Narra Cassandra Desde que llegue he permanecido sentada al lado de la secretaria de Aileen, la pobre mujer cada vez que sale de la oficina trae cara de querer desaparecer a su jefa, quiero decirle que no es la única, supongo que ya sospecha eso. —No la soporto—murmura. Deja caer un montón de carpetas sonando un golpe seco que hace que la mire sin contener mi sorpresa, hasta el ser más tranquilo tiene su límite y su jefa cree que por tener dinero puede hacerle miserable la vida a todos. —Tranquila, si te enfermas lo más seguro es que te reemplace de una vez—sugiero—ve al baño a lavarte la cara, estar molesta no te ayuda a resolver los problemas. —Qué vergüenza, no recordaba que usted está aquí—resopla—cuesta mantener la calma cuando andas con los nervios de punta. No debería hablar c

