Envite

1233 Palabras
Bostecé y me estiré en la cama. ¡Qué noche! Llegué sin sentir los pies, y lo peor era que mamá y la tía me esperaban expectantes. Claro que a esa hora no les iba a contar nada, llegué casi a las dos de la madrugada, tuve que pedirle al taxista que se fuera y fue Amanda quien me trajo a la casa. Después que estiré los brazos y el cuerpo entero me llevé el susto de mi vida al ver frente a mí a mamá y a la tía. –¡Ay por Dios, que susto! ¿Qué hacen aquí? –Queremos que nos cuentes, Esther. –Pero tía, podían esperar a que me levantara. –Me incorporé. –Cuéntanos, dinos como estuvo la noche. –Mamá se sentó en la orilla del acama. Ya estaban de punta en blanco para comenzar el día. –Bien, la fiesta estuvo bien. No hacía nada evitando responde, ellas no se irían. –Bien ¿nada más que bien? –La tía insistió. –Debió pasar algo, ¿qué pasó con Germán Lucero? –Él estaba ahí, bueno la fiesta era para él, tenía que estar. –¿Y? ¿Hablaste con él? –Sí, estuve con él casi toda la noche con él. –Pero ¿Qué Esther? ¿Vamos a tener que sacarte las palabras de la boca? –Tía, sí, sí. Hablamos, tomamos, también bailamos. –¿Y se veía interesado en ti? –No solo él, mamá. –Me levanté y fui a dar al espejo. Yo era una maestra, me gustan los niños, me gusta el salón de clases, enseñar y eso debía esperar por ahora. –Estaba también Federico Aular y su hermana, él no me quitaba la vista de encima y me pidió el número de teléfono para volver a vernos. –¿Federico Aular? ¡Vaya, él es un empresario independiente ya, hija. Mamá se cubrió la boca sonriendo pensativa. –Cuando ya no veía ni a Mauricio Soer, me reconoció de inmediato y me pidió que les diera saludos, que cualquier día nos visita. –Mauricio Soer es divorciado y tiene un niño. –La tía arrugó la cara. –¿Y qué? –Mamá encogió los hombros. –Es el heredero de los Dominguez, es su gerente principal en Valencia. –Esther no está para criar un niño de otro. –Ese niño tiene a su madre, Emma. –Y siempre la madrastra los soporta. –Cuando se trata de un millonario con servicio, nadie tiene porque soportar nada. –Prefiero a los solteros sin hijos. –Yo he visto a Mauricio Soer en las portadas de revistas y es el más guapo de todos los guapos. –¡Ya! –Las detuve cuando la tía iba a refutar. –No he dicho que a mí me guste. –¿Ninguno? –Dijeron las dos en coro casi gritando. –Bueno, todos son muy simpáticos y atractivos pero que me gusten así, de una atracción así... –Por favor Esther, eso viene después–Dijo mamá más que alterada. –Reconoce que es eres un poco dura para eso. –Bueno el flechazo instantáneo existe. –La tía fue ahora la que se sentó en la cama. –Ese que no permite que las miradas se despeguen, esa vista que se va detrás de ti y que provocan un brillo en los ojos de manera especial. –La tía suspiró. –¡Por favor, Emma, no te luzcas de romántica que no estamos para eso! –¿Por qué no? Dijiste que Esther solo elegiría a quien le gustara realmente, debe fijarse en esos detalles. –No hace falta que discutan por mí y ese detalle, apenas hoy iré a almorzar con Germán y eremos. –¿Hoy? –La tía saltó gritando. –Pero Esther si es casi medio día. –¡Esther, teléfono! –Rosi gritaba desde abajo–¡Teléfono para la señorita Esther Cedeño Vivas! Mamá y la tía me miraron ansiosas, hasta yo me puse nerviosa y de punta no sabía que dirección tomar. –¡Ve, baja y atiende! –Dijo la tía. –Yo voy a buscar algo para que uses en la cita. – Después de la puerta de mi habitación, cada una tomó diferentes caminos. Yo corrí descalza por las escaleras hasta la sala y tomé el teléfono de la mano de Rosi, menos mal cubría la bocina con su trapo de cocina. –¿Aló? –Respondí después de aclarar mi garganta. –¿Esther? –Una voz masculina que ya venía con una dosis de encantamiento. –Federico Aular. –Federico, que sorpresa, no pensé que llamaras tan pronto. –Confieso que te quise llamar más temprano. –Siguió. –Pero temí que estuvieras despertado. –No, llevo mucho rato ya despierta, fue una buena fiesta. –Mucho mejor porque os encontramos. –Directo. –Bueno para no robarte más tiempo voy al grabo. –Tú dirás. –Te invito a cenar esta noche, tú escoges el lugar si gustas, pasémosla bien. –¿Esta noche? –La tía ya había aparecido y abrió los ojos hasta que casi le cubren la cara. –No sé yo. –la tía afirmó seguido con la cabeza. –¿a qué hora? –Podría pasar por ti a las ocho ¿te parece? –Bien. –Dudé un poco. Iba a almorzar con Germán. –Sí, estaré lista ¿sabes dónde vivo? –Siempre lo he sabido. –Sé que sonreía. –Ah, bien, entonces a las 8. –Hasta entonces. Colgué y me quedé con la boca abierta mirando a la tía. –¡Listo! Este conjunto que hace tiempo no usas te servirá para... –Mamá se detuvo mirándonos con un traje de pantalón y blusa celeste. –¿Qué? ¿Quién era? Ay no me digas que el banco. –Casi llora nerviosa. –No. –Dijo la tía. –¿Qué? ¿Quién era? –Era Federico Aular, mamá, invitándome a cenar. Casi se le cae el traje de las manos. –¿Hoy? –Hoy. –¿Y qué le dijiste? –Que sí, le dije que sí. –Mi niña ven a desayunar algo porque parece que hoy te espera un día de solicitudes, además voy a darte unas gotas del Carmen, te tiemblan las manos. –Rosi me tomó de la mano para llevarme a la cocina. –Pero Esther, faltan dos horas para que vengan por ti, apenas encontré este traje y… –Busca entonces el de esta noche Ángela, yo te ayudaré a buscar. Las dos subieron de nuevo a los cuartos y yo fui con Rosi a la cocina, ni siquiera pensaba, solo actuaba, me dejaba llevar por la situación para no defraudar a nadie. Al final discutimos mucho sobre mi atuendo para el almuerzo y terminé usando una falda blanca larga con bordados, estilo muy hippie en el ruedo y una blusa corta color verde agua. El cabello lo sequé yo misma con el secador de la casa y me pinté levemente. A mamá le habría gustado que hiciera todo esto una peluquera pero no había tiempo para eso. Para cuando Germán apareció en su LTD color blanco y se bajó caballeroso para saludarme, ya yo tenía claro que debía hacer lo posible por conquistar.
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