Cuando cumplí 15 años, mamá y papá me hicieron una gran fiesta. Ya yo había ido a las de mis amigas en clubes, en casas con jardines enormes, inclusive fui a uno en la playa, las decoraciones eran preciosas y todo el encanto del océano sirvió de marco para disfrutar de las dulces primaveras. Mis 15 años, gracias a una batalla que ganó papá, fueron en la hacienda. A mí me daba igual, quería una fiesta, fuera donde fuera, me gustaban las fiestas, me gustaba cumplir 15 años y quería, por supuesto, ser el centro de atención. Los carros llenaron la entrada de la hacienda, el pastel era gigante, cinco pisos, una bailarina en la cúspide, color rosa. Papá contrató una banda y también unas cornetas gigantes. Había mucha gente, mucha gente, vecinos de Altagracia que conocían a mis padres, entre el

