Shanon La semana comenzó una vez más. Ella estaba allí, como siempre: puntual, eficiente, luminosa en su silenciosa constancia. Yo la observaba desde la distancia, esperando el momento adecuado. Todo dependía de la noche siguiente. Si, en el sueño, Mariana pronunciaba su amor… el sello de la marca lunar avanzaría un paso más hacia su plenitud. No debía forzar nada. Cuando la noche llegó, el sueño tomó forma con claridad. Esta vez, la fantasía se desarrollaba en mi oficina. Al entrar, la encontré allí, esperándome. Vestía un camisón sencillo que rozaba su piel como un susurro. Me detuve un instante, saboreando sus reacciones, la forma en que su respiración se aceleraba al sentirse observada. Apagué la oficina. Solo la luna llena nos iluminaba, dejando caer sus rayos plateados por lo

