Capítulo 17: Salsa picante.
25 de agosto 2010
Estoy algo emocionada, ya llevo mucho tiempo saliendo con Arthur y si nos hemos besado más veces que la primera vez, ya dejo de ser aburrido para volverse algo caliente. Él me dijo que hoy me iba a ver para decirme algo importante.
Así que llame a majo para que me acompañe para ir de compras, yo sabía que iba a pasar me iba a proponer ser su novia, ya habían pasado muchos meses y el no daba ese paso, así que si él no lo decía esta noche lo haría yo.
Al llegar al parque de diversiones donde me cito, estaba ahí, pero antes de llegar vi que también estaba Austin y Leah, pero sorpresivamente los descubrí discutiendo, no me importe y me acerque a mi cita.
Pero fue una gran granada lo que soltó que sentí mi cuerpo helado como si me hubieron tirado una cubeta de agua helada. El solo dijo estas simples palabras
– Me voy a ir de la ciudad Caitlin.
– ¿Cómo?
– A papá lo trasfirieron de sede y nos tenemos que ir.
No entendía cómo es que me pasaba esto de nuevo, el chico que realmente me gusta me deja otra vez, solo que este si me dijo la verdadera razón de por qué se iba y no como Austin. No quería que se fuera, pero no podía retenerlo.
Ese día solo me enoje con él, ni entiendo por qué lo hice, solo me duele que se valla, pero antes de que se fuera de su casa me despedí de él, como se merecía y no quedamos en ser amigos a larga distancia porque no creo en eso y menos en el noviazgo a larga distancia. Solo nos despedimos y él se fue.
No puedo creer que haya dicho eso, siento mi rostro caliente.
– Bueno eso ya lo sabía– la sonrisa petulante de medio lado regresa en su esplendor, empujo su hombro y me levanto. No puedo creer que haya dicho eso.
Tengo las piernas adormecidas por tenerlas cruzadas, el agarra mi brazo, pero tengo las piernas tan entumecidas que jalo de él. Juro que No lo hice intencional, siento mi cuerpo caer al alfombrado piso ya siento el peso del cuerpo de Austin caer sobre el mío.
Todos nos pusimos en contra cuando mamá compro su afelpado tapete color rosa, pero ahora estoy agradecida con ella, ya que ese golpe hubiera dolido. Mis ojos se encuentran cerrados, siento mi cabello por toda mi cara.
– ¿Estas bien? – abro los ojos y veo como Austin retira el cabello de toda mi cara, que por cierto sigue encima de mí todavía.
– Si...– miro sus labios delgados.
No tiene los labios perfectos pero el color es demasiado atrayente. Y el besa muy bien eso creo, todavía recuerdo el beso que nos dimos, aunque yo estaba tan enojada, aun así, si lo pude recordar.
Es como ver en cámara lenta como sus labios se están acercando a los míos, siento mis labios secos y entreabiertos.
Agarro su chaqueta y la pego a mí, sé que es muy atrevido, pero él se demoraba como un año en besarme y no soy muy paciente que digamos.
Siento sus labios húmedos tocar los míos muy resecos. Quizás este soñando, pero creo escucharme suspirar. Este no es un beso lento como el principio agónico que me hico esperar. Siento como sus labios capturan los míos.
Llámame atrevida nuevamente porque esta soy yo, intentando meter mi lengua por la ranura entreabierta de sus labios. Este es el beso más salvaje que he tenido ya que siento mis labios siendo devorados con los suyos.
Sus dientes capturan mi carnoso labio inferior, mi cabeza se inclina para poder profundizar el beso como si eso fuera posible.
Mis manos son las perezosas que van a enredarse con su lacio cabello marrón.
Escucho una tos más falsa de la historia, pero estoy tan cómoda con esta situación que no quiero alejarme.
La tos se escucha más fuerte. Austin se separa de mí y ve encima de mi cabeza, creo que estoy en una nube la cual no quiero bajar. Miro por encima de mi cabeza y veo a mi hermana con muchas bolsas. Junto a ella esta Valentina.
– Se van a levantar y dejar de mirarme ya que ahí viene mamá – salgo de mi fantasía, siento el cuerpo de Austin levantarse, agarra mi mano y me ayuda a ponerme de pie.
Acomodo mi cabello que debe de estar muy alborotado, siento mis labios hinchados y palpitar. No puedo mirar a los ojos a Austin ni a mi hermana y menos a valentina, sé que si lo hago me molestara toda la tarde diciendo cosas subidas de tono.
Mamá entra por la puerta con algunas compras, Austin le ayuda a llevarlas.
– Gracias cariño, hola Sami – no puedo todavía creer que me siga llamando por el seudónimo de mi segundo nombre, no es que me guste llamarme Samantha solo no me gusta que me llame Sami.
Soy la única de mis hermanos que tengo segundo nombre, es como si mama odiara mi primer nombre y decidiera buscarme otra para molestarme. Decido ignorar que me llama por el segundo nombre y la saludo
– Hola mamá– agarro un plátano, mi hermana comienza acomodar todas las cosas dentro de las despensas. Austin se coloca a mi lado, pero mi vista está en el plátano.
– Sami ¿Por qué tienes los labios hinchados? – miro a mi madre, al costado escucho como Austin se ahoga con el vaso de agua que cogió.
– Si... dinos Sami ¿Por qué tienes los labios hinchados? – dice Valentina se pone al lado de mamá cruzándose los brazos y tiene una sonrisa petulante.
Veo a Austin como pidiendo ayuda, pero el otro esta pálido como hoja de papel. Veo las compras de mamá como si ellas me podrían dar solución.
No es que me moleste que mi madre sepa que me bese con Austin, la cuestión esta que me molestará con eso, le contará a papá, y le dirá a Elena para preparar un pastel de boda. Conozco a mi madre así que paso. Veo que compraron salsa picante, se me ocurre una hermosa escapatoria.
– Comí salsa muy picante, por eso están así – mi hermana comienza a reírse.
– Caitlin, quizás pudiste tener una reacción alérgica, a ver déjame revisarte– se acerca a mí, veo como Valentina me quiña un ojo y palmea el hombro de Austin.
– Ya mamá, ya bajara– me acerco a Austin y lo jalo del brazo– iremos a llamar a Elena para que venga a la noche de tacos.
Salgo antes de que interrogue más; al salir veo a mi papá, Aaron y Martina entrando.
– Caramelito, tus labios están hinchados.
– ¡Solo es salsa picante! – sigo jalando a Austin a su casa.
– Chicos díganle a Elena, noche de tacos.
Esto si fue un beso de verdad y los dos estábamos conscientes de ese beso, lo miro y me doy con la sorpresa que él también me mira, me rio y el me sigue. Por ahora no hablaremos del tema de los dos besos que nos dimos.
Nosotros solo tenemos una relación de amistad y tengo que hacerme a la idea que el único objetivo es que el regrese con Anti-Leah. Ya solo falta cinco meses para que el trato termine. Aunque se ve tan lejanos esos meses.
[…]
La cena trascurrió con normalidad, aunque sentía la mirada de Austin sobre cada vez que me movía. Sé que besarnos no estaba dentro del trato y menos cuando no hay nadie quien nos vea. Sé que debemos hablar de los dos besos que nos dimos.
Pero no hallo la forma de decirlo, y creo que él le pasa lo mismo. Creo que debemos crear un plan para que Leah nuevamente se fije en él y termine con Jackson, si está bien la odio, pero tampoco quiero que muera de sobredosis. Ella tiene que dejar que la ayuden, justo después de la cena me fijo en la página de blog de la escuela. Un blog que crearon para hablar de todos los chismes que hay en la escuela.
Estoy revisando el blog y veo una que están realizando una fiesta, se ven fotos de varios chicos borrachos, al fijarme bien en la foto veo a Leah recostada en el sofá, parece como si estuviera muerta, varios chicos están bailando y ella esta inconsciente.
Agarro mi sudadera ya que está haciendo un poco de frio. En mi casa todos ya están durmiendo es algo tarde son las dos de la madrugada y se supone que mañana tendré clases.
Si mis padres me ven saliendo de mi casa a esta hora me castigarán y de seguro lo harán con algo que me ha costado trabajo conseguir, ir de viaje a Nueva York con mis primas.
Salgo rápido de mi casa, pero sin hacer mucho ruido. Cojo mis llaves y salgo a la casa de Austin, no soy mala, y sé que Leah no lo haría por mí, pero yo si lo haría por cualquier persona. Quizás esta intoxicada hasta la medula y no es buena que este en ese estado y más que esta vulnerable.
Algo que yo nunca he hecho es drogarme, tal vez me he emborrachado, pero no me gusta ya que olvido todo lo que hice en la noche anterior, así que desde ese momento decidí no tomar mucho alcohol. Mi madre al ser doctora cada seis meses nos saca estudios para saber cómo estamos y también sé que nos hace de toxicología.
Agarro unas piedras pequeñas y comienzo a tirarlas hacia su ventana, espero no romper una luna porque no pagare por ella. Mientras que sigo tirando piedras lo llamo por el celular, se escucha un pitido, su voz esta algo ronca y adormilada.
– ¿Caitlin? – susurra.
– Abre tu ventana– sigo tirando piedritas, no sé en qué momento la abre que yo sigo en la tarea de tirar las piedritas y le cae en el ojo, escucho como se queja del dolor.
– ¡Ay! dios mi ojo
– Lo siento, lo siento– susurro, dejo de tirar las piedras. Veo que saca nuevamente la cabeza y una de sus manos cubre su ojo. Quiero reír pero no lo hare, porque se ve que duele.
– Que haces aquí ¿viste que hora es? – él también está susurrando, su cabello va un poco desordenado. Y en su cara veo que todavía está muy dormido.
– Baja rápido y trae las llaves del carro de tu mamá; es Leah, creo que algo malo le paso– el detiene de sobar su ojo y asiente, sale de mi campo de visión.
No sé cuantos minutos espero, pero el sale rápido de su casa en su mano lleva las llaves de la camioneta. Él también se puso una sudadera por el viento. Me indica que suba a la camioneta, pero me entrega las llaves a mí. Yo frunzo el ceño hacia él.
– No pensaras que maneje, me golpeaste en ojo, solo puedo ver por uno– y tiene razón su ojo esta algo rojo y lagrimea, el parpadea constantemente para poder ver.
– Sí, pero no se manejar muy bien– él se sube por el lado del copiloto y yo por el conductor.
– Pero sabes, eso es suficiente. Solo, no nos mates– prendo el coche.
No mentía que no manejo mucho, ya que cada vez que lo hago no se medir la velocidad y termino chocando, por esa razón mi auto sigue en el mecánico y otra razón es que papá no me quiere dar el auto porque sabe que soy algo irresponsable en él.
– Claro sin presiones– murmuro.
– Porque dices que algo malo le paso a Leah– le doy mi celular.
– Vi esas fotos en blog de la escuela y mírala, de fondo ella parece inconsciente en todas las fotos nadie parece darse cuenta, quizás la mayoría estén hasta arriba de hierba.
– Gracias– lo miro brevemente.
– ¿Porque? – le pregunto realmente interesada.
– Porque eres la única en darte cuenta, sé que la odias, pero…– lo interrumpo.
– Yo no la odio, solo no me cae. Ahora indícame donde queda la casa de Jackson– el me indica y me dice cómo llegar.