Cap. 6 “Eso no es amor, es confusión”

1436 Palabras
— Jess, anda, cómprame una paleta. Dijo mimosa, pareciendo una niña caprichosa. De esas que no te dejaran en paz, hasta que obtengan lo que quieren. — Ya, que pareces una niña. Respondí riendo. — Lo soy. Afirmó de la manera más tierna, confirmando mi comentario. — Esther, eres mayor que yo. Dije entrecerrando mis ojos a manera de acusación. — Anda, Jess, ¿sí? Exigió haciendo puchero mientras simulaba pinchar mi abdomen con sus delgados dedos. A veces podía ser muy infantil, pero así la quiero a la loca. Además, me hace sentir mayor que ella y eso me gusta. Aún recuerdo que me sorprendí bastante cuando me dijo su edad. — Está bien, hoy te dejaré que te salgas con la tuya. Dije rindiendome después de un minuto de ruego. — Wiii - gritó emocionada - te quiero — me abrazó, mientras pedía su paleta. — No sé cómo le haces para comer tanto y no engordar. Balbucee mientras la observaba comer su paleta de uva. — Ni yo lo sé. Respondió riendo y entrelazando su brazo junto al mío. Habíamos salido temprano, así que nos dirigíamos a casa. Íbamos admirando el paisaje, el cálido viento de verano nos pegaba a la cara. Las personas caminaban tranquilamente en la banqueta. — Jess, es muy temprano para ir a casa. No crees que sería bueno ir a otro lugar y disfrutar el tiempo que sobra. Comentó de repente. — Amm... ¿A qué te refieres? Pregunté con intriga. Si mal no captaba, ella estaba sugeriendo ir a otro sitio, en lugar de llegar a su casa. — Que vayamos a tu casa. Anda, ¿sí? — ¿Para qué? Pregunté sorprendido, sospechando de las intenciones de Esther. — Jess, no es nada de lo que te estés imaginando. Me miró seria, como si acabará de insinuar algo malo. «¿Qué cree que estoy imaginando? Yo soy un pan caído del cielo» — Tranquila, yo no pensé nada. — Ajá, si como no. Farfulló mientras seguía caminando. — No, en serio. — Te creo. Dijo finalmente riendo. En serio, que a veces no la puedo entender, pero la trato de comprender. Esta chica a veces me saca de quicio, pero, ¿qué haría sin ella? ¿qué sería de mi vida sin ella? Seguro sería un total aburrimiento. — ¿Entonces? Pregunté con total confusión. — Quiero jugar videojuegos, anda, ya tiene tiempo que no lo hago. Pidió emocionada, reafirmando mi suposición de que Esther era una niña atrapada en el cuerpo de una joven. — Sí, pero, primero vamos a tu casa, ¿sí? Contesté serio. La verdad no me parecía correcto que se desviará a otro lugar sin avisarle a su madre. No soy ningún extraño, pero, me gusta que siempre haya claridad y confianza entre su madre y ella. — No, no, mi mamá me castigó. Se apresuró a decirme con sus manos formando un triángulo o casita, en señal de plegaria. Oh, no. Esther. Ahora, ¿Qué habrá hecho? De seguro la encontró su mamá leyendo a altas horas de la noche o viendo un drama, como Esther lo sabe hacer. — ¿Qué? ¿Por qué? Y ahora, ¿qué hiciste? Pregunté curioso. Sin dudas habría sido una de las dos opciones. — Ammm... yo... Yo me dormí tarde por andar viendo un drama en la noche. Dijo avergonzada. ¡Lo sabía! Esther es tan predecible cuando se trata de ser castigada por su madre. — ¡Ay Esther! Rompí en risa. En serio, que esta chica siempre me hace reír con sus locuras y ocurrencias. Nunca me aburriré mientras la tenga cerca. Tendré que dejarle pasar esto por el momento, conozco el temperamento de su madre y sé que no la dejará salir después de que crucé su puerta. — Bueno, está bien, vamos a mi casa, pero solo un rato. — Sí. Gritó emocionada, me dio un fuerte abrazo y se encaminó hacia mi casa. ... Jugamos varias partidas, después nos pusimos a descansar y nos miramos sin decir nada por un buen tiempo. Tengo que confesar que ella realmente es bella, ese cabello lacio y n***o, sus ojos café oscuro como el café cargado, sus labios carnosos y rosados, su piel clara que contrasta con la mía, sus cejas pobladas. Había un mechón rebelde en su rostro y lo aparte. Lo que ocasionó que compartieramos miradas, ella se sonrojó. Se ve tan tierna, me gusta la manera en la que se pone, sus mejillas levemente sonrojada y su vista — Ya, deja de mirarme. Comentó riendo nerviosamente. — Tú hazlo primero. Deja de verme. Le respondí desafiante. Ella me seguía mirando, esa mirada tan perpetrante. Vi que de pronto esbozó una sonrisa, que también me hizo sonreír. No sé qué le ha producido tanta gracia. — ¿Qué piensas?, ¿Por qué sonríes de repente? — Osh, ¿Qué no puedo sonreír ahora? Además, tú también sonreíste. — Sí, pero yo lo hice porque tú me contagiaste. — Ahora resulta que yo te contagie, ni que fuera enfermedad. Dijo fingiendo enojo. Si ella fuera una enfermedad, claramente ya habría una tremenda epidemia por todo el mundo. Ella suele contagiar su felicidad a los demás. Sin dudas ella es una chica muy brillante. — Sí, lo eres. Respondí divertido. — Mejor, hay que hablar de cosas interesantes. — ¿Cómo qué? Pregunté intrigado por su repentina pregunta, conociéndola traía algo entre manos, algo tramaba. — Ammm... No lo sé, algo que tengamos dudas. Respondió curiosa. — ¿Cómo qué? Volví a preguntar curioso. Ahora con qué ocurrencia me saldrá esta chica. Ella nunca se queda con la duda, cuando algo le inquieta insiste hasta que lo resuelve o lo conoce. Sé que quiere saber algo, tengo que admitir que me da miedo lo que me quiera preguntar. — Amm... Bueno, yo tengo una duda. — Así, ¿cuál? — No se si decirte. Dijo avergonzada jugando con sus dedos de la mano. Esther ya ha comenzado, nada me podrá salvar. Ya me ha metido la intriga. Quiero saber y ella me lo tendrá que decir. — Dime, no te juzgaré. — Está bien- rió por un momento y luego cambio su semblante por uno serio - ¿Cuantas veces te masturbas? — ¿Qué? Pregunté completamente sorprendido por su pregunta. Nunca pensé que ella me preguntaría una cosa como esa. No sé qué decirle, está hablando en serio o está bromeando, pero sin dudas Esther es una chica que no bromea con ese tipo de cosas. — ¿Para qué quieres saber eso? — Am... Es que solo es una duda que tengo, pero, esta bien si no me quieres decir. — Ah, - pensé un momento - bueno, está bien, una vez al año no está mal, una vez al mes tampoco, una vez a la semana es normal y una vez al día es alegría. Al concluir mi respuesta, Esther comenzó a reír a carcajadas hasta que se puso colorada de la cara y tuvo que regular su respiración agitada. — ¿Eso responde a tu pregunta? — Sí, totalmente. Contestó mientras trataba de controlar su risa. — Ahora que tú has preguntado, yo también tengo una duda. Respondí intrigante e inseguro de hacerlo. No sé cómo reaccionaría, pero, como ya estamos haciendo este tipo de preguntas se lo diré. — Así, ¿cuál? Dime. Exigió curiosa. — No, mejor no. Dije para llenarla de más curiosidad y así poder obtener su respuesta. — Dime, no te voy a juzgar. Repitió sonriente lo que yo había dicho anteriormente. Esta chica cuando agarra confianza es un verdadero peligro. Pero he de confesar que se ve tan tierna con esa mirada. Su sonrisa es muy cautivadora. Pero, ¿qué cosas estoy pensando?, ella sólo es mi amiga. Nada más que eso. Somos solo amigos. Aún sigue expectante, sigue esperando mi duda. El momento había llegado, al fin sabría si Esther hacía eso. Viendo su personalidad y como es su familia con respecto a ella. Me sorprende que lo haga, aunque no lo creo. Por eso se lo debo de preguntar. ~°~¬~° Bonus Reacción de Esther al contemplar a Jess tan concentrado en su rostro. « No manches, me está mirando, cállate la boca, Esther. Es que, qué guapo es mi amigo, ni pa decir si éste será mi ser amado, porque es seguro que sí. Ay, dios meo, lo amo» — Mi lindo morenito, te amo. Quería decirlo Esther, pero por temor a que la rechazara Jess, mejor se lo guardó. — Deja de mirarme.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR