Ella no dice nada, camina al armario, de reojo puede ver como él da un paso hacia ella, pero en un ataque de nerviosismo cierra la puerta tras ella. Gran parte de ella está feliz de haberlo visto bien, sano y salvo de una vez por todas, pero otra parte está enojada infinitamente por que él tomó la decisión de irse por dos días sin decir absolutamente nada. Tras ponerse ropa de dormir y secar su cabello a su vez que seca sus lágrimas, sale por fin. Se ha tardado tanto que asume que ya no está allí, pero al salir él continúa de pie en la puerta. ─¿Ahora me vas a ignorar? ─pregunta indignado cruzándose de brazos. ─Sigo mi vida, no te ignoro. ─dice quitando el cobertor de la cama. ─no es como si te hubieras ido por dos días sin dar ¡una maldita explicación! ─lanza la almohada con fuerza a

