2018
Narra Hope.
Gonzalo se había graduado de preparatoria; alto y fuerte, súper inteligente y tan lindo. Reservado pero curioso.
Fuimos novios durante los primeros años de estudio, éramos solo unos niños, por lo que quizás sea solo yo quien lo recuerde. Y lo recuerde con devoción.
Han pasado algunos años desde entonces. Fue un amor de niños, que me sigue persiguiendo desde entonces. Recordaba aquel Gonzalo nervioso y delgado, que besaba mis labios con temor y tomaba mi mano con cuidado, como si fuese a quebrarse.
Él creció y se había ido todo éste tiempo fuera de la cuidad, tenía tantos años sin verlo que es increíble que tenga esa misma cara que tanta paz me traía. Y aún poder sentir sus labios en mi piel, sus manos viajar por mi cuerpo y esa gruesa voz susurrar a mi oído.
Gonzalo había cambiado mucho, se había vuelto alto y fuerte, había experimentado mucho sobre la vida al estar lejos de casa. El nuevo mundo lo llevó a conocer a Charlotte, futura madre de su bebé.
Sí, el chico de mis sueños estaba esperando su primer hijo.
Suelo observarlo cuando sonríe, cuando usa cigarrillos por estrés o cuando solo se sienta a leer un libro; su pasatiempo favorito. Algo que tomé y aprendí de él.
Y ¿cómo puedo verlo tanto? Se ha mudado de vuelta. Lo tengo frente a mi, día a día puedo verlo con su familia. Estando allí sus padres, pareja y Bruno, hermano mayor.
Sí, las desgracias me persiguen.
La mañana en clases había sido aburrida, como costumbre, pero pensar en ir a casa y tener que verlo ahí tan lindo pero tan lejos de alguna vez tenerlo para mí, era algo destructivo; por lo que decidí salir al parque sola, no le dije a las chicas y solo me marché del instituto.
Estaba sentada en la orilla de un banquillo cuando alguien más se sentó, era Bruno, el hermano mayor de Gonzalo, quién siempre estuvo con su lado tierno protegiéndome como una pequeña hermana.
Bruno tenía 22, solía ser muy torpe y tímido, le había conocido muy pocas chicas en toda una vida que llevaba conociéndele. Siempre midiendo sus palabras antes de hablar y midiendo sus acciones antes de actuar. Hábil y muy sabio.
Era alto al igual que Gonzalo, cabello n***o, ojos azules y piel pálida. Una sonrisa brillante y unos enormes ojos.
—¿Por qué tan sola, pequeñita?—Preguntó mientras tomaba mis cachetes entre sus manos.
—Necesitaba un respiro del mundo.—Respondí sutilmente. A lo que él sonrió, siempre era muy gentil, daba consejos y me sentía tan tranquila y sin necesidad de fingir cuando estaba con él.
—¿Cómo van las cosas en casa?.—Preguntó, a lo qué bajé mi mirada.—Mejor no hablemos de eso, yo también necesito un respiro del mundo.—Y sonrió.
No hablamos más, no era un silencio incómodo, era relajante estar tan tranquilos y solo viendo el sol reflejado en nuestra piel y como luego se ocultó el sol y llegó la noche.
—¿Tanto tiempo estuvimos aquí?-
—Preguntó Bruno.
—El tiempo se ha ido tan rápido.—Contesté.
—Vamos, te llevo a casa.—Caminamos en silencio a su automóvil y subí. Aroma a auto nuevo mezclado con su perfume, colocó música suave y a un volúmen medio.
—Has crecido tanto, Hope. Recuerdo cuando eran más pequeños Gonzalo y tú, y todas las veces que intentaron que sus cosas funcionaran.—Me sonrojé y se echó a reir.—Tranquila, ya no podrá volver a romper tu pequeño corazón, tiene su propia familia ahora.
Y no sabía que decir o sentir al respecto. Ya él tenía su familia.
Ya no había corazones por romper.