VIVENKA GÜNTHER
Todos los miembros de mi familia me miraban con ojos deseosos de venganza y poder, hoy era el día en el que iniciaría mi venganza, más bien nuestra venganza, mis padres por fin obtendrían el respeto que se merece. Mi familia hace años fue deshonrada y convertida en la burla de todos y hoy, después de 25 años obtendríamos venganza, nos tuvimos que ocultar por las burlas y volver a empezar de cero, tuvimos que salir de nuestra hermosa mansión por la burla de todos pero eso ahora va a cambiar, le devolveré con la misma moneda a los Hoffmann, no me temblará la mano a la hora de castigar a los que nos hicieron daño. Dios es testigo de nuestro odio hacia esos miserables, no habrá piedra que no se mueva, haré lo posible para casarme con el heredero de los Hoffmann o no me llamo Vivenka Günther de la dinastía Günther, no sucumbire a los deseos de mal( osea enamorarme) porque todo aquel que lleve el apellido Hoffmann se merece mi odio, mi repudio hacia sus personas. Ellos son unos monstruos, no se merecen vivir, merecen estar rodeados de miseria y sufrimiento
Todos se hicieron a un lado para darle paso a mi abuelo, un hombre que destila poder y elegancia, su cabello es de color azabache igual que el mío( eso es algo que nos distingue a todos los Günther), sus ojos azules con motes verdes me miraron neutros por un momento hasta que alzó su mentón y me miró de arriba a abajo, me examinó atentamente bajo la atenta mirada de todos, expectantes y deseosos, esperando con impaciencia para que el abuelo de la orden de empezar con la venganza. Nos miramos con mi abuelo fijamente y pasó lo que pocas veces sucede, lo he rara vez he visto en su rostro rosáceo
Sonrió
Se me acercó y me agarró la cara con sus dos manos, movió mi cabeza de un lado al otro y asintió, como diciendo:“Tú mi preciada creación, ya es hora de que nos muestres de que estás hecha
—Mi querida nieta, mi heredera. Tú, sangre de mi sangre. Nos vengarás y vengarás a tu padre, honrarás a tu familia, que no te tiemble la mano querida nieta. Nuestro honor y poder queda en tus manos, hemos esperado 25 años para este momento. No nos defraudes- asentí, era una promesa, cumpliría sin importar que pasara la promesa de la venganza. Mis padres se sentirían orgullosos de ver a la mujer fuerte en la que me he convertido
—Te prometo abuelo, que no me temblará la mano a la hora de imponer castigo, no habrá nadie quien me detenga en mi venganza. Juro que honraré a esta familia, y juro que todos los Hoffmann van a pagar, sin excepción alguna porque todos merecen una maldita penitencia - le hablé claro y firme. Mi abuelo y el resto de los Günther me sonrieron maliciosos y con arrogancia, no me preocupa, todos tenemos el mismo pensamiento, aunque me lleve a la muerte cumpliré con lo que he prometido porque un Günther siempre sin importar que pase cumple su promesa
Los Hoffmann van a caer, cueste lo que cueste, no importa cual sea el precio que deba de pagar, los Hoffmann no verán más riquezas y no tendrán más poder, aunque sea lo último que haga
El cielo es testigo de esta promesa, el cielo es testigo de este odio tan profundo que siento por cada uno de ellos
—Una cosa más hija, no te enamores. Enamorarse es un arma de doble filo, y tú no puedes, no debes enamorarte- sentenció mi abuelo con su voz rasposa, asentí aunque no era necesario que mi abuelo repitiera eso porque yo lo tenía muy claro
—Te juro abuelo, por la memoria de mi padre que no lo haré, un Hoffmann no merece mi cariño y mucho menos mi amor- sentencié, asintió y me dió su bendición, ahora era el momento en el que adoptaría una nueva identidad por un periodo breve, o al menos hasta que cumpliera con mi venganza
Ahora en adelante seré Jennet Köhler, ya no más Vivenka Günther, o al menos hasta recuperar todo lo que alguna vez le perteneció a mi familia, les haré sufrir. Es una promesa
Salí de la mansión Günther con la frente en alto, ahora llevaba un gran peso sobre mis hombros, había esperado 25 años para este momento, para vengar a mis padres y a toda mi familia. Ellos nos quitaron la honra y el honor y yo, en nombre de mi familia les devolvería con la misma moneda a esos desgraciados. Dejaré de ser Vivenka Günther para convertirme en Jennet Köhler, la asistente de Blaz Hoffmann, ahora seré la asistente de mi peor enemigo
Haré que se enamore tanto de mi y me pida matrimonio para luego quitarle todo y dejarlo igual o hasta peor, le arruinaré todo el imperio que construyó a base de engaños y mentiras
Subí al auto que me llevaría rumbo a Berlín, el que alguna vez fue hogar de mis padres, miré por última vez la mansión en la que crecí, había recuerdos pero... sin duda me gustaría echarle un vistazo a la que alguna vez fue hogar de mi abuelo y mis padres( en la hermosa capital)
—Ya es hora, que empiece la venganza. Tienes que cuidarte Vivenka, nadie debe descubrir quién eres en realidad, ya todo queda en ti, no nos defraudes- asentí, Adler tenía razón. Él me acompañaría solo a dejarme, el resto ya era cosa mía. Lo conocía desde la infancia, sus padres formaron parte del equipo de seguridad de mis padres y por lo tanto yo lo tenía que conocer en algún momento de mi vida.
Adler es alto, algo fornido, de cabello pelirojo como la zanahoria, así lo apodamos también, tiene una mirada dulce. Debo decir que es de las personas que más apoyo me ha dado y también alguno consejos para sobrellevar esto, lo cual es gracioso pues solo me lleva dos años
—Debes estar ansiosa, has esperado esto toda tu vida. Solo recuerda no enamorarte- bufé, ni tan guapo que fuera el tipo la verdad, lo había visto en fotos y no era para nada lo que yo buscaba de un hombre. Lo que sabemos es que él es cruel, frívolo y arrogante, típico hombre de que nació en cuna de oro y que no han sabido decirle un no por respuesta. Sin duda ese hombre no es mi tipo
—No me van los arrogantes- contesté mientras miraba por la ventanilla, lo escuché reír
—Recuerda bajar tu carácter, tal vez le van más las sumisas- lo miré mal, ni aunque le fueran las sumisas yo me convertiría en una de ellas, no me va el castigo. Más bien soy yo la que castiga y a él le caerá todas mis maldiciones
—Muy gracioso, pero ya veremos si es así-sentencié, sin duda iba a extrañar al abuelo, sus consejos me ayudaron mucho a sobrellevar todo este odio que llevo dentro
—Como sea, lo mejor sería que descanses, son cuatro horas y cuarenta y seis minutos en carretera hasta a Berlín- asentí, y le hice caso. Quería tener mi mente relajada, se venían obstáculos, más que nada porque aquel hombre dicen que es indomable pero para mí no hay nada imposible
—Llegamos- lo escuché susurrar Adler, me ayudó a bajar con cuidado del auto y me señaló una casa enorme con un hermoso jardín delantero, tenía una construcción muy refinada, contenía grandes ventanales. Me gustaba mucho la decoración, su color naranja me hacía gracia
—Ya se lo que dirás- me advirtió, me permití soltar una risotada
—Admítelo tú sabes que es muy gracioso- me miró mal y se fue a ayudar a los demás a bajar mis maletas
Ingresé a la hermosa casa, y me sorprendí más su interior, sin duda es como mi otro hogar.
—Bien princesita, ya está todo. Suerte con esto- asentí y me despedí de él con un beso en la mejilla
Aquí empezaría todo, el juego había empezado y lo mejor es que los Hoffmann no lo sabían y eso lo hacía más excitante, más emocionante y me daba cierto toque de adrenalina pura
Miré a mi alrededor, me sentía algo sola. Estaba acostumbrada al bullicio de mi familia, pero ahora dependían de mi para recuperar el prestigio que se nos fue arrebatado.
Prepárense Hoffmann, van a lamentar haberse metido con los Günther