SANTINO RINALDI La taza de té humea por lo caliente que está la bebida, Enzo Caccini se mantiene al margen al igual que Franchesko Benedetti, quienes yacen enfrente con la vista fija en mí. Han venido desarmados y sin protección, muy fácil para mí matarlos ahora. Aurela los devora con la mirada y tengo que hacerle señas para que se calme y no actúe sin pensar. Aún no es momento de volarles la cabeza, si ellos están aquí es para negociar conmigo, creen que tienen oportunidad para convencerme de dar el brazo a torcer, viniendo a meter las manos por el ladron de Massimiliano y salvar el destino de todos los que lleven su sangre o compartan ideales. —Dame un motivo para no agujerearles la cabeza —Escupe la golfa rubia que se mete en mis sábanas por conveniencia. Me irrita su inestabilidad

