-¿Estáis bien?- Pregunta Dylan
-Sí, Sudando, y ¿tu?
-Estupendo ¿Te gusta la iluminación?
-La luz de Luna entra por la ventana de la habitación, vidrios rotos, que los cubre una cortina improvisada, la cual ha quitado
Dylan para que la habitación se refresque con la brisa de la noche, Raquel observa detenidamente aquel panorama antes de responder.
-Yo empezaría por arreglar la ventana, y colocar una cortina nueva ¿No crees?
-En definitiva hay que hacerlo.
-Dylan acaricia los cabellos castaños de Raquel, observa las pecas en el rostro de la chica, las cuenta una por una, son muchas, desiste, el muchacho suspira.
-¿Las contaste?- Pregunta ella
-Me tomaré la vida para hacerlo- El chico le responde y ella sonríe ruborizada
-Ella toma el rostro del chico y lo lleva de frente a ella, lo besa, suave, lento. El aprieta sus senos, Raquel suspira, Dylan puede sentir el sudor de la chica en sus labios, besa su cuello, su clavícula, Dylan apresa las manos de ella y las acomoda detrás de la cabeza de la chica, se las retiene allí, saborea sus senos, y baja hasta su v****a, chupa su clítoris y Raquel se retuerce de placer, el resplandor de la luna les sirve de sábanas acobijando sus cuerpos desnudos. Las pecas de Raquel le dan de nuevo la bienvenida a la primavera que esta vez se encuentra sola, las pecas brotan de aquel rostro y salen al encuentro del universo creado por dos personas, todas juntas, al principio, todas se expanden al final, en un embargo inesperado el tiempo transcurre igual, partiendo a la velocidad en tres partes donde a millones de años luz el sentido de la creación fue la expansión de la vida en un átomo que al transcurrir sin ser observado dio paso al pasado del principio, y en ese presente el amor de ellos es proporcional directamente de todo lo que le rodea, e inversamente proporcional de la distancia que los separa en aquel futuro, teniendo en su mano el principio de todos los tiempos y el final del mismo, porque lo infinito es un pequeño átomo donde se consume por la eternidad.
-Suena el celular de Dylan, el muchacho extrañado por la hora, frunce el ceño, rogando, pidiendo al cielo, al Dios que existe que no sea unas de esas tantas aventuras, se levanta sobre el cuerpo quieto de Raquel, y ahí de pie, observa como la muchacha está iluminada, como si estuviese en un teatro y ella sería el personaje principal con los reflectores sobre ella. Buscando entre sus cosas, Dylan al fin encuentra su teléfono, es Josías.
-¿Qué pasó?- Contesta Dylan
-¿Coñazearon a Damián?
-¡¿Qué?!
-Estamos acá en la clínica ¿Vos donde estáis?
-¿En qué clínica están?
-Se escuchan unos murmullos al otro lado del teléfono, Dylan preocupado por su amigo, empieza a vestirse, Raquel no entiende
nada, Dylan pone la llamada en altavoz.
-En Corazón de Jesús, apúrate, al parecer es grave, acá te contamos todo
-Tenemos que irnos- Comenta Dylan
-¿Ha pasado algo?
-Damián está en una clínica
-¿Qué le ha sucedido?
-No lo sé
-Dylan coge por la avenida 40, para dejar a Raquel en la casa de su abuela, se despiden con un tierno beso pero en esta ocasión no hay jubileo ni jugueteras por parte de los vecinos de la abuela de Raquel. Marca el número de Josías, hablan sobre la condición de salud en el cual se encuentra su amigo hospitalizado.
-Dilan se encuentra cansado, va hacia la casa de nona. Al llegar, la anciana le abre, y los dos se sientan, hablan por un buen rato, Nona le pregunta poir Raquel, y ]Dylan le cuenta todo, al escuchar esto, Nona decide contarle una historia al joven Dylan...