—Listo —digo cuando termino de vendarlo. Tomo algodón y alcohol y ahora voy por su cara—. Siéntate, trataré que te sigas viendo igual que horrible que siempre. Comienzo a limpiarle la cara y hace muecas cuando le paso el algodón por sus heridas. Un gran moretón se le está haciendo en su pómulo derecho y no sé la manera de ocultarlo de mi padre y los suyos. El poco maquillaje que tengo no funciona para taparle lo morado e hinchado. —Tendremos que inventar una muy buena excusa —digo después de todos mis intentos fallidos. —Tu papá no se va a creer nada de eso. —Tenemos que intentarlo, no creo que le guste nada la verdad. Aunque... ni yo misma la conozco toda. Lo miro con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados bastante molesta porque aún no me haya contado lo que pasó. —Sí, ya, y

