo proponía. Vivía una fachada fuera de casa, que por mucho, no era ni la mitad de mujer tan increíble que realmente era. Hope sabía jugar mucho con su apariencia, dejando ver solo aquello que quería que vieran de ella. Se había vuelto un escudo de protección contra el mundo. Admiraba su valentía y tenacidad, quizás eso llevó a intentar cambiar el carácter y temperamento de Gonzalo. Lo intentó muchas veces, estuve ahí todas esas veces. No terminaba bien, nunca lo hacía. Pero ella no se rendía, seguía aferrado a la idea de poder cambiarlo. Era cierto, sentía admiración y respeto hacia Hope, un cuerpo joven con un alma vieja, llena de sabiduría y mucho por hacer en la vida. Quizás ella no lo veía, fingiendo ser algo que realmente nunca fue. Gonzalo había tenido una increíble mujer a su lado, una mujer que no supo valorar muchas veces y dejó ir. Quizás ella aún siga allí para él, siendo realmente afortunado. Muchas veces observé a Hope; siendo un joven de 18 años, lleno de hormonas y queriendo conocer el mundo entero, solo quería conocer más y más de ella. Una joven de 15 años que me había robado el corazón desde muy temprana edad, un amor que sabía que estaba prohibido, no solo por una diferencia de edad notable; pues su corazón tenía dueño, y ese dueño era Gonzalo, mi hermano menor. Estaba perdido en mis pensamientos mientras llevaba a Hope a mi lado. Había sido una tarde llena de tranquilidad y buenos recuerdos, hace mucho que no lograba tener esto. Paz. Era cierto, Hope sacaba la mejor versión de todos, muchas veces lo había logrado con Gonzalo, pero nunca permanecía así mucho tiempo. Mis deseos hacia Hope sabía que estaba mal, el corazón de Hope tenía dueño y aquel dueño era mi torpe hermano, que no sabía valorar realmente lo que tenía antes él. Estuve observando todo el proceso de su relación desde lejos, también sabía lo mucho que ella había sufrido en el momento de su partida. Hope se hacía fuerte e indomable, pero había sido débil al enamorarse de Gonzalo. —¿Cómo está él?—Preguntó Hope sacándome de mis pensamientos. —¿Gonzalo?—Reí.—Está bien, ha cambiado mucho, ya no es aquel Gonzalo que alguna vez jugó con nosotros. Está con Charlotte, o bueno, al menos eso nos hace creer. —¿Cómo que eso les hace creer?—Preguntó curiosa. —No creo que la ame.—Rió.—Jamás la ha visto como alguna vez te vió a ti.—He hice que sus mejillas se ruborizaran y escondiera su rostro entre sus manos.—Te hizo daño muchas veces y Gonzalo es un inepto, pero creo que fuiste la única persona que realmente llegó a importarle. Intentó cambiar cada vez que lo intentaste con él, pero seguía siendo Gonzalo, mi tonto hermano.—Continué. —Es bueno que ahora tenga su propia familia. Quizás ahora logre ser la versión de él correcta, siente cabeza. —Muchas veces creí que podrías cambiarlo.—Dije curioso. —Lo intenté muchas veces Bruno, pero éramos unos niños tontos jugando a saber qué era el amor. Estuvimos equivocados muchas veces.—Dijo riendo. —Pero se hacían felices.—Respondí. —Pero también nos hicimos mucho daño.—Respondió. —Él te hizo más daño que tú a él. Intentaste salvar algo que no habías roto, quizás ese fue tu mayor error.—Terminé. Llegamos a casa y la vi bajar, dejando un beso en mi mejilla que hizo erizar toda mi piel. —Gracias, Bruno.—Dijo. —¿Por qué?—Pregunté curioso. —Por ayudarme a escapar del mundo y sus problemas por toda una tarde. Por una conversación que hizo recordar cosas lindas del pasado y por traerme la paz que siempre me habías traído. Te extrañaba.—Rió.—Hasta luego Bruno.—Dijo cerrando la puerta y dejándome verla detrás. Su cabello castaño estaba largo y brillante. Sus movimientos con cuidado y aquella sonrisa que me había atrapado en varias oportunidades.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR