Cap. 5 “Siempre serás mi primera elección”

1375 Palabras
Ya se acercaba San Valentín, y yo todavía no tenía los regalos que les daría a mis amigos. Estaba planeando hacerles un detalle, darles dulces y escribirles una que otra carta. Hoy pasaré a comprar los dulces, pero no quiero que ellos vean lo que les compraré. Así que, me escapé de ellos, ya que el profesor me había dejado salir antes. Al llegar a la tienda, compré los chocolates favoritos de Jess y los dulces favoritos de Ángel. En mi casa, hice mis deberes y me concentré en armar los regalos. A Jess le hice una linda caja de corazón, la llené con dulces y con fotos nuestras, le escribí bellos mensajes. A Ángel le hice otra caja de corazón y la llené con sus dulces favoritos, fotos de nosotros tres y un bello mensaje. ... Los días pasaron y yo esperaba con ansias el día de San Valentín, en la escuela habían hecho una bonita dinámica de que podías hacerle una carta a tu crush o a una persona especial, pensé mucho en mandarle una carta a Jess, de una canción que le quería dedicar, o un dibujo. No me decidía y no lo pude hacer, ya que se me había pasado la oportunidad. Entregaron las cartas en el salón y él quedó con ganas de que le enviaran una. Al final del día, les entregué a cada uno sus cajas, los abracé y nos tomamos una foto. Ellos me dieron chocolates y dulces. — ¡Feliz día, amigos! Exclamé contenta abrazandolos una vez más. Como todos los años, la preparatoria hace una especie de kermes y hay música para bailar. Estábamos cerca de la pista, así que se me ocurrió invitarlos a bailar, pero antes, Ángel se me había escapado, solo quedó Jess. Me acerqué a él, aunque sabía que a él no le gusta bailar. Aún así, lo jale a la pista. — Anda, Jess. Baila conmigo. Le supliqué mirándolo directamente a los ojos. — Esther, ya sabes que no me gusta bailar. Advirtió serio, no obstante, pude notar un destello de duda en su mirada, por lo que sabía que había una pequeña posibilidad. — Anda, por favor. Volví a insistir, haciendo puchero y poniendo carita de perrito mojado. — No me pongas esa cara, no lo hagas. Respondo riendo. — Anda, Jess, ¿Sí? Supliqué aún con mi carita. — Está bien, tú ganas, pero solo un momento. Contestó rendido. — ¡Ay! Te quiero. Grité feliz. Bailamos, reímos de los pasos raros que hacíamos, todo era diversión. Pero, llegó el momento en el que pusieron canciones para bailar en pareja, a lo que nosotros nos quedamos viendo. — Será mejor que nos retiremos de aquí. Dije un poco triste. Él sabía que deseaba tanto bailar de esa manera pero cómo lo haría si yo no tenía ninguna pareja, ni siquiera había tenido en mis 17 años, algún pretendiente. — Ya que estamos aquí, hay que aprovechar. Dijo guiñándome el ojo. — ¿Estas hablando en serio? Pregunté emocionada. — Sí, ¿No quieres? Si es así, entonces vámonos. Dijo retante. — No, no. Contesté desesperada. Y nos juntamos más, él puso su mano derecha sobre mi cadera y la otra, la colocó en mi hombro, yo hice lo mismo. “Boom, boom”, mi corazón estaba acelerado. Esto era algo hermoso, algo que no se como expresar, me acurruque en su pecho. — Gracias. Le susurré. — De nada. Respondió contento. Sonaba como si lo hubiera disfrutado. ... Días después, estábamos en la clase de física, y yo, digamos que sé, pero que se me olvida como resolver los ejercicios. Estoy sufriendo, con este ejercicio del flujo de líquido. — No entiendo, ¡Ah! Voy a enloquecer. Grité frustrada. — Tranquila, esto está un poco complicado. — ¿Un poco?, ¿te parece un poco? Me exalté mirándolo detenidamente, de manera retante. — Sí, Esther. Tranquilízate. Contestó pacífico. Debo admitir que admiro su paciencia y más la que tiene conmigo, siento que a veces soy un poquito insoportable, como ahora. Él solo sabe como lidiar conmigo, soy un completo caos cuando me altero, puede que hasta diga palabrotas o que aviente cosas al aire. — ¿Cómo quieres que me tranquilice con esto? Es que... Comencé a gritar, pero él cubrió mi boca con su palma. — Ya tranquilízate, te voy ayudar. Quitó su palma de mi boca. — ¡Ay! ¿Sabes que te quiero? Le pregunté contenta. — Sí, lo sé. Aunque estoy llegando a dudar que solo me lo dices cuando necesitas algo. Respondió sarcástico. — Oyes. Rechiste dándole una palmada en su espalda. — ¡Auch! Ya te he dicho que tienes la mano pesada. Se mofó al mismo tiempo que se sobaba la espalda. — Tonto. Dije simulando arrogancia, mientras sonreía discretamente. — Bueno, para esto debes de emplear esta fórmula. Comenzó explicando mientras señalaba el libro. — Oh, ya, y, ¿que más? Pregunté sorprendida, en cuestión de segundos él explicaba lo que por minutos estuve tratando de entender. — Después debes de leer bien el problema, para que vayas encontrando los datos. Dijo contento, como si lo que estábamos resolviendo se tratará un simple juego de niños. ... Al terminar la clase, nos dirigimos a la cafetería. — Aquí los espero, porque hay muchas personas y ya saben que tengo fobia a estar rodeada de mucha gente. Dije dándome calor con mis brazos, ya que había sentido un escalofrío. — Está bien, trataremos de ir rápido. Respondió Jess, para después irse con Ángel. «¿Cómo es qué esos dos no andan? Serían una bonita pareja. ¡Ay!, que cosas digo, me está afectando andar shippeando a mis amigos. Pero, es inevitable no shippearlos, además ellos no me ayudan a dejar de hacerlo, siempre me dan de que pensar sobre una posible relación entre ellos. Sí, sé que estoy loca por eso. Pero, me vale.» — Esther, Esther. Habló Jess pasando su mano frente a mi cara. — ¿Qué? — Ya vámonos, estoy desde 3 minutos hablándote. Mencionó serio. — ¡Ah!, Es que... Este, estaba pensando en que si nosotros no vemos el aire pero vemos el agua, entonces, ¿los peces no pueden ver el agua pero el aire sí? Dije tratando de parecer toda una filósofa, en lugar de dar una explicación sobre el porqué de mi distracción, no podía decirles aquello, ya que les había prometido que no lo volvería a hacer. — Ya Esther, deja de andar filosofando y no te pierdas mucho de la realidad. Dijo Ángel riendo. — Oyes — le reclamó. - Mejor díganme que me trajeron. — Nada. Respondieron al unísono y se rieron. — ¡Que malos son! Dije molesta, dándoles la espalda. Y confirmando que había hecho bien pensando eso sobre ellos. Sin dudas estos dos son todo un caso, mientras sigan siendo así conmigo los seguiré shippeando. No es nada malo y es mejor que no sepan que lo sigo haciendo. Sino ya me imagino el drama que me harían los dos. ~°~°~°~ Bonus La mueca de tristeza plantada en el rostro de Esther me orilló a hacer algo que jamás me imagine hacer, sin meditarlo más, di mi concentimiento para bailar una pieza junto a ella, de una manera demasiado cercana. No me incómodo, incluso podría decir que era agradable. Y su sonrisa fue aun más gratificante. — Sinceramente pienso que ustedes dos hacen una linda pareja, Jess. Mencionó un compañero que me encontré en el baño. — Esther solo es mi amiga, no tengo ningún sentimiento de ese tipo hacia ella. — Bueno, eso dices tú, pero tus acciones dicen otra cosa. Nos vemos, Jess. Dijo retirandose. Sus palabras sonaron en mi cabeza toda la noche de ese día, ¿realmente podría yo alguna vez sentir algo más que amistad por mi apreciada amiga? ¿Es eso posible? ~^~^~^~ Extra – Esther, ¿Por qué shippeas a tus amigos? — Bueno, ya sabés, es algo que hace una chica que tiene amigos... No sé, solo se me da y ya, además tú eres quien me escribes, ¿Cómo voy a saberlo yo? – Eh, cierto. Mejor lo dejamos así.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR