Alice
Puse un poco de música para dejar que me guiara con la limpieza de mi cuarto, barrer, ordenar y limpiar siempre era tan satisfactorio con música, que hiciera mover mis caderas, cantar mientras saco brillo al espejo, usar la escoba como micrófono y ver como Israel quien es mi fan número uno, maúlla cada vez que termino una canción. Esta rutina de tener que limpiar mi cuarto para poder entretenerme, aunque disfruto de la música, no bastaba para olvidar lo cansada que estaba de este encierro, pensé varias veces en fugarme pero mamá entra cada veinte minutos para observar que estoy haciendo, solo faltaba mi uniforme color naranja que hiciera juego con mi sábana del mismo color.
Cada vez que me siento sobre la cama y miro la pared que está frente a ella, fijo mi mirada en el espacio en blanco que hay al lado de la puerta que da a mi baño, me hacía tener en mente la idea de tener un televisor ahí pero mamá nunca le pareció buena idea tener televisores en los cuartos dice que solo nos alienta a acostarnos tarde, así que si quería ver las noticias debía bajar a la sala, el problema es que normalmente el uso del televisor se rige por horarios, a mí por desgracia me toca por la mañana y a esas horas sigo teniendo mi sueño reparador o estaba concentrada en asuntos sentimentales.
Dani, era el que aprovechaba todos estos inconvenientes para clavarse ahí durante todo el día, la tarde que era el momento que a él le toca ver televisión y la noche, porque Víctor siempre ha estado más sumergido en tocar mejor su batería.
Suspiré y me pregunté ¿dónde se encontrarán los juegos de mesa?, normalmente de niña mamá nos había comprado a Víctor y a mí varios juegos de mesa, para entretenernos los fines de semana o cuando raramente deseáramos ir a casa de un amigo, mamá salía con la ingeniosa idea de sacar los juegos de mesa y hacer apuestas con respecto a quién le tocará limpiar la casa o a cuál de los dos le tocará leerse la biblia primero, o cualquier cosa que nos pudiera aburrir lo suficiente como para tomarnos muy enserio esos juegos, sí, resultaban ser muy divertidos, más que todo porque yo era la que siempre ganaba y Víctor era el llorón que intentaba engañar a mamá para no cumplir las apuestas. Cuando se tiene dieciocho años y piensas en tu época de niñez, es complicado no sentirse un poco melancólico por el hecho de que siempre recordamos los buenos momentos, momentos como cuando mamá y papá nos llevaban a comprar helados, cuando papá me enseñó a usar la bicicleta. Escuchar de una manera tan sensible a mi padre, diciéndome que no me enamorara de ningún chico porque son monstruos come corazones, siempre terminaba respondiéndole lo mismo, señalaba a Víctor y respondía a mi papá que Víctor también era un hombre, normalmente se las ingeniaba para decir que Víctor no era ese tipo de monstruo porque tiene una mamá, tan dulce que no necesita comer corazones para sentirse feliz, eso hacía que olvidara la situación y le diera con alegría toda la razón.
Estoy segura que mi padre hubiera preferido que nunca hubiera crecido, porque cuando mi niñez terminó y las puertas de la adolescencia se abrieron exploté la poca cordura que le quedaba, no solía aceptar un no como respuesta, ideaba propuestas para ellos y siempre les decía que era una buena forma de ambos seguir ganando, eran discusiones de largas horas, para al final escuchar a mi padre decir que podía hacer todo lo que yo quisiera en esta casa, seguro pensaban que había ganado pero en realidad para mí eso era mucho mejor, tener a mis amigas en casa hacía que la noche se volviera mágicas, hablábamos sobre algunos de nuestros vecinos, el más guapo por supuesto, que de seguro era mayor que nosotras pero que eso no impediría que las abrumadoras llamas de la pasión que teníamos, impidiera que nos derritiéramos cada vez que lográbamos verlo sin camiseta. Sin duda a esa edad las hormonas te hacen pensar tantas tonterías, a mis 18 años, no es que ya no tenga esa brasa dentro de mí es solo que cuando lo pienso no me detengo a pensar tan específicamente tantas tonterías.
Cuando estoy en esos momentos y pienso en Theo, mi imaginación proyecta deseos lujuriosos, como pensar que algún día estaremos sobre mi cama semi desnudos, Theo encima de mi pasando sus ásperas manos por todo mi cuerpo, navegando por territorios nuevos, apretando con delicadeza mis pequeñas montañas, viendo como desea conquistarlas, colocando sus piernas enredadas con las mías mientras continua explorando, besando puntos sensibles, hace que escapen de mi boca pequeños gemidos. Siempre termino en el mismo lugar, Theo susurrándome si me encuentro lista, yo sin poder responder solo asiento, siento la respiración agitada de Theo en lugares donde nadie más ha llegado, haciéndome disfrutar de haber anhelado tanto este momento, el hecho de sentir que prueba un trozo de mí hace que todo se nuble en mi mente, y…
-Cariño la comida está lista- Dijo mi padre asomándose por la puerta
-Lo puedo explicar…
-Supongo que todas esas charlas que hemos tenido no funcionaron de nada, contigo nunca funciona nada.
Quería sentirme molesta con lo que me estaba diciendo mi padre pero que te descubran en pleno acto de masturbación, no te da tiempo para sentir algo que no sea vergüenza.
-Disculpa, el almuerzo está listo, cuando estés lista baja
-Perdona… Por esto papá.
Papá salió del cuarto, permitiéndome pasar esta incomodidad. Este momento solo me permite recordar que mi padre sigue siendo aquel dulce hombre que me cargaba en su espalda cuando era una niña para jugar a la princesa y su corcel.
Camino al comedor me di cuenta que la puerta del cuarto de Víctor se encontraba abierta, “¿Debería…pedir perdón?” Había pasado todo este encierro intentando que Víctor me disculpara, siempre terminaba de la misma manera, él no me miraba, no me respondía, sólo hacía como si no hubiera escuchado nada, como si yo no existiera.
Víctor no fue ese hermano con el que pase toda mi niñez pero crecí junto a él, ambos maduramos con las reglas de esta casa, nos apoyamos para aguantar todo esto, no éramos los hermanos perfectos pero cuando las nubes eran grises alguno de los dos intentaba que el sol saliera de nuevo.
Entre a su cuarto, él estaba escribiendo sobre un papel, se notaba tan deprimido, el ambiente lo era, desde que mi padre dijo que vendería su batería, algo dentro de él se quebró. No pienso que esté siendo dramático porque si a ti te quitan tus sueños injustamente, tal vez no llores pero si te sentirás tan frustrado que tardarás un tiempo, si es que lo logras, en volver a retomar el sentido de la vida.
-¿Se te ofrece algo?- Preguntó girando su cabeza hacia donde me encontraba.
-Papá nos está llamando para ir a cenar- Respondí con la mirada en el suelo.
-Está bien, ya bajo- Dijo sin ánimos
Al salir del cuarto de Víctor se iluminó mi cabeza, yo fui quien causó todo este desastre, yo soy quien tiene que arreglarlo; creo que desde el comienzo me he estado disculpando con la persona equivocada.
Al bajar por las escaleras mi madre y Dani ya se encontraban en la mesa, hoy le toca a mi padre servir los platos. Al sentarme mi padre me preguntó si le había avisado a Víctor para que viniera a comer, yo le respondí que sí.
Me sentía nerviosa, el aura negra que rodeaba a Víctor ya estaba presente en la mesa, junto a su cuerpo. Mi padre se deleitó con hamburguesas caseras, hamburguesas tan deliciosas que con cada mordisco podías sentir un pedazo de cielo.
Cuando finalmente se sentó con nosotros antes de comer, preguntó quién se ofrecería para agradecer por los alimentos de hoy. Aunque me sentía muy nerviosa me ofrecí como voluntaria, mi padre sorprendido, tomó mi mano y me agradeció mucho.
-Señor, hoy estamos reunidos en esta santa mesa para agradecerte por estos alimentos, por hacernos tan unidos y a pesar de todos los problemas, permitir que mis padres sean tan comprensivos con sus hijos. Aprovechando este momento quisiera disculparme con todos, con mi madre por haber defraudado su confianza, a Víctor por haberlo defraudado cuando me necesitó y a mi padre que a pesar de tantas charlas que me ha dado, sigo llevándole la contraria. No sé si sea el momento adecuado pero quisiera pedirle que puede quitarme cualquier cosa pero que por favor reconsidere lo de quitarle la batería a Víctor.
Cuando terminé de hablar, el silencio se hizo muy largo.
-Tu madre y yo ya hemos hablado sobre eso, no sé si esto sea alguna nueva forma de manipulación que has aprendido pero te quiero mucho hija, y a mis dos pequeños hombrecitos también, no venderé la batería, entiendo que tal vez si fui un poco exagerado con esa decisión, no se los había comentado porque si se los decía iban a tomar el castigo como un juego, viendo que han aprendido la lección terminaré con su castigo hoy mismo.
Me sentía tan a gusto, la solución siempre estuvo en mis manos.
-¡Gracias papá!- Dije sonriendo
-¡Muchas gracias papá!- Dijo Víctor al cual se le notaba muy feliz
-No se preocupen, solo no hagan que me arrepienta.
Al finalizar esta maravillosa cena de hamburguesas subí a mi cuarto a saltar de alegría, este infierno había acabado.
Ya cuando me encontraba lanzada en la cama, entró Víctor.
-Oye, gracias por lo de hace rato, evitaré el sentimentalismo y te diré que Max te había dejado conmigo un mensaje hace un par de semanas, supongo que entiendes por qué no te lo mostré. Te lo reenviaré a tu teléfono, supongo que en un rato mamá pasará a devolverte tu celular.
-¡Gracias!- Respondí
Me siento tan feliz porque todo se solucionó.
-Por cierto, creo que también me dejé llevar por la ira, aprovecho para formalmente decirte que quiero que vuelvas a ser parte de las reuniones de la banda.
Decir reuniones de la banda y no solo decir que estoy dentro de la banda le quitaba un poco de importancia pero igual me hace muy feliz.
-Nos veremos en las reuniones de la banda.