Sábado por la mañana...
Habíamos quedado de ir a un parque cercano de mi casa, para jugar basketball. La verdad yo nunca he practicado ese deporte, y por lo que sé ninguno de ellos tampoco.
Así que, estaba listo para ir, solo estaba esperando la llamada de Esther para ir a recogerla.
Habíamos acordado olvidar lo del beso, para evitar más conflictos y no arruinar nuestra bella amistad. Ella había accedido, aunque, no la veía convencida.
Mientras miraba la tele, mi celular comenzó a sonar.
—Jess.
Sonó preocupada.
— ¿Sí?, ¿ya estás lista?
— No te aviso Ángel, me acaba de llamar diciendo que no podrá ir — dijo con un tono triste.
— Oh, ¿entonces? — pregunté con curiosidad.
—No sé, cómo le haremos, solo seremos dos.
— Amm... Pero, aún así, vamos.
— No lo creo, no podremos jugar bien.
— Bueno, entonces, ¿qué hacemos?
—Amm... No lo sé, solo sé que tengo un permiso y no quiero desaprovecharlo. Con mi mamá no se puede saber cuando me dará otra oportunidad.
— Oh - pensé por un momento - y, ¿si salimos a caminar? — pregunté dudoso.
— ¡Qué buena idea! — se emocionó, juraría que había saltado.
— ¿Tú lo crees?
— Sí, nos vemos allá — dijo aún emocionada y colgó.
...
Al llegar, el parque se encontraba solo, no había casi personas.
A lo lejos pude apreciar a Esther con un short n***o y una blusa azul, los cuales son los dos colores favoritos de ella y míos también.
— Jess, corre vamos.
Me animó mientras seguía corriendo.
— Ya voy.
Contesté para luego correr hacia donde ella se encontraba.
La verdad era muy buena corredora, no la podía alcanzar, estuvimos dando vueltas hasta que nos cansamos.
— Vaya que eres muy buena.
Dije respirando rápido.
— Sí, lo sé.
Se regordeo.
— Bueno, aunque eso se debe a que la mayoría de veces llegas tarde a la escuela.
Concluí riendo.
A lo que esto hizo que se enojara conmigo y me diera un fuerte codazo. Si que duelen.
— Auch.
— Eso es para que no te metas conmigo.
Amenazó desafiante.
— Yo solo dije la verdad.
Comenté mientras me sobaba.
— Ajá sí, cómo no.
Dijo burlonamente.
— Pues, claro.
— Estoy cansada, hay que sentarnos en esa banca.
Señaló una banca verde que está debajo de un árbol.
Nos sentamos en la banca y nos ponemos a ver las pocas personas que pasaban por ahí, Esther me miró.
—¿Qué ocurre?
Pregunté curioso.
— Nada, solo te miró.
Dijo riendo, luego apartó su mirada de mí.
— ¿Sabés que eso da miedo, verdad?
— Ya, no seas exagerado.
Se mofó mientras esbozaba una bella sonrisa.
— Te ves linda sonriendo.
Solté sin medir mis palabras.
«¿Qué acabo de decir? No entiendo por qué lo hice, debo de pensar en decirle otra cosa para que no lo malinterprete» pensé preocupado.
— Gracias.
Dijo ruborizada.
«Se ve tan linda cuando se ruboriza. Parece una muñeca de porcelana» pensé mientras la miraba.
Seguimos observando y ella comienza a chuchar mi estómago.
— Oyes.
Me quejé un poco molesto.
— Es divertido.
— Deja en paz mi estómago.
— Bueno, está bien, entonces tu cuello.
— No, no te atrevas.
— Sí, que lo haré.
Dijo confiada.
Comenzamos a forcejear y sentí un toque que me hizo retorcerme.
— Oyes.
Solo recibí risas por respuesta.
— Es divertido.
Volvió a decir con una sonrisa traviesa.
— Para mí no lo es.
— Ya pues, no aguantas nada.
Contestó un poco molesta.
— ¿Y tú sí?
A lo que, Esther dejó salir un resoplido de su boca, me volteó a ver con confianza, incluso se colocó más recta, llena de orgullo.
— Claro, soy una chica de retos, me gustan los retos.
— ¿Sí?
— Claro.
— ¿Ah, sí?
— Sí, es más, hay que hacer una apuesta.
— ¿De qué?
— A que yo puedo acelerar tu corazón primero antes que tú lo hagas al mío.
— ¿Qué? ¿Estás hablando en serio?
Pregunté preocupado.
— Claro, aceptas o ¿tienes miedo?
Me miró desafiante.
— Sí , yo no te tengo miedo.
Esto solo se debe de tratar de una broma de ella. Ya hemos hablado de esto. Además me parece solo un juego entre nosotros, no creo que en verdad hable en serio.
— Solo te digo una cosa, que yo no he perdido ninguna apuesta.
— Y a mí no me gusta perder.
Inquirió con determinación.
— Bueno, eso lo sé.
— Aunque tampoco pienso que será fácil hacer palpitar tu corazón por mí.
— No, no, pero sé que no lo harás.
— ¿Estás segura?
Pregunté desafiante.
— Por supuesto.
Afirmó confiada.
— Entonces tenemos un reto.
Después seguimos corriendo y ella solo me miraba, después se reía como loca.
— ¿Estás demente, verdad?
— Sí, estoy muy demente.
Confirmó riendo.
—¡Ay Esther!
Estábamos felices corriendo, cuando de pronto, llega Alice, la chica nueva de nuestro salón, había sido trasladada hace una semana. Es linda, piel morena, cabello ondulado color café y ojos cafés. Cuando la reconocí de lejos, me sonrió y la salude. Ella me agrada, pero al parecer a Esther no le cae para nada, no entiendo el porqué.
— Hola, Jess. Hola, Esther.
Nos saludo sonriente.
— Hola Alice.
Correspondí sonriente.
— Hola.
Habló Esther cortante.
— ¡Qué gran coincidencia encontrarlos aquí!
Exclamó sorprendida.
— Vaya que sí.
Dije feliz.
Ella se ve hermosa, trae su cabello planchado. Unos shorts morados y una blusa blanca que resaltan su piel.
— Sí, que coincidencia. Pero, sabés nosotros ya nos vamos, tenemos cosas que hacer, ¿verdad, Jess?
Farfullo un poco enfadada.
— ¿Qué cosas, Esther?
Pregunté sorprendido.
— Tareas.
Dijo apresurada mientras me miraba con un gesto suplicante. Sé que esa es una excusa para irnos.
— Pero si no dejaron.
— ¡Ay! Como eres de tonto.
Me susurró molesta.
— Me permites un segundo, tengo que hablar con Esther.
Dije mientras Alice me sonrío y asintió.
— Sí, claro, pero siento que estoy siendo una molestia.
Sonó triste.
— No, no lo eres.
Me apresuré a decirle.
— Sí, lo eres.
Murmuró Esther aún más molesta.
Esta actitud de ella no me está gustando para nada. Ella no se suele comportar así. No sé que está pasando con Esther.
— Esperanos, siéntate.
— Está bien.
Contestó esbozando una sonrisa.
Se sentó, mientras que yo me llevé a Esther lejos de ahí. Debíamos de hablar, esta actitud no es para nada propia de ella.
— ¿Qué te pasa? ¿Por qué eres así con ella? Tú no eres así.
Contesté un poco molesto.
— Simplemente no me agrada, siento que me va alejar de ti. Además, no me da buenas vibras esa chica.
Respondió frustrada.
— ¿Cómo va a hacer eso? Ella no es así. Además, la única que puede hacer eso, eres tú con esa actitud.
— ¿Cómo lo sabes? ¿La conoces?, Y, ¿por qué ahora me echas la culpa a mí?
Exclamó con el gesto serio. Esther estaba completamente molesta ahora.
— No, pero yo lo sé, cuando veo a las personas. Y como te estás comportando me siento incómodo, hasta pareces novia celosa.
— Ella te está engañando, quiere engatusarte, ¿no lo ves? Solo mira cómo te mira. Y, no soy celosa.
— ¿Cómo me mira según tú? Eso lo ves porque estás celosa.
Repliqué enfadado.
No sé por qué me estoy enfadando por esto con Esther. Ella nunca me había hecho enojar así. Sin embargo, su reacción y sus palabras me dejaban poco de que desear.
—Ella no te quiere, no creo que sea amor. Ella te está buscando por intereses.
Afirmó Esther cruzando los brazos en señal de desaprobación.
— Esther, eso no es cierto, además, ¿no crees que alguien me puede quererme sino es por interés? Por favor, deja de comportarte como lo estás haciendo ahora.
Respondí molesto.
— No es lo que quise decir, Y, ¿cómo es que según lo estoy haciendo?
Preguntó molesta.
— Estás siendo infantil, inmadura y egoísta. Sabes muy bien que no me gusta esa actitud.
— Qué bien, ya entendí. Entonces, me voy. Quédate con tu "amiguita", porque yo solo estoy demás aquí.
Bramo totalmente cabreada.
Y sin decir nada más, se fue caminando rápido.
Regresé con Alice. Ella me miró sorprendida.
— Se enojaron por mi culpa, ¿verdad?
Preguntó con un tono triste
— No, claro que no.
Le aclaré.
— Sí, además se nota que no le agrado a Esther.
— No, es que ella tenía cosas que hacer y por eso se fue.
— Bueno. Es una lástima que no nos acompañe. Pero, cuéntame cómo te ha ido.
Dijo un poco más animada.
Me hipnotiza con esos hermosos ojos. Aunque me preocupa Esther, ella no suele ser así. Creo que la iré a ver más tarde, cuando su coraje haya sucumbido.
°^°^°^°
Bonus
— Eres un idiota, Jess. Te odio y a la vez te amo. Cómo quisiera acabar con éstos unilatérales sentimientos que siento por ti, no quiero ser miserable por este tonto amor.
Dije mientras caminaba lejos del parque.
Jess la había preferido a ella, se enojó conmigo por advertirle sobre esa mujer. Mi instinto me decía que nada bueno le traería y no lo digo por estar celosa, sino que ella me da mal espina.