Sentía murmullos lejanos pero nada que pudiera entender. No podía abrir los ojos y el cuerpo me dolía mucho. Quería concentrarme para poder escuchar lo que decían esos murmullos pero volví a dormirme. Cuando por fin abrí los ojos, era de noche y me encontraba sola en mi pieza. Intenté moverme pero me dolía todo el cuerpo. De repente todo lo sucedido volvió a mi mente. Teníamos que irnos de Londres. Salí de la cama entre gemidos de dolor y caminé hasta la puerta. En el pasillo no había nadie, así que apoyada de la pared caminé hasta la escalera. En el primer piso, justo a los pies de la escalera, estaba Mike dándole instrucciones de resguardo a seis hombres vestidos de traje. Uno de ellos me apuntó y Mike se volteó. — ¡Megan! —exclamó y corrió escalera arriba. — Mike, tranquilo, est

