MASSIMILIANO BENEDETTI El camino al aeropuerto se me hace eterno después de recibir en mi teléfono numerosos enlaces de diferentes números desconocidos, dichos hipervínculos me llevan a una puta página que reproduce vídeos eróticos caseros que tenía guardados en varios de mis pendrives destinados para esa clase de almacenamiento dentro del despacho de mi mansión. Videos privados, míos, material que jamás debía salir a la luz. Maldita sea. Es la una de la tarde y no concibo la forma en la que pueda estar en Roma más temprano. Llegar ya no es posible. No puedo luchar con el tiempo y me estresa la cantidad de llamadas que recibo de Karla, Niurka, Franchesko y mi cuñado. No contesto ninguna. Conozco el motivo de su contacto, y no voy a dar explicaciones ahora, mucho menos a reconocer que e

