-¿Que carajos esta contando Nona? En tu tiempo no habia computadoras, mucho menos un telefono, ¿Lo estais inventando todo?
-Pregunta Dylan un poco confundido
-Hijo, se te olvida que soy escritora, solo lo acomode a tu tiempo para que puedas entender mejor, ya que eres medio bruto
...Continua Nona comentando
Mucho más después de haberla visto separarse y llorar, rápidamente antes. Eso me había destrozado. No necesitaba que se sintiera miserable. No necesitaba que soportara no necesitaba que ella experimentara ningún agravio. Simplemente necesitaba salvaguardarla de todo. Me di cuenta de que sonaba a locura, sin embargo me mostré incapaz sin embargo, no pude resistir el impulso de tener esa impresión. Detuve la furgoneta entre los robles que propiciaban la entrada del parque de caravanas donde había continuado durante lo que parecía una eternidad, me colgué y la besé. La entrada del parque de caravanas donde había vivido toda mi vida, me colgué y besé a George en la coronilla. George en la coronilla. Así es como debería haber sido todo el tiempo.
George cerca. Esta fue la forma en que el destino ha sonreído desde el cielo.
-Además, ¿qué vamos a hacer en tu habitación? - preguntó ella. Abrí la entrada y deslicé mi mano sobre su muslo, tirando de George hacia mí para bajarla al suelo. Para bajarla al suelo.
-¿Qué modelo de negocio propones? - respondí con una sonrisa. Ella puso sus manos en mis hombros, la tomé en mis brazos y la bajé al suelo. La cogí en brazos y la puse en el suelo. - Soy malo en el Monopoly. Ya lo sabes. Yo era bastante malo en el Monopoly. Cada vez que estábamos cerca de nada, Leo dejaba continuamente su éxito. Sea como sea, no lo hizo. Generalmente me quedaba hasta con su último billete. El último billete. George podría haber prescindido de las cosas simples. Le encantaba una prueba. Podía ver eso y, después de todo lo dicho y hecho.
-Sin duda, se te da fatal -coincidí y deslicé mi mano alrededor de su sección media, conduciéndola a la entrada de la comitiva. A la entrada de la caravana. Podemos jugar. George se rió y negó con la cabeza.
-También solías ganarme constantemente. Básicamente al póquer. Estaré desnudo en menos de un cuarto de 60 minutos.
-De acuerdo, me has convencido. Jugaremos al póker de desnudos -intervine-.
-En el caso de que necesites que me desnude, no hace falta que me ganes a las cartas -contestó en tono provocador. En el caso de que me necesites desnuda, no necesitas ganarme a las cartas –dije
Efectivamente. Esta era mi jovencita.
-Hecho. Desnúdate", pedí mientras cerraba la entrada tras nosotros. George echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. La lástima que La lástima que se escondía en sus ojos ya no existía. Eso era lo que deparaba el futuro. De hecho, yo también necesitaba que se expusiera, aunque esa no había sido mi principal preocupación. Ese vino después.
-¿Podría tomar una bebida antes? - preguntó George, pasando su mano por mi pecho.
-Supongo que sí, suponiendo que eso es lo que necesitas -respondí, bajando la cabeza para besar su estructura facial y la delicada piel detrás de su oreja. Besar su estructura facial y la delicada piel detrás de su oreja. George dejó caer sus manos detrás de mí cuello y se curvó contra mí. Si
Si seguía así, nunca llegaríamos a mi habitación.
-He ajustado mi perspectiva -murmuró antes de bajar a mis pantalones para tirar del botón. Para tirar del botón.
-¿Es cierto o no que estás seguro? - pregunté, picándole el cartílago de la oreja. Ella se estremeció en mis brazos e hizo un gesto. Esto no podía estar fuera de lugar, se sentía Se sentía mejor.
-Esto es excesivo -murmuró mientras me desabrochaba los pantalones y empezaba a bajarlos. Tirando de ellos hacia abajo. Yo también necesitaba quitármelos, pero no en la sala de estar. Lo necesitaba en mi habitación. En mis sábanas. Para poder olerla cuando no estuviera allí.
-A mi habitación -pedí, mientras seguía un camino de besos por su El cuello. El estremecimiento que recorrió su cuerpo no hizo más que vigorizarme considerablemente.
Bajé y subí el ribete de su vestido para tocarla. Me quedé Me quedé helado y seguí mirándola mientras mi mano rastreaba la delicada corbata.
-Madre mía, ¿dirías que llevas correa?
Necesitaba quitarle el vestido y a. La gran joven era realmente perversa y yo adoraba hasta el último rastro de su cuerpo. Adoraba hasta el último rastro de su cuerpo. George se limitó a hacer un gesto y a apretar los labios para ocultar una entretenida sonrisa. Apreciaba darse cuenta de que podía inspirarme profundamente.
-Fuera. Necesito este vestido de vez en cuando", le pedí. No me senté a esperar que me ayudara.
Ayuda. Observé la cremallera y la bajé por el pliegue de sus caderas, luego, en ese momento, dejé que cayera por sus hombros. Dejé que cayera por sus hombros. La textura cayó descuidada al suelo, y me quedé retenida viendo a George. Me quedé viendo a George con un elegante sujetador oscuro y un tirante prácticamente imperceptible a juego. Además, un tirante prácticamente imperceptible a juego. No veía la razón de llevar un tirante que no cubría prácticamente nada, pero no me imaginaba que pudiera No veía la razón de llevar una correa que no cubría casi nada, sin embargo no voy a decir nada negativo. Decididamente se ocupaban de mi mente creativa. Decididamente cuidando mi mente creativa.
-Por favor, acepta mis disculpas
-Sois maravillosos. Esto es..." Las palabras salieron de mi boca. La dejé hacer hasta que no pude más. Me conecté, la agarré por las axilas y la pegué contra la mampara.
"Me vuelves loco. Lo único que necesito es contactar contigo", le dije, dispuesto a tener relaciones sexuales con ella.
-Entra, Nona. Por favor", pidió George. Me eché hacia atrás y respiré hondo unas cuantas veces.
-George, no puedes hacerme esas declaraciones -dije mientras la hacía mía. ¿Cómo iba a ser la sensación considerablemente más maravillosa que la vez inicial? George puso sus manos a uno u otro lado de mi cara y levantó sus caderas para que me hundiera más en su interior. El consumo en sus ojos me hizo temblar.
-Sólido, Nona Rodríguez. George Gray acabaría matándome. George, no has contestado a mi correo electrónico, eso implica que posiblemente no lo hayas recibido, lo cual es muy lógico teniendo en cuenta que el acceso a Internet aquí es horrible, o que algo no va bien. He intentado llamarte varias veces, pero no encuentro la inclusión en ningún sitio.
Tengo noticias edificantes y noticias horribles. La noticia horrible es que Laura tuvo una respuesta hipersensible a alguna planta de por aquí y le salió una urticaria; mi padre la llevó al centro de traumatología de la ciudad más cercana. Volvieron una hora antes, Laura está bien, sin embargo mi mamá está anticipando su regreso a casa.
Eso me lleva a la noticia edificante. Voy a volver a casa. Mientras compongo esto, estamos presionando; te llamaré cuando me reúna. Permanece en tu teléfono móvil. Realmente quiero escuchar tu voz. Además, llama a Nona de mi parte y hazle saber que he vuelto, para que podamos ir a la sala de pesas siete días antes de lo previsto y prepararnos para el entrenamiento de fútbol. Y además aconséjale que reduzca la infusión. Quiero que mi mejor beneficiario se vea bien. Te quiero,
Me quedé mirando la pantalla del PC durante un rato. No tenía la menor idea de qué hacer.
No tenía ni la más remota idea de qué hacer. A quién decírselo. A dónde ir. Cerré el ordenador y lo aparté.
Me había despertado dándome cuenta de que tendría que enfrentarme a mis padres, que se habían ido el día anterior con Nona. Temía la discusión con ellos, pero esto era mucho más horrible. La pantalla de mi teléfono se iluminó antes de que Eye of the Tiger comenzara a sonar sin precedentes durante tres semanas. Leo había puesto en mi teléfono Eye of the Tiger como tono de llamada personalizado. Cogí el teléfono lánguidamente y apreté el botón de confirmación antes de ponérmelo en la oreja.
-Hola.
-Gracias, cariño, me alegro de oír tu voz. ¿Recibiste mi correo electrónico? Aguanté un tiempo antes de llamar, hubiera preferido no despertarte. Estamos a unas dos horas de distancia. Mi padre me va a dejar en tu casa, estoy deseando verte. La culpabilidad, la decepción, la indignación y el frenesí se arremolinaron en mi interior. Agarré el teléfono con firmeza mientras intentaba respirar con normalidad.
-Ok, hola, efectivamente, acabo de leerlo. No puedo aceptar que te aventures a salir delante del horario.
La ausencia de emoción en mi voz era indiscutible. La tranquilidad reinaba brevemente, y comprendí que el cerebro de Leo se quedaba trabajando más allá de las 40 horas.
-¿Simplemente te has despertado? No pareces estar excepcionalmente feliz por mi regreso.
Estaba anticipando chillidos de placer o algo parecido. Genial, estimula sus dudas incluso antes de que llegue. Tenía que arreglarlo. Era incapaz de interferir con Nona y Leo. Durante toda su vida habían sido como hermanos. Nunca me excusaría de ser responsable de su separación. Me asombraba comprender que a menudo pensaba más en su relación que en la mía con Leo.
La agudeza de mi voz era evidente. Mi padre me miró mucho más. Podría haber prescindido de mi tono, sin embargo pude percibir que estaba pensando en mi razón. Me quedé tranquilo, pidiendo que confiara en mí. Después de un tiempo aparentemente interminable, hizo un gesto y dejó escapar un gran gemido.
-Comprendo que has luchado. Con Leo fuera y tu madre y yo ocupados con los servicios funerarios y toda la familia aquí, no hemos estado ahí para ti. Me gusta que Nona haya reconocido que querías a alguien y haya intervenido.
En cualquier caso, no es el tipo de persona con la que necesito que te comprometas. Es el primo de Leo y cuando ha llegado, me parece bien. Sea como fuere, Nona Rodríguez no es de las buenas. Su padre era inusual y su madre es una chusma. Podría obtener una posición terrible por pasar tiempo con su tipo. La mala organización es peligrosa. Recuérdalo.
Necesitaba levantarme y llorarle al paraíso que no sabía nada de Nona. No importaba quiénes eran sus padres. No estaba más bien que mal culpar a la niña por las malas acciones del padre. Me quedé callado hasta que probé la sangre en un esfuerzo por no gritar de descontento.
- ¿Quién llamaba tan temprano? - preguntó mi padre, mirando de reojo hacia la celda que descansaba cerca del cojín.
-Leo. Alivio mostrado por todas partes. Esperaba irse antes de que se le fuera la olla.
- ¿Es eso cierto? ¿Cómo va con?
-Está viniendo. Estará aquí a tiempo para el servicio de entierro.
La increíble sonrisa de mi padre hizo que se estructurara un montón en mi estómago.
-Grandioso, impresionante. Estoy feliz de que se acerque para el servicio fúnebre de tu abuela. Es un chico decente.
Mi padre salió de la habitación con una articulación cumplida, cerrando la entrada tras él. Fruncí el ceño en la entrada, de forma similar a como deseaba haber terminado con mi padre. Dejé el vehículo en la cochera de roca antes de apagar el motor. La camioneta de Nona era el principal vehículo que quedaba cerca del remolque. Su madre ya no estaba. Eso fue lo más positivo de mi visita. Esperaba hacerlo solo. Leo llegaría en treinta minutos. Habría ido antes, pero tras conversar con mi padre en la primera parte del día, concluí que sería más inteligente esperar a que se fuera. Me palpitaba el pecho. Apreté la palma de la mano contra el corazón tratando de facilitar el agravamiento. Debe haber un límite para la angustia que un individuo puede experimentar en una semana de soledad. Yo estaba llegando a mi límite. Realmente quería una maravilla. Una risa áspera surgió dentro de mi pecho ante la perspectiva de ocurrencias sobrenaturales. ¿Quién pensaba ayudar a un malhechor a conseguir el niño terrible? Sin embargo, la nona no era terrible por dentro. Realmente no lo era. Actuaba así porque era lo único que conocía. Había sido criada por una servidora que saltaba de una cama a otra sin preocuparse por el estado conyugal de su cómplice. Nadie había intentado enseñarle a Nona cómo actuar adecuadamente. En cualquier caso, por dentro era una persona magnífica. Era liberal, paciente y comprensiva. Reconocía a los demás tal y como eran. El principal individuo en mi vida apto para eso había sido mi abuela.
La entrada del tren se abrió de golpe y Nona se aventuró en el escalón inicial. Sólo llevaba unos pantalones de cintura baja. No tenía zapatos. Contuve las lágrimas. Había llegado al final de todo, excepto que sentí que me arrancaban el corazón del cuerpo antes de decir una palabra. Me puse en contacto con la entrada y escapé del vehículo. Tuve la sensación de moverme con lentitud. Nuestras miradas se encontraron mientras cerraba la entrada del vehículo. Su sonrisa se desvaneció y se formó un pliegue de preocupación en todo el cuerpo. Me comprendía tan bien... En general, sabía lo que yo pensaba. Cuando éramos niños, nunca necesité hacerle saber que me sentía mal. Él lo sabía, y se dirigía a arreglarlo antes de que Leo reconociera que alguien me había ofendido. No se movió. Me observó mientras me ponía lenta pero seguramente, deseando más que nada en la tierra que no necesitara hacerlo. Por primera vez, probablemente, necesitaba ser infantil y conseguir lo que necesitaba. No recordar los resultados y lanzarme por completo a los brazos de Nona. Necesitaba decirle que la apreciaba. Necesitaba besar su cara en esa zona general, permaneciendo ante el remolque en plena perspectiva de cada individuo que tenía sus narices apretadas a la ventana para curiosear. Necesitaba garantizarlo como mío, pero no podía hacer nada de eso. Nuestra fantasía no podía terminar bien. Perdería a Leo. Además, todo el pueblo despreciaría de forma transparente a Nona, en lugar de contentarse con murmurar a pesar de su buena fe que acabaría siendo muy parecida a su padre.
Nadie nos apoyaría. No pude decirle a Nona por qué.
Por qué. Era más audaz que yo. Lucharía por mí. Perdería lo poco que tenía
en esta absurda ciudad, lo perdería por mí y en vano. Mis padres nunca podrían permitirlo. Necesitaba liberarlo. Lo que necesitaba no tenía ninguna importancia. El de Nona
El futuro de Nona sí.
-Algo me hace saber que esta no es la clase de visita que esperaba cuando vi su vehículo blanco.
Vehículo blanco. - Su voz estaba estresada.
Luché por evitar que las lágrimas que brotaban de mis ojos bajaran por mis mejillas.
Mis mejillas. Necesitaba hacerlo. Era algo bueno. Lo mejor para él.
-Leo vuelve hoy a casa -dije a través de la sensación de presentimiento que había en lo más profundo de mi alma. Nona se aventuró a volver y me hizo una señal para que pasara. Me aparté de su mirada
Me aparté de su mirada y entré en su caravana por segunda y última vez. Siempre podría ser incapaz de
volver. No con Leo aquí. Sin embargo, también sería siempre incapaz de no recordar la comida de la mañana que compartimos en la mesa de la cocina. Su risa y la forma en que su mandíbula se movía al morder.
La mandíbula se movía al morder. Verle comer me había embelesado. La entrada se cerró tras de mí y me quedé mirando la mesa descubierta. Descubierta. Todo lo que había era una caja de cereales abierta y un bol vacío. Nona deslizó sus brazos alrededor de mi cintura. Me di cuenta de que debía apartarme, pero me sentí incapaz de hacerlo. Me sentí incapaz de hacerlo. Este era mi hogar. Su abrazo me llenó de armonía.
En cualquier caso, saber que esta sería la última vez que ella se pondría en contacto conmigo hizo que el abrazo se mezclara.
Mixto. Respiré profundamente, absorbiendo su fragancia, su brillo, la vibración de sus manos en mi estómago.
La vibración de sus manos en mi estómago.
-Nos dimos cuenta de que este día iba a llegar, independientemente de que fuera antes de lo previsto. He estado dándole vueltas a todo y necesito que me permita conversar con él. Quiero hacerlo.
-No -intervine-. Necesitaba ofrecer algo antes de destaparme en exceso. Hasta el extremo. Sus arreglos eran inútiles. No quedaba casi nada por arreglar. Me hizo enfrentarme a él y me acarició el pelo con sus manos. Observé con vulnerabilidad cómo movía su cabeza hasta que sus labios acariciaron los míos.
Acariciaron los míos. Me di cuenta de que tenía que terminar, pero le devolví el beso con codicia
insaciablemente. El estruendo que reverberó en su pecho hizo que mis rodillas se estremecieran.
Cerré los ojos con firmeza y lo alejé.
-No puedo acompañarte, Nona -dije, sin despertarme. Al ver su rostro
mientras articulaba esas palabras, que eran totalmente importantes, me mataría.
No habló ni intentó ponerse en contacto conmigo. Me di cuenta de que estaba esperando a que terminara.
Quiero a Leo. No puedo hacerle daño. Por favor, acepta mis disculpas.
Había tantas cosas a las que tenía que dar sentido. Tantas cosas que había practicado en el camino; sin embargo, la sensación de presentimiento en lo profundo de mi alma me impidió hacerlo.
En el camino, sin embargo, la sensación de presentimiento en el fondo de mi alma me impidió hacerlo.
-De acuerdo -contestó suavemente.
Levanté la cabeza poco a poco y me desperté para ver su cara. "Bien" no era
la respuesta que había previsto. En el momento en que vi su comportamiento por completo, mi aliento quedó atrapado en mi garganta.
Aliento. No parecía miserable. No se veía humeante. Parecía...
agotado. Estaba luchando por no llorar histéricamente y él no hizo una mueca de dolor. Más que sentirme mejor, mi corazón se rompió. ¿Había insinuado tan poco para él? Me había hecho saber que me adoraba.
¿Cómo pudo engañarme? Miré como sacaba su teléfono del bolsillo y hacía un mensaje a alguien. Necesitaba gritarle para mostrar alguna inclinación. Para mostrar que se lo había pensado dos veces. Que él también estaba soportando. Que suponía que era capaz de luchar por mí.
Levantó sus ojos color avellana para mirarme.
-Tengo que tomar una decisión telefónica. Suponiendo que eso es todo lo que necesitabas decirme...
-Hizo un gesto hacia la entrada. Pasé junto a él sin decir nada. Ni siquiera se despidió.
Ni siquiera se despidió.
Nona
Cuando oí que el vehículo de George se ponía en marcha, lancé el teléfono contra la mampara.
Cayó al suelo en pedazos. Me sentí igual. Roto. Roto.
Desintegrada. Estaba tan segura de que me adoraba... A pesar de que nunca había expresado las palabras, había estado segura más allá de una sombra de duda de que George me adoraba.
Expresado las palabras, había estado segura, más allá de una sombra de duda de que George me necesitaba a mí y no a mi prima ideal.
Me necesitaba a mí y no a mi primo ideal. En ningún momento había detestado a Leo, sin embargo, en ese momento, no lo soportaba. Lo despreciaba por arrebatármela. Lo detestaba por controlarla. Lo detestaba desde que tenía su
amor. Un trueno atravesó la habitación y apenas percibí que había surgido de
Fui, incapaz de quedarme. No pude quedarme. ¿Cómo es que podía quedarme y verlos? ¿Cómo es que podía ir a clase y mirar mientras él se ponía en contacto con ella?
-¿Qué os pasa a todos hoy? Nada menos que alguien podría afirmar que está contento de que haya vuelto. Intenté sofocar el pequeño signo prometedor que intentaba rastrear su dirección a través de mis consideraciones.
A través de mis consideraciones. Está claro que no se refería a George.
-Estoy seguro de qué... George está contento de que hayas vuelto -respondí.
Contemplé si había visto que yo había intentado no aludir a ella como su media naranja.
Su media naranja. No estaba dispuesta a reconocerlo. Dejó escapar un gemido de decepción.
-No, parecía estar ocupada. Acabo de enterarme de lo de su abuela. Hombre, debería haber estado cerca. Ella es desgraciada y es posible que yo sea estrecho de miras por querer contentarse con verme una vez más.
Ella se hubiera alegrado de verme una vez más. ¿La has visto? ¿Podría decirse que está bien?
Debe ser extremadamente cauteloso. Se había decidido por su elección. En realidad no pretendía que
pudiera alterar su perspectiva; sin embargo, necesitaba practicar la alerta. Necesitaba
salvaguardarla.
-Ella es una verdadera bomba. Nos hemos encontrado por casualidad dos o múltiples veces.
Nos ayudó a Laura y a mí una noche en la que había bebido mucho. Ella nos llevó
Ella nos llevó de vuelta a casa. Además, ayer fui a darle el pésame y todo. Me acuerdo de su abuela.
Ella cuidó de mí.
Leo murmuró.
-Muy agradecido, tío. Realmente me gusta que vayas. Me doy cuenta de que implicaba mucho para George.
Golpeé mi mano cerrada contra el divisor. No requería que él expresara su gratitud hacia mí. No lo había hecho por él.
No lo había hecho por él.
-De hecho, ¿te veré en el servicio conmemorativo?
No, no estaba preparado para verlos juntos. Ver a Leo contactando con George
podría ponerme furiosa en el funeral de su abuela.
-Tengo actividades. Estuve allí ayer, sin embargo, estás a partir de ahora aquí, y he llevado a cabo mi responsabilidad.
Llevado a cabo mi responsabilidad.
-De acuerdo. Considerando todo esto, gracias una vez más. No es una broma lo del centro de recreo, ¿eh? Mañana a primera hora.
En la primera parte del día vamos a ir. Hay que poner en forma esa tripa.
-Por supuesto, nos vemos.
Dejé caer los trozos del teléfono sobre la mesa. Necesitaba hacer arreglos.
Esperaba considerarlo a fondo. ¿Había metido la pata al soltarla? ¿Se anticipó a que yo la detuviera?
¿Ella anticipó que yo debía detenerla? George Gray iba a volverme loco.
George
-Le dijiste a Leo que podía quedarse a cenar con nosotros, ¿no es así?
Mi padre se quedó en la entrada de mi habitación. Había vuelto a casa
después del servicio de entierro y me había metido de lleno en el baño para poder llorar en privado.
Había vuelto a casa después del servicio fúnebre y me había metido de lleno en la bañera para poder llorar en privado. Cuando el agua se enfriaba, me secaba las lágrimas y me obligaba a calmarme.
¿Qué podría haberme animado a hacer la abuela? ¿Podría haberme aconsejado que prestara atención a mi corazón?
O, por el contrario, ¿podría haberle dado la razón en mi elección?
Recordé la respuesta de Nona a mis palabras. ¿Qué esperaba que hiciera?
¿Caer a mis pies con lágrimas en los ojos? Tendría que alegrarme de que se lo hubiera tomado tan bien.
Tendría que alegrarme de que se lo hubiera tomado tan bien. Habría preferido no aumentar mi responsabilidad haciéndole daño.
-Sí. Llegará a las seis.
Me senté en la cama. Mi padre parecía estar contento con la respuesta.
-Has estado muy rodeado de ti mismo este final de primavera. Es un alivio que Leo
haya vuelto a casa. Me obligué a sonreír para que mi padre no especulara que algo no iba bien. Fue a
Se fue y cerró la entrada. Me tumbé en la cama, pensando qué cara pensaba ponerle a Leo
cara, pensaba ponerle a Leo con todo el peso de la responsabilidad por lo que había hecho.
Quería a Leo. Mis actividades no parecían demostrarlo, pero lo apreciaba. La cuestión era que no estaba enamorada de él. Hasta ese momento, no había
percibido que se pueden tener varios tipos de afecto hacia una persona. Leo
se dirigía a todo lo que yo consideraba. Era delicado y adorable. No podría haber
No podría haberme estresado nunca porque me dejara o me hiciera daño. Era incomprensible
no adorarle. Trágicamente, tenía una novia que era una gran farsante. Me merecía
a darme cuenta de que lo era; sin embargo, no tenía ni idea de cómo darle sentido para él.
Yo jugaba a llenar el papel para él, así como para mis padres y para toda la maldita ciudad. No
Fui incapaz de decirle nada a Leo. Las cosas se movían demasiado rápido en una comunidad tan modesta.
Una comunidad tan humilde. Mi madre estaría destrozada. Mi padre se enfadaría.
Habría hecho daño a todo el mundo y ¿para qué? ¿Por una persona que ni siquiera intentó responder cuando le dijiste un último adiós?
¿Cuándo le dijiste un último adiós? Mi corazón se estaba rompiendo y él se había dedicado a
Comunicar algo en concreto. Sin duda a Laura. La foto de Nona con Laura
Me puso enfermo. Cogí el teléfono por centésima vez desde que salí a comprobar