GREGOR ZANEDI Goteo sangre y estar guindado por las muñecas me tiene los brazos dormidos, no sé hasta cuándo estaré consciente porque he perdido demasiada sangre y estoy deshidratado. Ver al maldito traidor de frente me llena de ira. —Eres una rata maldita —Apenas puedo hablar después de todos los golpes y descargas eléctricas que he recibido—. Massimiliano tarde o temprano sabrá que eres tú. Alza las cejas, sonriendo. —¡Mátame de una vez! —me arde la garganta. Es obvio que de aquí no saldré vivo, a esta gente no le conviene dejarme volver. Aurela, Omar, Santino y el ruso me observan detrás del vidrio que yace a dos metros delante y sobre mí. Para ellos esto es una puta obra de teatro. Les excita. Las cadenas se sueltan y caigo al suelo, el golpe que recibo me pone a toser y aunqu

