No hago más que llorar durante toda la noche, amanezco con ojeras y los párpados hinchados. Mi nariz sigue roja y no me levanto de la cama ni cuando suena la alarma, tengo clases en una hora y sinceramente me vale tres cacahuates. No iré hoy. No estoy de ánimos. Quiero quedarme a llorar hasta que me deshidrate. Mi teléfono repica y repica y ni lo miro. Me arropo hasta la cabeza y me obligo a dormir por lo que resta del día, ni hambre tengo. Sin embargo, el que me arranquen la cobija y me metan a la regadera por las malas acaba con cualquier plan depresivo que tuviese. Trago hasta agua del tiro y no sé qué coño pasa con el mundo que me rodea, me siento perdida por un segundo. —¿Qué carajos haces? Estoy pagando una puta universidad que es bien cara en vano. Levántate y ve a clases. —Lá

