Ayudé a Grettel a poner la última bandeja sobre la mesa y me despedí de ella deseándole una Feliz Navidad. Ya todos los empleados se habían ido a sus casas y solo quedaba la familia en casa. — Papá, Isabella ¡basta! —grité al ver como robaban las galletas recién horneadas. Mi padre, muy maduro, tomó en cuenco con las galletas y junto a Isabella corrieron fuera de la cocina. ¿Como era posible que un hombre de su edad se coludiera con una niña de cuatro años para robar galletas de navidad? Menos mal ya me había anticipado a los posibles hechos y había guardado algunas galletas. Puse los ojos en blanco y salí de la cocina rumbo a mi pieza, donde suponía estaba mi amado esposo. — Meg —saludó mostrándome su sonrisa mas cautivadora. Sonreí de vuelta y me dejé abrazar. — Es mejor que nos ar
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