–Aquí está. –Me anunció Armando frente a un grupo de cuatro hombres, uno de ellos el banquero–Sé que esta “fiesta”, porque me vendieron esto como una fiesta, alguien que no sabe lo que es una fiesta. –A mí también. –Dije, ya no sabía dónde estaba Amanda. –Ah, ¿también? –Reímos–Bien ¿recuerdan a Esther? –Claro, Esther ¿cómo está? ¿Qué tal todo por casa? –Hola Marcos, están bien, gracias por preguntar. –Bien, si se recuerdan–Continuó Armando y en lo que giré haciendo un barrido, él me miraba, me miraba las piernas, desde su grupo de amigos, Basco lo hacía. –Entonces como ya he hablado con los dos debo poner en claro, como el abogado de la señorita presente... –Gracias a mí. –Mauricio vino a estar junto a nosotros y tomó mi codo, por cierto, estas muy hermosa. Le sonreí, pero él solo q

