aqui y alla

4506 Palabras
-Dylan un poco cansado, luego de ir donde su amigo a la clinica, hablar con el, lo que se hara para arreglar el accidente, se encuentra escuchando una historia retorcida de Nona, pero parce no importarle en absoluto, sigue escuchando la historia de su vieja amiga, ya que siempre lo ha hecho. -Permíteme que lo ordene. Hace tiempo que no ves a Leo. Salid un rato. -Me doy cuenta de que necesitáis salir juntos. Este no era mi padre. Normalmente, necesitaba que nos quedáramos con ellos o en el patio de la entrada. Rara vez nos instaba a salir e invertir energía a solas. Claramente, estaba más estresado de lo que consideraba Nona. Sin embargo, tenía excusa para estar estresado. Tal vez fuera el instinto de padre. Leo se mantuvo firme con el plato y la taza cerca, un tipo cortés como siempre. Limpia su lugar en la mesa así como lava sus platos en el fregadero. Samantha Rodríguez había enseñado bien a su hijo. O si no, eso es lo que decía mi madre siempre. -Muchas gracias por la cena. Estaba deliciosa. -Leo nos sonrió a los dos y fue a guiñarme el ojo antes de levantar sus platos en la cocina. Se parecía a Nona. Nunca había tomado nota. Compartían una tonelada de cosas a todos los efectos en apariencia, sin embargo eran totalmente diferentes. El pelo de Leo, de color tierra, era tan largo que llegaba al escote de su camisa y se retorcía en los cierres. No tenía los labios tan carnosos como Nona, sin embargo tenía una espalda más extensa. Generalmente bromeaban que él tenía el brazo más castigado cuando se trataba de lanzar un balón de fútbol, sin embargo Nona lo tenía más castigado cuando se trataba de golpear a alguien. Eché un vistazo a mi madre, que tenía esa sonrisa ridícula que se le ponía cuando Leo volvía a casa. La pesadez de la responsabilidad se expandió. Nunca pude sonreír con Nona. -Es un chico decente -comentó ella. Me obligué a sonreír por centésima vez esa noche. Leo permaneció cerca de mí y me estrechó la mano. -La traeré de vuelta a las once, señor -dijo, comprobando que mi padre estaba bien. -Por favor, no te estreses por la hora. Sé que los dos hacen que recuperen el tiempo perdido para hacer. Leo parecía tan sorprendido como yo. En el caso de que no tuviera la menor idea sobre mi padre, habría pensado que estaba tomando la droga del enemigo de la tensión de mi madre. Cuando Leo cerró la entrada de su camioneta totalmente nueva, me tomó de la mano y tiró de mí para que me sentara cerca de él. Aquí no había palanca de cambios manual como en la camioneta de Nona. -Dios, te he echado de menos -murmuró, antes de arrebatarme la cara y besarme delicadamente en la boca. Fue todo tan decente como recordaba. Delicado, sensible y agradable. Me levanté, le pasé la mano por el pelo e intenté una parte de los nuevos procedimientos que había descubierto para comprobar si podía repetir la impresión de los besos de Nona: el mundo se estremecía bajo mis pies. Leo emitió un resoplido como de conmoción y dejó caer sus manos a mi cintura para acercarme a él. Sin embargo, seguía siendo... agradable. Por fin se apartó respirando intensamente y apoyó su sien en la mía. -Eso ha sido... guau. Sonreí, queriendo coincidir. -Si me hubiera visto obligado a evitarte una semana más, me imagino que habría perdido mi ver cualquier problema. Amo a mi familia, sin embargo estaba experimentando un caso genuino de "mono de George". La culpa se me dobló en el pecho. Sentí que las lágrimas acudían a mis ojos y apoyé mi cabeza en su pecho. Fue excesivamente grande. -George, algo está fuera de lugar. Lo vi cuando estábamos en la mesa. Parecías miserable y tus padres están actuando de una manera inesperada. -La pérdida de la abuela nos dejó en shock. Fue un duro golpe para todos nosotros. Creo que mi padre ha tomado varias pastillas de mi madre desde que actúa de forma tan anormal. Estoy intentando adaptarme. Por favor, acepte mis disculpas, estoy desanimado cuando acaba de regresar a casa. Me apretó el hombro. -Está bien. Lo entiendo. Salió de la cochera y condujo hacia su casa. Hoy estábamos de camino. No necesité preguntar. Era un lugar protegido y confinado. Sin duda, pensaba llamar a su padre para avisarle de que estábamos allí. Para asegurarse de que había jugado a lo seguro. No nos descubrirían haciendo algo sin consentimiento. Eso descoloraría su posición y nunca podríamos tener eso. Vi el tono sarcástico de mis consideraciones y cerré los ojos para reprenderme en silencio. Esta vez, la malhechora no volvería a su recinto sin obstáculos. La furgoneta se agitó de un lado a otro mientras avanzábamos por la calle sin asfaltar. Hoy no había luz. Las luces del vehículo iluminaron la calle trasera y unas cuantas criaturas de diversos tamaños salieron disparadas por todas partes. Al atravesar la calle arbolada, el crepúsculo brilló sobre el agua y Leo se detuvo. Se puso en contacto con el motor antes de mover la cabeza y mirarme. Por favor, acepta mis disculpas por no haber llegado, George. Perder a tu abuela de esa manera probablemente ha sido espantoso. ¿Podría decirse que estás angustiado por mí por ser interminable? Exactamente, lo que no requería, Leo sintiéndose arrepentido por no tener una explicación realmente obvia. Me sentí como un saco de basura. -Obviamente no estoy enfadado. Desearía haberte invitado como una dichosa y brillante dama. No te mereces esto. Me tocó la rodilla y me concentré en su mano. En general no era tan grande como la de Nona, ni estaba tan bronceada. -Está bien. Me doy cuenta de que el antiguo George volverá cuando termine el duelo. - Se detuvo y admiré su mirada. Tenía el ceño fruncido. Algo le molestaba. Lo había conocido durante toda mi vida, y me doy cuenta de que la articulación bien, también. Una parte de las mujeres de la congregación me hizo saber que Nona le tomó la mano durante el velorio. - Soltó una risa contenida. Les irritó y pensaron que yo debía saberlo. En lugar de reaccionar exageradamente, me enfurecí. Chismes tontos. En realidad, esto era lo que sabía que iba a ocurrir. Todo el mundo se pondría de acuerdo con Leo y escudriñaría a Nona. Como si debiera haberle puesto bastante más. Necesitaba gemir de insatisfacción. En igualdad de condiciones, respiré hondo para tranquilizarme y aumenté intelectualmente hasta diez. A veces, el recuento se encargaba de tranquilizarme. En el momento en que estaba segura de poder responder sin sonar enfurecida, exclamé lo principal que me vino a la cabeza. -Cuando no éramos casi nada, Nona estaba tan cerca de mí como tú. Se sentaba en el patio de la abuela con tanta regularidad como tú. Comía las golosinas de la abuela y jugaba con nosotros a las cartas como tú. La abuela era un pedazo de tu juventud. Era una de las pocas cosas excepcionalmente beneficiosas que tenía. Nona se dio cuenta de que te habías ido y de que yo estaría destrozado, así que vino a la capilla y me preguntó si había ido a verla en su ataúd. Concedí que no lo había hecho y que no sabía que podía hacerlo. Me instó a proceder a la despedida y me acompañó. Supongo que vio el temor en mis ojos y me dio la mano. Caminamos juntos hacia la parte delantera de la congregación. Me soltó la mano y se alejó mientras yo disfrutaba de mis últimos minutos con la abuela. Luego me volvió a coger de la mano y me sacó de la congregación en vista de que, al igual que tú, se da cuenta de cuándo me voy a separar. También se da cuenta de que la joven que hay en mí hubiera preferido no derrumbarse ante todos y que se entregaran de corazón a ella. Nos quedamos en silencio durante un par de momentos. Había visto la molestia en mi forma de hablar. Era inimaginable no hacerlo. -Recuerda que le expresé mi gratitud por ocuparse de mi joven. Le debo una. No era un momento como el presente en el que comprendiera que habían sido compañeros entrañables durante gran parte de sus vidas. En general, había sentido un poco de pesar por el hecho de que vuestro compañerismo se hubiera separado. Allí estaba una vez más, diciendo que se sentía mal. Todo lo que necesitaba hacer era volver a casa y meterse bajo las sábanas. Esto iba más allá de lo que podía soportar. La responsabilidad, la indignación, la decepción y la agonía iban a volverme loco. Nos dirigimos a la enorme hoguera. Había optado por no aclararle a Leo el suceso de la semana anterior con Ryan. Estaba terminado y no había sido tan horrible por lo mismo. Sin duda, sentir las manos de Ryan era repugnante, pero terminé la tarde jugando al billar con Nona. El recuerdo de su sonrisa al otro lado de la mesa mientras me disponía a tirar me hizo palpitar el corazón. Le echaba mucho de menos. Cuando nos abrimos pasó por el claro, un grupo de personas nos detuvo para invitar a Leo. Todos necesitaban hablar de fútbol. Sonreí y me quedé tranquila mientras comprobaba si el grupo tenía a Nona. No lo había visto desde que dejé su caravana sin despedirme. Desde aquel día, me había tumbado en la cama abrazando el teléfono, deseando que me llamara o que me comunicara algo concreto. Sin embargo, no lo había hecho. La posibilidad de que las cosas volvieran a ser como antes me asustaba. No podía estar con él como me hubiera gustado, pero hubiera preferido no perderle del todo. El resentimiento que sentía por cómo me había tratado se había ido difuminando. En estos momentos, simplemente necesitaba verle. Conversar con él. Ver su sonrisa. -Vamos, Nona y Nicole están por allí -dijo Leo mientras deslizaba su mano por mi espalda y me conducía hacia la pequeña reunión de jugadores y sus novias. La reunión estaba situada sobre los cimientos traseros de las camionetas y sobre viejos neumáticos de camiones agrícolas que habían sido colocados allí años atrás. Un pequeño fuego de pozo se encendió en la reunión, iluminando delicadamente sus apariciones. -Leo. El hombre ha vuelto -dijo George alegremente desde la parte trasera de una camioneta. Brooke Milery se acercó a él y le saludó con los dedos, haciendo alarde de sus deslumbrantes uñas rosadas. Se había separado la primavera anterior, sin embargo, por las vibraciones de la misma, habían vuelto a estar juntos -Yo no fui la persona que salió en el último partido por el título -le recordó Leo mientras se inclinaba hacia una camioneta y me acercaba a él. -Leo le recordó mientras se inclinaba hacia una camioneta y me acercaba a él. -Creo que tienes razón. Tendremos que asegurarnos de que el mentor le dé un poco de protagonismo a Rafael -añadió George. -Estoy de acuerdo -respondió Leo. Siguieron hablando de fútbol, pero me sentí incapaz de concentrarme. Nona estaba justo delante de mí. Me hizo falta toda mi determinación para no mirarla. Sonreí e hice lo necesario para no parecer tensa, a pesar de que me sentía incómoda con los brazos de Leo cruzados sobre mi cintura. Leo se colgó y besó mi santuario mientras me visitaba. Ofrecían algo para ampliar el horario de preparación. En cualquier caso, toda mi fijación se centraba en Nona. -Tierra a George. - La voz de Kay se entrometió en mis consideraciones. Levanté la cabeza y miré directamente hacia ella. A todas luces estaba esperando una reacción. -Mmm, no te he oído, lo siento -dije al ver el rubor que me subía por el cuello. Ella sonrió y enrolló un largo mechón de su pelo rojo alrededor de su dedo. -Pregunté si necesitabas ser una de las jóvenes del alma del año en curso. Tal vez nuestro mariscal de campo acepte tener una si te elige a ti. Las señoritas del alma eran señoritas seleccionadas por los promotores del equipo con el objetivo de que cada jugador tuviera una señorita dedicada exclusivamente a él en los días de partido. De manera informal, las soul young ladies también ayudaban a sus jugadores con las tareas escolares y pedían pizza para el almuerzo en la escuela, así como diferentes tareas, por ejemplo, masajes en la espalda y otros ejercicios más cercanos. Los mejores jugadores elegían a la joven que necesitaban y el resto se elegía por sorteo. -Claro que sí, obviamente -respondí. Leo dejó escapar una carcajada. -Todo lo contrario, George es mío. Kay le sonrió, aunque parecía más molesta que entretenida. -Este año vamos a designar a dos jugadores por cada jovencita. Así que tendrás que lidiar con otro chico. Los jóvenes no han elegido en este momento; sin embargo, dudo que te elijan a ti, ya que eres de Leo. Tendrás que entrar en la lotería. Nicole se rio y enseguida me preparé para uno de sus descorteses comentarios. Automáticamente, miré hacia ella riendo y enseguida deseé no haberlo hecho. Nona estaba sentada en el suelo, inclinada hacia la rueda de un camión agrícola, con las piernas abiertas. En el centro de sus fuertes piernas estaba sentada Nicole. Tenía un brazo alrededor de su cuello y el otro apoyado en su rodilla. Habría sido más sencillo para ella levantarse y golpearme en la tripa. Permitirle que me diera un par de puñetazos. En ese momento, la agonía habría sido una interrupción definitivamente más maravillosa que la sensación de estrechez que sentía en el pecho. Los ojos de Nona se fijaron en mí. Después de todo lo que habíamos vivido juntos, esperaba encontrar en ellos una pizca de... No tengo la menor idea. De algo. Sea como fuere, verme no parecía haberla impactado en absoluto. Tal vez esos catorce días nunca habían existido. Tragué la sensación de presentimiento en lo más profundo de mi alma. - Sabes, George, generalmente he pensado en lo que realmente haces tan bien para mantener a Leo en una cuerda tan corta. Estoy seguro de que ocultas algún tipo de habilidad secreta. Nicole arrastraba las palabras, pero se había levantado con claridad y estaba seguro de que todos la habían oído. De hecho, incluso las personas que no estaban en nuestra pequeña reunión. El estómago me latía. Dios mío, confiaba en no volver a vomitar. -Ella no solo es algo, sino que es ideal en todo lo que hace. - La voz de Leo sonaba tan tranquila y maravillosa como La voz de Leo sonaba tan silenciosa y encantadora como cualquiera podría pensar que es posible. -Cuestiono eso sin lugar a dudas. No has recordado lo que parece vivirlo -gruñó Nicole. Leo se endureció y sus brazos me apretaron más, como si me estuvieran salvaguardando. En general, había pensado en cómo Leo había manejado a Nicole cuando eran novios. Había habido ocasiones en las que había sentido envidia cuando ella le echaba un vistazo, como si supiera cosas de él que yo no tenía ni idea. Sin embargo, Leo era tan cauteloso de no pasar de los besos que acepté que era básicamente tan modesto como o potencialmente lo era también. "Era" es la palabra clave. -Cállate, Nicole. - La profunda voz de Nona gruñó ante la orden. Dejó escapar una carcajada más y se inclinó hacia delante para retorcer sus pechos sin sujetador ante Leo. -Te acuerdas de lo bien que lo pasamos, ¿verdad, Tú? Lo pasamos bien -continuó Nicole, arrastrando las palabras. -Cállate de una puta vez -soltó Nona indignada, apartándola. Darme cuenta de que mi novia no era tan poco práctica como había aceptado, debería haberme perjudicado. La forma en que no había sido capaz de mantener sus manos fuera de Nicole a pesar de que no tenía ningún problema en mantener sus manos fuera de mí debería haberme preocupado. Sea como fuere, no lo hizo. Lo principal que sentí fue alivio al ver que Nona alejaba a Nicole. Oye, no fue mi intención- dijo Leo tomándome en brazos al llegar a su camioneta-. Mira ¿Sabes que puede llegar a ser despreciable? Aun me pregunto por qué salí con esa mujer. Ruego al cielo que Nona se quite de ella. Me besó la parte superior de la cabeza como si fuese una cría que requiere un poco de consuelo. Impaciente por no quedar en ridículo por llorar. Tenía decidido saber la causa. Siempre en mi inocencia había creído que este sujeto estaba libre de pecado por lo tanto el tiempo de yo siempre estar en casa, como buen ejemplo a esta sociedad. - ¿Te acostaste con ella, Leo? - pregunté mirándole a los ojos. Su expresión de culpa contestó por él. Me cogió la cara entre las manos. -Lía, ocurrió hace mucho tiempo. Fue mi primera novia, y aunque periodo bastante salvaje para tener trece años, todavía éramos muy jóvenes. Claro que no nos acostamos - explicó. -Está claro que algo hiciste. A mí casi ni me tocas, pero parece que con Nicole llegaste mucho más lejos. Leo frunció el ceño. No esperaba que manifestase mis sentimientos. Normalmente, cuando estaba molesto y o intentaba que se sintiera seguro. Nunca quería contrariarle. Ponerle las cosas fáciles a Leo había sido mi mantra durante demasiado tiempo. Bien, esa parte de la farsa que estaba viviendo se había acabado. Basta de darle palmaditas en la espalda. -Lía, tomé algunas malas decisiones con Nicole. Me empujó a hacer algunas cosas. Y sucumbí. Pero tú, tú eres diferente. Eres buena. Lo nuestro no es cuestión de sexo. ¿Cómo se puede estar enamorado de alguien y no querer sexo? Éramos humanos. Él periodo un adolescente, tenía hormonas. - ¿No te sientes atraído por mí? Sé que no tengo el cuerpo de Nicole, ni voy a ganar ningún concurso de belleza, pero si me quieres lo lógico es que acostarte conmigo te resulte tentador. Tres semanas no habría tenido el coraje de decir esas cosas. Estar con Nona me había cambiado. La expresión de Leo se debatía entre la sorpresa y la confusión. -Lía, te respeto. Eres lo que siempre he querido en una mujer. No eres solo una chica cualquiera con la que pasar el rato durante mis años de instituto. Pienso casarme contigo algún día. ¿Casarme con él? ¿Cómo? ¿De verdad? DIOS MÍO. Sonrió y mi expresión de asombro. -Te quiero, Lía. Quiero quedarme contigo para siempre. Me atraes mucho, pero no quiero que mi futura esposa pierda la virginidad en la plataforma trasera de una camioneta. Nona, período un gran engaño. Lía no período feliz. Se le notaba en la cara. Había estado tan tensa cuando Leo la abrazaba, que periodo imposible no darse cuenta. Eso también me había cabreado. No soportaba verla tan incómoda. Entonces Nicole abrió su estúpida boca y consiguió disgustarla aún más. Quería creer que se lo merecía, pero no podía. Algo iba mal. Me había equivocado al no enfrentarme en ella cuando vino a verme. Mi estúpido orgullo había dejado que se marchase. La había cagado, pero bien. -No seas tan malo - dijo Nicole, apoyándose en mi brazo en un intento de no caerse de bruces. La agarré de los hombros y la empujé para que se sentara en la rueda de detrás. No podía mantenerse de pie sin ayuda y o no quería sentir sus manos encima de mí. La expresión en los ojos de Lía cuando nuestras miradas se encontraron había hecho que cada parte de mi cuerpo que Nicole había tocado me pareciese sucia y revolting. La quería lejos de mí. - ¿Qué pasa contigo y con Lía? - La pregunta de Kay la me sacó de mi agitación interna, y dirigí la vista hasta su mirada curiosa. Mierda. Siempre es una mujer la que se da cuenta de lo que los demás ignoran. -Entre Lía y o no pasa nothing. Arqueó una ceja con incredulidad. -Mmm, lo que tú digas, Nona - replicó risks de llevarse el vaso de plástico a los labios. Esta chica siempre había sido una entrometida. - ¿Puedes llevar a Nic a casa? - pregunté a Lía, apartándome lo suficiente como para que Nicole no pudiese meterme mano. Lía se encogió de hombros. -Sí, supongo. Si me echa los tejos, ¿me darás una paliza mañana? -No, disfruta un rato. Sonrió con suficiencia y sacudió la cabeza. No esperé a ver qué tonterías se le escapaban de la boca y me dirigí a la camioneta. No podía quedarme. Solo había venido porque sabía que ella iba a estar aquí. El deseo de verla había sido la única razón por la que había aguantado a Nicole y a Leo. La echaba de menos. La echaba la hostia de menos. Después de ver su sonrisa triste y su mirada esperanzada mientras se alejaba, mis ilusiones de que quizá lo nuestro no había acabado se habían renovado. Quizá seguía teniendo una oportunidad. Lía El aparcamiento del instituto estaba prácticamente vacío. Solo quedaban unos cuantos coches aparcados. Reconocí la camioneta de Leo y también la de Nona. Estarían entrenando. Yo llevaba más de una hora aplazando mi vuelta a casa. Leo estaba en la sala de pesas y no había respondido a mi último mensaje. Todavía no me sentía capaz de volver a casa. Mi tía Carolina y su hija Lana habían llegado la noche iremos con la intención de quedarse durante un período de tiempo indeterminado. Habían pillado al tío Adecio con su secretaria, haciendo cosas que no debería encima de la fotocopiadora, y la tía Laura había huido de su casa en el valle. Nuestra casa se había convertido en «el único lugar en el que puedo pensar», y gracias a eso nos tocó el premio gordo. La tía Laura lloraba histéricamente y divertía a cualquiera que pudiera sintonizar con el relato de cómo había encontrado a su media naranja. Escucharlo la primera vez fue molesto, hubiera preferido no tener que prestar atención a las redundancias. Que Lana atacara mi propio espacio fue además excepcionalmente desconcertante. Era tan amable y refinada. Hubiera necesitado despeinarla y abofetearla hasta que mostrara algún tipo de sentimiento. Leann había empezado a ir al colegio, Leo estaba asociado al fútbol y Nona andaba como si no existiera. Antes, en ocasiones como esta, cuando me sentía sola y perdida, corría hacia la abuela para solucionarlo todo. La vida era tan poco razonable. - ¿Qué te hizo el vehículo? La voz de Nona me hizo saltar. Fui a buscarlo un par de metros detrás de mí, con la gorra protectora y los cojines en una sola mano y la camiseta que debía llevar en la otra. ¿Por qué razón necesitaba generalmente pasearse sin nada puesto? Su mirada pasó del vehículo a mi cara. Me mezclé un poco, ansioso. Hacía dieciséis, no, diecisiete días que no nos distanciábamos de los demás. -Has permanecido allí durante cinco minutos frunciendo el ceño hacia el vehículo. Supongo que te habré indignado aquí y allá. Mis ojos se cargaron de lágrimas. Hacer que se quedaran tan cerca y me echaran un vistazo y me hablaran directamente fue brillante y además inimaginablemente agonizante. - ¿Qué está pasando, Lía? Aumentar la sensación de presentimiento en lo más profundo de mi alma no ayudó. Digité mi labio y me encogí de hombros. Leí la vacilación por todas partes. Por fin, ella fue a por mí mochila y contactó con mi cintura. -Acompáñame. Puedes hablar, yo te sintonizaré. No contendí con él. Lo necesitaba. Dejé que me guiara hasta su camioneta y me abrió la entrada del viajero para que pudiera entrar. Desde el principio, no hablamos. Luché por mantener mis sentimientos en secreto mientras él conducía su camioneta en una dirección reconocible que yo sabía que provocaba los estrechos. - ¿Podría decirse que me vas a hacer saber lo que te tiene tan perturbado? - inquirió. Me miró de reojo brevemente, pero en ese momento volvió a mirar a la calle. No sabía cómo responder a la pregunta. Había mucho que contar. Estaba actuando con Leo como alguien más. Alguien de quien podía prescindir. Las clases habían comenzado de nuevo y Nona estaba allí constantemente, en los pasillos, en la cafetería, en los salones de clase. Podía verlo, sin embargo no tocarlo. Eso me estaba matando. Y después estaban Lana y mi tía Laura, que me habían quitado el principal refugio que me quedaba. Mi hogar. Mi habitación. -Vamos, Lía, hazme saber qué está pasando. -Mi tío socavó a mi tía y actualmente mi tía y mi primo se han mudado a mi casa. Lana está en mi habitación constantemente. Mi tía se pasa todo el día llorando y repitiendo la horrible historia de cómo lo consiguió. No tengo ningún lugar donde esconderme. Quiero salir corriendo hacia el bosque y gritar. La risa apagada de Nona debería haberme irritado, al fin y al cabo estaba ridiculizando lo que está pasando, sin embargo la había echado tanto de menos que me hizo sonreír. -La familia puede ser una seria molestia -dijo en tono solemne. Contemplé si insinuaba a Leo, ¿le molestaba que estuviera con su primo? Fui incapaz de saberlo. Tenía que aceptar que disimulaba su afecto por mí, aunque pareciera inverosímil. Se reía y jugaba con cada una de las bellas jovencitas de la escuela, como generalmente lo hacía. - ¿Así que esa es la razón por la que fruncía el ceño ante su vehículo como si tuviera dientes y necesitara desgarrarlo? ¿Desde que prefirió no volver a casa? Consideré la posibilidad de admitir que te echaba de menos. En consecuencia, necesitaba luchar contra la tentación de subir al vehículo y conducir hasta el bar donde habíamos jugado al billar para localizarle. Dio un golpecito en el asiento de al lado y me moví con decisión. Su mano vio como la mía y la apretó. Curiosamente, desde que Leo había vuelto a casa, me sentía total. Estar con Nona me hacía creer que todo se solucionaría. Que los problemas que nos mantenían separados no harían ninguna diferencia de forma duradera, y que con el tiempo todo se solucionaría. Nos detuvimos ante la ensenada. Todo parecía tan cambiado a la luz del día. Me soltó la mano y me iba a apartar cuando me rodeó con su brazo para acercarme. Dejé escapar un murmullo de satisfacción y apoyé la cabeza en su hombro. Hombro. Ninguno de los dos dijo nada. Nos quedamos mirando la puesta de sol sobre el agua. Mis párpados empezaron a sentirse pesados y sonreí pensando en lo sencillo que era todo el punto en el que estaba con él. -Lía. - El aliento de Nona estimuló mi oído. Abrí los ojos de golpe y tardé un momento en recordar dónde estaba. Recorrí mis párpados para despertarme y me arreglé poco a poco.
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