No puedo moverme, estoy drogada pero soy consciente de todo lo que sucede a mi alrededor porque no me anestesian y el dolor que me desgarra desde adentro es tan fuerte que se me escapan chillidos pese a que ni abrir bien la boca puedo. La enfermera se seca las lágrimas que se le escapan y entiendo que ésta gente también está aquí en contra de su voluntad. Grito cuando la punzada que se clava en mi vientre me hace pensar que me están sacando los ovarios, no soporto la sensación, algo halan desde adentro y pareciera que también me estuviesen sacando los intestinos con la cánula que me insertan en el canal vaginal y que emite un sonoro ruido de aspiración. —Por favor, no —balbuceo entre lágrimas. Aunque ya sé que el daño está hecho, el dolor que inició hace cinco minutos aproximadamente me

