-En la merced iban a hacer una fiesta nocturna, donde la entrada se cobraría cada porción de vestimenta, los fondos recaudados irían para la campaña SALVEMOS EL DÍA. Dylan llama a su nona, le pregunta si se encuentra en casa, y recibe como respuesta un no, la señora está de voluntaria en una fundación llamada Sol a media noche, el muchacho se sorprende, aún tiene fuerzas de voluntad a pesar de su edad. Raquel vuelve a mirar aquel paisaje moribundo de barrio, casas de bloques, latas y de palmas bajo la penumbra, sin electricidad, niños y adolescentes sentados en las esquinas, con aire de superioridad, a Raquel le embarga una incertidumbre pero al rato se le pasa, porque en la merced se paseará por mundos sin querer volver.
-No hay electricidad, quien sabe desde cundo ¿Estáis bien?
-Si- Raquel responde nerviosa -¿No tendrás problemas con el auto en este lugar?- Raquel suspira.
-No, tranquila, no pasa nada, se la tienen que pensar para poder llevárselo, esperate un momento.
-Dylan apaga el motor del auto luego de estacionarse dentro de la casita de nona, la chica empieza a escuchar de fondo poco a poco, a los grillos, ranas y otros insectos, es extraño para ella la sensación de comodidad, de sentirse libre, de sentir esa adrenalina recorrer todo el cuerpo, observa como Dylan baja, lo ve pasar frente del auto hasta llegar a su puerta, esa sonrisa de piel morena, bañada con la luz de luna, siendo grande frente a unos ojos pequeños, entrando para perderse en las siembras de café de aquella mirada. Le abre la puerta, le extiende su mano, ella recuerda escuchar la voz de una prima feminista radical diciendo que la caballerosidad es machista, ¡Eres idiota Paula! Piensa para sí, toma la mano del chico sin apartarle la mirada, sale del auto, Dylan cierra la puerta detrás de ella, hipnotizada totalmente, mirándolo a pocos centímetros de su cara, siente la brisa, siente frio, siente sus manos cálidas tomando las de ella.
-Ambos entran en aquella casa pequeña, Dylan extrañamente nervioso y ella totalmente segura, caminan al lado de la mesita donde alguna vez los dos comieron, el caminando delante de ella, guiándola, poco a poco, pasan por un pequeño pasillo, Raquel mira una habitación sin puerta, hay sabanas en su entrada bien decoradas, ella intuye que es la de nona, a su izquierda otra habitación un una puerta vieja y desgastada, se sorprende ella misma pensando que perderá la virginidad en una casa a medio construir, en una habitación empolvada, sin electricidad, cuando hace unos días atrás pasó la noche en un mejor lugar. Entran los dos en esa habitación, Raquel observa los poster de Ronaldinho, Ronaldo, otros jugadores de Brasil, un joven Cristiano Ronaldo en múltiples poster, pero uno en especial, estaba a la cabecera de aquella cama, Kaká arrodillado en el campo de juego, con sus manos apuntando hacia arriba, Dylan le explica que es su jugador preferido, y ahí fue cuando ganó la liga de campeones con el club de sus amores, en realidad Dylan empieza a hablar de mas, ella lo ataja con un beso tierno en sus labios. Dylan le toma por la cintura y la aprieta hacia él, ella siente el m*****o erecto de él, se deja desnudar, ayuda a quitar la vestimenta del muchacho, los dos se ven por un instante, ella mira con detalle las cicatrices de su cuerpo, su pecho, su abdomen trabajado, sus muslos, y aquel musculo erecto, ella se humedece con tan solo verlo, al final cierra sus ojos y deja de taparse con sus manos, la besa de nuevo, tierno, con pasión, suave, firme, con su dedo índice acaricia la espalda de ella, subiendo y bajando, haciendo dibujos imaginarios, toca las nalgas de ella, son firmes, la lleva otra vez hacia él, le besa el cuello, ella suspira, lo toca, lo explora, y al momento de sentirlo, la arropa una sensación de calor el suelo se despega de los pies de ella, se asusta un poco pero vuelve y se tranquiliza, lo abraza para no irse sin él, ya no hay donde poner sus pies firmes porque ya empezó a flotar, en la ausencia de la gravedad en aquella habitación, se aferra en su dorso, abre sus ojos y observa como poco a poco cambia totalmente la habitación, los posters dieron lugar a un bosque de hayas , pinos y robles coloreando la habitación, una línea invisible sobre una distancia abstracta de una tierra a otra, de uno a una, de otro a otra… de ella y el, en estas líneas que se escriben, mira hacia arriba cuando el besa sus senos, ya no hay un techo de tejas metálicas, el mar caribe cubre sus cabezas, y el sudor de ambos agita sus aguas, de pronto ella sonríe y a su lado nacen girasoles, su cabello se adorna de orquídeas y las hebras de su pelo son maizales, sus labios son ríos cristalinos, sus pómulos son dos soles que sostienen cada uno un universo azul, la primavera es una jovencita con un rostro de infinitas flores que baila por la habitación vestida con un vestidito de hojas amarillas que caen con cada movimiento, Raquel enreda sus dedos en los cabellos de Dylan cuando éste besa su abdomen, llega allí donde las piernas de la chica trepidan sin dejarlo ir, en el hombro de Raquel nace el alba, y en el otro crece un crepúsculo, sobre su cuello se alza lentamente un día con sol de narciso y las estaciones mezcladas erizan su piel, , en su mejilla se cosecha sonrisas llenando la desnutrición infantil, en su otra mejilla el aborto ve nacer luces inocentes porque la muerte se escondió de la vida, y Andrómeda sonrió al verlos en el futuro de un presente desde su pasado, Dylan se detuvo un instante para mirarla, y en las mismas manecillas del tiempo las constelaciones quisieron estar en el universo de su sonrisa, sus miradas se encuentran de nuevo, ella lo siente entrar, un ardor, un dolor que se confunde con un cosquilleo, suspira abriendo su boca, marca la piel del chico con sus uñas que se vuelven pequeñas poesías, lo siente entrando en ella una otra vez, le gusta, gime, suda, se excita, se adhiere a él para no dejarlo escapar, mientras van girando en su propio eje imaginario como si fuesen dos platense a punto de chocar, ella escucha serenatas de arpas, violines y guitarras, y al observar hacia abajo, entendió que el amor transciende más allá de ideas adoctrínales, costumbres culturales, Dylan sigue la mirada de la chica que se ha transformado en algo tan hermoso, y se da cuenta de la realidad observada por Raquel, el chico la abrazan por temor a caerse de esa verdad, le susurra al oído a ver la expresión de Raquel confundida.
-Amor mío, hay… querubes bajo tus pies