Me giré hacia él, temblando por el frío y la osadía. —Y no trajimos toalla —agregué, encogiéndome de hombros. Él soltó una carcajada que me atravesó entera. —No importa, nena. Me metí al jacuzzi de un salto, y el agua tibia me envolvió como un abrazo inmediato. —Aaah, se siente rico… —exclamé, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos. Abrí un ojo cuando escuché cómo él dejaba la botella con cuidado. Emiliano empezó a quitarse la camiseta con un movimiento lento, casi provocador, y luego se bajó el short, quedando solo en boxer. Su cuerpo se dibujaba con la luz de la luna, marcado, caliente, incluso antes de tocar el agua. —¿Vas a quedarte ahí, mirándome? —lo provoqué, mordiéndome el labio. Él sonrió de medio lado, y se metió al jacuzzi con un chapuzón que levantó pequeñas

