Odiaba sentirse de esa manera, odiaba ser vulnerable hacia esa situación, odiaba que sus ojos estuvieran derramando esa agua conocida como lágrimas. La frustración que sentía lo estaba fatigando. Llegó a casa dando un portazo para dejarse caer por la puerta. No sabía por qué dolía todo eso, por qué sentía eso en su pecho. Él las odiaba, pero esas palabras no salían de su cabeza. Cada gesto, cada palabra taladraba su cabeza. Con la poca fuerza de voluntad que le quedaba subió a su habitación sacando aquella vieja caja de cosas que tenía en el armario. Hace mucho no buscaba refugio en su madre, pero ahora en ese momento necesitaba verla, aunque fuera en una foto. —¿Por qué mamá? Por qué me dejaste, por qué te fuiste si yo te necesitaba, ella es la culpable de que te hayas ido, ell

