Desde que mamá contara lo que papá había hecho con Francesca, me sentía extraña. Mis noches y mis días eran inciertos, angustiosos, dudaba de todo lo que nos rodeaba. Ver a mamá comer en la mesa junto a nosotros con su altiva mirada, sin reconocer que había hecho mal, muy mal, me incomodaba. Masticaba delicadamente y hablaba con Sebastián y Daniela evitándonos a nosotras. La tía me miraba y masticaba observándola a ella y si era Rosi, a ella, a ella parecía no extrañarle toda aquella noticia. –¿Ya sabes con quien irás mañana al club? –Preguntó durante el almuerzo, saboreando su ensalada. –No. –Respondí sin mirar a nadie. –Es incómodo saber que estarán ahí todos ellos. –Yo creo que deberías ir con Mauricio–Dijo Rosi desde atrás como si le hubieran preguntado. –Después de todo vino a l

