Once y diez de la mañana y me arrodillo sobre la alfombra, rindiéndole pleitesía al altísimo en la oración del Dujhr, la cual me sale fluida ahora porque me la he aprendido por fin. No ha sido fácil, debo confesar. Aprenderse de memoria discursos en inglés cuando no manejas el idioma no es nada en comparación con el alcaletreo de la lengua árabe que para empezar es todo un dolor de cabeza pronunciar bien. Pero mi dedicación en conjunto con las practicas del rezo junto a Nader y a Yassir me han dado ese empujón que no todos los islámicos convertidos tienen oportunidad de aprovechar. Y es una dicha, el aprendizaje y acoplamiento ha sido más rápido. Cada día intento ser mejor mujer musulmana, aunque ciertamente he fallado a gran escala. A veces creo que fue un error intentar ser algo que o

