"Cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones drásticas son las más seguras"
Tito Livio
Max esperó, quería poner un poco más de tensión para descubrir que estaba tramando y cómo es que se hubiera colado hasta su sueño, esa habilidad no era común, ¿De dónde venía eso de meterse en la cabeza de los demás y escarbar en sus pensamientos?, volvió a recorrer con cuidado cada rincón de la mazmorra, paredes de piedra, barrotes de hierro, humedad, moho, una silla de madera hecha jirones, y el techo… no había techo en absoluto solo… oscuridad. Caviló unos segundos y supuso que si el sueño era suyo él podría cambiar algo así que lo intentó, se imaginó haciéndolos flotar a todos hacia la oscuridad y pasar a un salón cómodo y bien iluminado con antorchas aquí y allá, y una cálida chimenea donde el fuego chisporroteaba y las flamas bailaban como si tuvieran vida propia, un gran espejo de metal pulido descansaba sobre un pedestal de madera ornamentado delicadamente. Todos, incluso el Oscuro caballero cayeron con lentitud sobre el suelo.
-¿Qué es esto, qué haces? –Gritó con furia el otro.
-Este es mi sueño haré lo que quiera con él, sal ya de mi cabeza –Respondió triunfante.
-¿Cómo sabes que ella no es real?, ¡Mírala, sangra!, ¡Si te equivocas te arrepentirás todos los días de tu estúpida vida!
-No será así, estoy seguro de que es solo una argucia tuya, patrañas, nada más que patrañas, ¿Esperabas que me creyera el numerito? No pareces el mismo hombre astuto y sagaz que recuerdo –Dijo esto último con una punzada en el corazón, el hombre que recordaba era cruel, inhumano, despiadado, había aplastado el cráneo de Rómulo como si fuera una fruta madura bajo los cascos de su caballo. Respiró profundo y asumió su papel de nuevo no podía quebrarse. Lo estaba consiguiendo, no había nada mejor que apuntar al orgullo de alguien como él y dispar directo en su dirección, era como atizar la candela, se encendía con rapidez y comenzaba a perder los estribos –Vamos Príncipe de las Tinieblas, no eres tan malo, solo estás al servicio del hombre equivocado, hasta podría perdonarte y darte algunas tierras, un Feudo, ¿Qué piensas? Ser un gran Señor, un Lord en los territorios de Meridiem.
El Oscuro lanzó la chica al suelo y ésta desapareció mientras se abalanzaba sobre Max con furia, pero él ya había dado un paso adelante en su mente y salió del sueño regresando de golpe a la realidad. Pudo escuchar una amenaza en el aire:
-¡Iré por ella, cruzaré y la buscaré! –Aseguró.
Abrió los ojos alterado y miró hacia todos lados, dos vacas rumiaban forraje a escasos centímetros de su rostro. Muuuuuuu… ¡Iugh!… -Que mal aliento.
Se incorporó, lavó su cara con agua fría y salió del corral antes de que alguien llegara, ya empezaba a despuntar el día. Caminó un poco hasta encontrar la carretera, y notó que había poca afluencia vehicular, tenía pensado pedir a algún chofer que lo llevara hasta la ciudad, pero estaba difícil, solo había visto dos carros y ninguno le había prestado atención, bueno con esa facha nadie iba a subirlo a su vehículo, tenía un pantalón viejo y roto, el cabello despeinado y lleno paja producto de su noche con las vacas, además, aunque la gente sea amable no confía mucho en alguien que no es de la zona. Se resignó y comenzó a caminar. El camino parecía una interminable seguidilla de curvas unas tras otra, y mientras más caminaba más parecía estar lejos de Mérida. El hambre aguijoneó su estómago y la sed era implacable, tocó en una casa a la orilla del camino en el primer pueblo que se topó y pidió un poco de agua, una mujer entrada en años y de cabellos canos lo hizo pasar.
-Hijo, que mal te ves, ¿Quieres algo de comer? –Preguntó la anciana.
-Si claro, se lo agradezco mucho –Respondió Max esperando no sonar muy parco, ¿Sabe usted si alguien irá a la ciudad durante el día?, necesito que alguien me lleve…
-Come primero –Poniéndole una taza de sopa caliente sobre la mesa y una jarra de jugo. –Primero aprendimos a comer y luego lo demás, jeje.
Max devoró todo lo que tenía en frente, la sopa estaba sabrosa y calientita y el jugo calmó su sed. Al terminar la anciana lo condujo con un chofer de camiones que tenía que bajar a la ciudad y lo embarcó en el vehículo.
-Muy agradecido señora –Dijo con sinceridad al despedirse.
Llegó tarde, muy tarde a la ciudad ya era de noche y se dirigió a la casa de Zoe pero no vio ninguna señal de que hubiera alguien allí, luego pensó que lo más lógico es que estuviera con Johana, su amiga, así que se encaminó hasta allá, estaba cansado pero no podía perder más tiempo en algún momento el Príncipe Oscuro cruzaría a este lado y vendría por ella, lo había dicho y no podía pasar la amenaza por alto.
Llegó a la casa de Johana y las luces estaban encendidas, tomó una pequeña piedra y la lanzó hacia la ventana. Nada, tomó otra y repitió el proceso… y entonces ahí estaba, hermosa como la luna, después de tanto tiempo su cabello caía graciosamente sobre su cara y sus ojos profundos como el mar lo miraron incrédulos, tardó un poco en reaccionar y cerró la ventana. Max esperó, al cabo de un rato volvió a abrirla.
-¿Qué haces aquí? –dijo visiblemente molesta.
-Debo hablar contigo, sé que me equivoqué, que debí hacer esto hace mucho tiempo necesito pedirte perdón Zoe –Habló con urgencia.
-¡En tus sueños! –ya iba a cerrar de nuevo cuando la morena se acercó.
-¿Quién está ahí?... ¿Max? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no fuiste a la fiesta? –Con la naturalidad de quien no tiene la menor idea de lo que es vivir una vida de personaje de cuento de hadas, y que no sabe nada en absoluto diferente a su pequeño círculo.
-¿Cual fiesta? –Respondió el Príncipe extrañado de la pregunta –Ciertamente no estaba para fiestas desde hacía mucho tiempo.
-La fiesta en donde supuestamente querías hablar con Zoe –Dijo Johana como si fuera obvio.
-Ah esa fiesta… -Rebuscando en el baúl de la memoria… si había una fiesta… iba a decirle toda la verdad, a aclararle el mal entendido con Adriana… ¡Ya, esa fiesta!
-Ella te estuvo esperando y no llegaste –Reclamó haciendo un mohín.
-Tuve… cierto percance –Pensando en los años de guerra y frustración.
Unos minutos más tarde, la morena abrió la puerta, pero al entrar ambos medallones comenzaron a brillar con mucha intensidad, a Max se le heló la sangre al darse cuenta de que el Oscuro habría logrado cruzar, y estaba aquí, había venido por ella.
-Solo puede ser una cosa…-Gritó - ¡El tercer medallón está cerca!, ¡Lo que nos faltaba! está aquí, ven conmigo ¡Tenemos que salir ya!
En medio de la confusión, Max logró divisar entre la cegadora luz a Damian, no comprendía, había muerto hacía tanto tiempo, ¿Cómo es que estaba allí?
-¿Tú? ¡Estás vivo! –Gritó Max confundido -Pero… ¿En dónde estuviste todo este tiempo? pensé que habías muerto en batalla… eres mi amigo ¿Qué haces Damian? –Atónito.
-No lo entiendes ¿Verdad?, no tienes ni idea de quién soy… -Damian vociferaba cosas que Max no lograba procesar, su cabeza daba vueltas y comenzó a dolerle fuertemente.
-Te lloré creyéndote muerto ¿Por qué estás con ellos?... ¿Por qué me traicionas? ¿Y ahora qué eres, uno de los generales del Príncipe Oscuro? –Lanzó esperando que su respuesta fuera negativa.
-¿Un General?, ¿Eso crees?, No… yo mi amigo, ¡Yo soy el Príncipe Oscuro!
Lo que sucedió después no lo tuvo claro, solo sabe que logró sacar a las chicas de ahí y terminó con Zoe en Liber.