La decisión

626 Palabras
Capítulo 4 La decisión Me sentía quebrantada y abrumada, no esperaba embarazarme; en realidad, toda mi vida era muy incierta. Parecía tener una mala vibra u onda con muchísima mala suerte. Dios de las mujeres por favor haz que el universo no conspire en nuestra contra. Llevé a dormir a David, y me quedé a su lado pensativa, analizando cada una de mis opciones. La primera era, irme lejos con David, buscar un trabajo y comenzar de cero. La desventaja era que, no tenía ni un dólar, ni una casa, ni un trabajo ni nadie que me ayudara o me recibiera por unos días mientras me estabilizaba. Al irme sin examinar bien las cosas seria fatal para una mujer embarazada y un niño pequeño. La segunda opción era quedarme y seguir aguantando todo tipo de maltratos y humillaciones. No era muy viable. La tercera, abortar y mejorar el primer plan. Me llevé mis dos manos a la cabeza por la preocupación. No me imagino que pensará Vicent cuando se enterara, y él tan querido que es con los niños, no los soporta. ¿Qué voy hacer? Me toqué la barriga y le acaricié suavemente, y le susurré con ternura, “no tienes la culpa de nada”. Toda esa noche lloré por todo. Me sentía sola en una habitación oscura sin salida, palpando posibilidades de salir, sin esperanza, sin fe, sin amor, sin sentirme útil, solo sintiéndome patética por estar al lado de un hombre que me odiaba, que, en estos momentos en vez de estar con su familia, se encontraba al lado o en la cama de su secretaria, o prostituta o ramera que se le haya atravesado por el camino. Era obvio que, no le importábamos como familia, no valoraba lo que en casa le esperaba. Por más que me esforzara por tener la casa limpia, la ropa bien doblada, y todo completamente en orden, no era lo suficientemente buena para él. Mi corazón estaba completamente roto, había demasiados motivos y razones para abandonarlo, para irme lejos y no verlo nunca más. Las razones para no creer nunca más en nadie eran muchísimas; el amor me había hecho daño, lográndome engañar ciegamente, entregándole lo mejor de mí a alguien que nunca lo valorara. Espere pacientemente un cambio, y nunca llego, y era hora de tomar una determinación, al menos que, hiciera un ultimo intento de recuperar la relación, así sea por el bebé. Toda la mañana lloré sin parar, me senté en la silla del comedor y dejé salir lo que tenía acumulado en mi corazón, y me desahogué, y fue la mejor manera de drenar toda la tristeza abrumadora y desolladora. ── ¡Mami! ──exclamó David. Levanté mi rostro y el niño con sus manos pequeñas y suave limpió las lágrimas que se desplazaban súbitamente por mis mejillas. ── No llores mami ──articuló con una mirada alentadora. Lo tomé entre mis brazos y le abracé, y les juro que ese abrazo me dio las fuerzas que necesitaba para levantarme y cargar con mis piezas rotas. En ese momento me sentí reconfortada y fuerte. Buscaría un trabajo a escondida de Vincent y cuando fuere el tiempo me marcharía con David y el bebé. Estuve en completa paz toda la tarde, hasta que, llegó él tocando la puerta con ímpetu. La abrí, y me sorprendí al verlo frente a mí. ── Señor Freeman, ¿Qué hace aquí? *** Mis amores, muchísimas gracias por su apoyo, y por el amor que le dan a esta historia. Eso me pone muy feliz. Aquí les traigo otro capítulo para que lo disfruten. ¿Qué harían ustedes si tuvieran en el lugar de Stella? ¿Pensarían en las mismas posibilidades? Leo sus comentarios. Besos. Los amo. Instagram: lacarol_marquez01
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