– ¿Quieres secarte, Esther? – Me preguntó ya adentro, Isabel. Las manos me temblaban y ahora menos que nunca me atrevía a mirar a los ojos a Basco, ya no era simplemente la complicidad de un beso, él había sido el primer hombre para mí y mi cuerpo y mi conciencia habían quedado impresionados buscando una revancha. ¿Qué estaba pensando yo para hacer lo que hice? ¿Y cómo se llamaba eso tan increíble que sentí? ¿Todas lo sentían? ¿Con todos se sentía? –Sí, por favor, desearía ir a u baño. –Un relámpago nos iluminó, tanto Armando como Basco me observaban. –Ven conmigo. –La seguí sin mirar hacia otro lado, mis brazos goteaban un poco. –Cuando comienza a llover así es para largo, lo mejor es que se queden aquí. Yo tengo más habitaciones extras para invitados, con baño privado, te llevo ahora

