Vincent parte 1

1448 Palabras
Capítulo 9 Vincent Tardé mucho en recomponerme, y estructurar mis pedazos nuevamente, aunque todavía me sentía rota y a las patadas. Un mes exactamente me di cuenta que seguía siendo una estúpida al quedarme al lado de Vincent. Ya no quería más, ya estaba exhausta de tantos maltratos, y comentarios hirientes. Creo que había llegado a mi limite. Vincent Parker creyó que sería la misma tonta y estúpida de siempre, aquella que pone la otra mejilla para que la siga golpeando. Ya no quería ser la que se tiraba en la cama y él en hojarasca gimiendo, mientras yo sufría por dentro deseando que terminara. La perdida del bebé fue el colapso de todos mis nervios, haciendo que me sumergiera en una profunda depresión, encerrándome en mis propios miedos, hasta que David me dijo: ──Estoy aquí mami, y te necesito. Esas palabras hicieron que me levantara nuevamente y luchara por darle una vida llena de felicidad a la única persona que me importaba. En todo ese tiempo, no había visto a Elliot, pero si supe que en secreto se hablaba con David, porque el niño me lo contaba. Era muy de mañana, y como si estuviera muerta por dentro, me miré al espejo desnuda, observando algunas cicatrices que me había hecho en el transcurso de mí vida y matrimonio. Mi rostro estaba pálido y el morado había desaparecido. Mi silueta era muy delgada hasta el punto que llegué a pensar que en cualquier momento desaparecería. Mi semblante era decaído, melancólico, e infeliz. Frente a mi propio reflejo me sentí fea, inútil, y desagradable. Quizás Vincent tenía razón, había perdido la hermosura que me caracterizaba. Me vestí con unos jersey largos azul, y una camisa holgada blanca. Mi pelo mojado lo hice en una coleta y los combiné con los únicos tenis que tenia del mismo color de la camisa. Mi alma estaba acongojada, y irritada al mismo tiempo. Bajé las escaleras y David estaba solo en la sala jugando con un carro. Me partió el corazón verlo tan solitario. ── Hola ──me acerqué con cariño y ms senté a su lado. ── Hola mami ──susurró en voz baja. ── ¿Estas bien? ──consulté al verlo tan callado. Él asintió. Le observé jugar un buen rato en silencio y comprendí que nada estaba bien con él. todo lo que estaba sucediendo le afectaba muchísimo. La ausencia y afecto de su padre, los problemas en casa, y mi inestabilidad estos últimos días. Toda esa situación me abrumó el corazón. ── ¿Por qué no me has invitado a jugar? ──bromeé motivándolo un poco. ── Tú no quieres, ahora te olvidaste de mí ──expresó en un tono melancólico. ── Cariño, no me he olvidado de ti ──me preocupé, colocando mis manos en su hombro. ── Claro que sí, ahora, te la pasas llorando todo el tiempo en la habitación, y no quieres jugar conmigo, solo Elliot se preocupa por mí. Mi postura se tensó, solté un bufido y quedé en silencio una vez más. ── ¿Te verás con Elliot hoy? El niño meneó la cabeza de un lado a otro con una mueca de tristeza. ── ¿Por qué? ──interrogué. ── Porque irá a buscar a su hermano al aeropuerto. Parpadeé un poco y volví a soltar un bufido. ── ¿Cómo te las arreglas para verte con Elliot? Él me miró con ternura. ──. En el parque mami, solo podemos jugar 30 minutos, porque él se tiene que ir por el trabajo. A vece me pregunta por ti, y por papá, y yo le digo que están bien. No quiero decirle que siempre estas llorando mami. Le digo que, tú me das permiso. Bajé el rostro y respiré hondo. ── Cariño, sabes que eso no es así, no puedes andar mintiéndole a nadie. No me interpongo en la amistad que has forjado con Elliot, pero cariño… no esta bien verte con personas a escondidas. ── Elliot no es un extraño mami, es como el tío que no tengo. Me quedé en silencio, y examinando su respuesta. ── Okey cariño, pero no quiero que vuelvas a mentir por favor. A partir de ahora, todo será diferente. ── ¿Cómo? ── Vamos a empezar una nueva vida, solo los dos. ── ¿No veré más a Elliot? ── Cariño, Elliot es solo un amigo, podrás hacer amigos de tu edad en otra parte. ── Y si no logro hacer amigos mami ──se alteró David. ──Si lo lograrás, porque eres un niño bueno y dulce ──le acaricié el rostro y él me sacudió la mano, esa actitud me sorprendió. ── No me entiendes mami, los niños de la escuela que solía asistir me llamaban raro. Arrugué mis cejas. ── Hey, eso no me lo habías contado. ── No quería que lloraras por mí ──intervino de inmediato. Respiré hondo nuevamente, la situación se estaba tornando complicada. ── Tranquilo, me tienes a mí, y te juro que no te voy abandonar. Además, tienes que contarme todas las cosas, ¿bien? Asintió. ── ¿Me lo prometes que todo mejorará? ── Te lo prometo. ── Me lo juras con el dedo meñique. ── Te lo juro con el dedo ── alcé mi dedo, y él el suyo y simulamos un pacto. Lo tomé entre mis brazos como un bebe y le hice cosquillas. David sonreía a carcajadas, y eso hizo que me sintiera feliz. ── Cariño, pronto nos iremos de aquí ──mencioné, y su risa desapareció del rostro. ── Porque no nos vamos ahora mismo mami ──apoyó y mis ojos se abrieron desmesuradamente. David subió las escaleras y se metió a su habitación y unos segundos después le observé bajar las escaleras con unos cuantos dólares, eso me sorprendió aún más. ── ¿Quién te ha dado dinero? ──regañé asombrada. ── Elliot mami, y lo estuve guardando ──explicó. Era asombrosa la capacidad reflectiva de David aun siendo tan pequeño. Era demasiado inteligente, y por ser niño no estaba exento de esta situación. Allí me di cuenta que él estaba al tanto y a toda cabalidad de todo lo que sucedía alrededor. Tomé el dinero y lo conté, no era suficiente para arrendar una casa, pero si para unos pasajes y marcharme lejos (solamente cubría unos pasajes). Mi mente se volvió un culo, y el pensar escapar una posibilidad. Tal vez dormiríamos en la calle, no obstante, sería mejor que seguir en ese infierno. Sonreí con fingida alegría y mi corazón se relajó de tal manera que comencé a reírme como una loca. ── ¿Por qué te ríes mami? ──consultó David confundido. Le tomé los hombros y le sostuve su mirada ingenua e inocente con sus ojos negros. ── Nos vamos cariño, solo tu y yo ──especté. ── ¿Puedo despedirme de Elliot mami? ── No cariño, nadie puede saber a dónde vamos ¿sí? ── Si mami. Entonces, le dejaré un dibujo ── le besé la frente y no quise seguir interrumpiéndolo. ── Esta bien cariño, apúrate, empaquemos unas pequeñas cosas. ── Si mami. Subí a la habitación y con rapidez comencé a empacar unas cuantas camisas, unos vestidos y algunas cosas que eran de mi madre. Me llevé la caja de música y dentro de ella se encontraba la tarjeta de Elliot. Recogí unas cuantas cosas de David, mientras el niño se colocaba el abrigo. Observé el dibujo que con dedicación le había hecho a Elliot. Era unos garabatos, pero bastante entendible. Había dibujado una rayita vertical, con un circulo que simulaba ser una cabeza, unos cuantos cabellos, unos puntos y una esplendida sonrisa. De las manos que eran dos rayas había dos rayas más que entendía que lo tomaba de la mano, y su figura era más baja. El sol era brillante, y las nubes muy azules. Con una grafía torpe escribió: Gracias por ser mi mejor amigo. Ese pequeño escrito me rompió el corazón en pedacitos. ── Mami, ¿Cómo le entrego el dibujo? ──se preocupó. ── Déjala aquí, estoy segura que vendrá con papá y… ──pausé un poco ──. Se lo dará. ── Papá esta enojado con Elliot, lo escuché decir que él era un perro. Arrugué las cejas. ── No cariño, ellos son amigos, arreglaran sus problemas. Los amigos son así, a veces pelean, y por eso, no dejan de ser amigos. ── Ah bueno mami ──se convenció de las palabras. Tomé al niño del brazo, y del otro la maleta con el dinero adentro, en un bolsillo. Y justo antes de salir, apareció él para impedir mi destino. Apareció Vincent Continuará... *** Mis amores... Gracias por su apoyo. De verdad me gustaría sus comentarios, siempre los leo. Les dejo mi i********: por si quieren escribirme: lacarol_marquez01
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