—Eres tan hermosa, —dice con voz ronca, haciendo rodar sus caderas hasta que su pene está completamente dentro de mí—. Eres mi puto hogar. Jadeo tanto por sus palabras como por la forma en que me está llenando hasta estirarme de la forma más deliciosa posible. Hogar. Me llamó hogar. Mis brazos rodean su cuello mientras subo por su cuerpo hasta que mis dos piernas se enrollan alrededor de su cintura. No me importa la sangre ni que este sea posiblemente mi peor aspecto. Lo único que sigue sonando en mi cabeza es la palabra “hogar”. Nunca he tenido uno, no realmente, y el hecho de que Mason me llame suya está desencadenando una parte dormida de mí que no creía que existiera. La parte que también quiere un hogar y quiere que me demuestre lo mucho que soy su hogar. Mason me penetra

