El regreso a Villa Esperanza es silencioso, nadie nos recibe en el aeropuerto ni en la nueva mansión que adquirió mi esposo para nosotros y que ya está arreglada para ser habitada. Me impresiona y decepciona un poco verla amoblada, y es que yo tenía la ilusión de ir de compras para adornar todo a mi gusto, pero ya veo que se me adelantaron. Hablé con la abuela Zoila por llamada apenas llegué, ella sigue en el departamento. No me gusta dejarla tanto tiempo sola, aunque ciertamente ahora me toca preparar un cronograma que me ayude a llevar mi vida de casada con la estudiantil y el ser la nieta perfecta que no abandone a su abuela. Porque no puedo dejarla tirada a un lado, aunque también pienso en que he comenzado una nueva etapa de mi vida y no puedo cargar con pesos que no me corresponden

