Capítulo 7
Yo sé que quieres de ella
── Maldita sea, ¿¡que haces aquí!? ──volvió a gritar con sus orejas rojas y su rostro del mismo color. Sus ojos parecían llamas y su respiración se tornó agitada y espesa.
── ¡Vincent! ──exclamé, tratando de zafarme de ese agarré que me lastimaba.
── ¿Qué haces aquí? ──inquirió Elliot sorprendido.
── ¿Qué hago aquí, que hago aquí hijo de perra? ──vociferó echo una fiera, haciendo gestos con sus manos.
── Sabes perfectamente que estas despedido
── Lo sé y ya entiendo el motivo ──me miró y continuó ──. Te acuesta con esa zorra.
Elliot Freeman apretó los puños y su mandíbula se tensó, quería irse encima de él.
── Es evidente que te quieres coger a mí mujer. Eso es lo que quieres de ella, porque yo sé que quieres de ella.
── Estas equivocado Vincent, no quiero nada de su mujer.
── Entonces, que hace ella aquí en su oficina ──gruñó y me observó nuevamente ──. Me lo explicaras tú perra.
── No te la llevarás ──le empujo el señor Freeman y Vincent no dudó darle un derechazo en el rostro. Elliot tambaleó un poco, pero se mantuvo.
── Te quieres coger a mí mujer, “mejor amigo” ──Vincent se balanceó nuevamente sobre su amigo y esté le detuvo y le dio un puñetazo en la nariz, dejándola un poco ensangrentada.
── ¡Basta por favor! ──intervine en medio de ambos.
── Quítate mujerzuela ──refunfuñó Vincent limpiándose la sangre que había salido de su nariz.
── Respétala, porque no ha sucedido nada de lo que te estas imaginando Vincent ──gritó Elliot furioso.
── ¿Entonces porque me despediste? ──confrontó.
── Porque te desapareciste una semana y n viniste a cumplir tus labores, además, de que muchas mujeres se han quejado de tú acosos sexuales. Y no solo eso, la empresa con la cual haríamos trato se quejo de tu mal comportamiento abusivo y lascivo con su hija, agradece que no te metieron a la cárcel.
Vincent Parker tenía los ojos fijos, llenos de una completa ira que pensé que se les saldrían. Una vena verde se tensó en su frente y su agarre era cada vez más fuerte.
── Aléjate de mi mujer ──advirtió
── Stella ──habló Elliot, pero puse una mano al aire donde le di a entender que me dejara.
Mi marido me sacó por un hombre y con pasos tan agiles y rápidos que no sabía como habíamos salido tan de prisa de la empresa. Me angustiaba David que se había quedado con la secretaria en la recepción. Sin embargo, lo que realmente me preocupaba era mi destino. Sabía perfectamente lo que me pasaría al llegar a casa. Me patearía hasta dejarme inconsciente, y me golpearía hasta sentirse completamente satisfecho. Me gritaría zorra, prostituta y cualquier otra palabra hiriente y desmesurada que se le ocurriera. ¿Por qué hice las cosas sin pensarlas y examinarlas ante?, ¿Por qué me sucedían estas cosas a mí?
──¡Entra al auto perra! ──exclamo, metiéndome en el asiento copiloto y cerrando con llave. Traté de abrir, pero me fui inútil, ya no tenía escapatoria. Vincent entró y arranco el auto dejando salir un humo n***o de su tubo de escape. La velocidad iba a 180 y sus nervios a millón. Los celos de Vincent sobrepasaban su cordura. Parecía poseído por un extraño ente que solo se enfocaba en lo que no era real, pero, en su mente existía una relación entre el señor Freeman y yo.
── ¿Cuánto tiempo te acuesta con él? perra asquerosa, inmunda ──gritó
── Por favor Vincent, baja la velocidad ──insistí.
── Me provoca matarte maldita. Te odio con toda mi alma ──agregó chispeante.
── Por favor Vincent, no hay nada entre el señor Freeman y yo ──expliqué
── ¿Qué hacías en su oficina?
Tragué grueso y tomé una bocanada de aire ──. Fui a pedirle ayuda para librarme de ti.
── ¿Librarte de mí? Estúpida. ── se rio sarcásticamente y continuó ──. Ósea, ¿me ibas a dejar para irte con ese perro?
Rompí en llanto frenéticamente, y supe que cualquier cosa que diga en mí defensa el la distorsionaría. Él no se encontraba en sus sentidos cabales, si no en su locura, en su propia locura e imaginaciones. Los celos los tenía tan arraigado en su corazón y la idea absurda de la infidelidad que no podía pensar en otra cosa que verme en la cama con su amigo y jefe. Sentía tanta impotencia por sus calumnias. Ahora si soy yo la mujerzuela, y la zorra cuando él no miraba su estilo de vida, su promiscuidad al estar en cama en cama con verdaderas mujerzuelas.
── Te odio──expresé desde lo más profundo de mi corazón.
── Más te odio yo a ti, maldita ──susurró con tanta rabia que lo pude sentir.
Solté un grito y coloqué mis dos manos en el rostro. Vincent trató de esquivar un carro que venía frente a nosotros; no pudo. Y fue como si escucharas un disparo cerca, y luego…
Luego fueron recuerdos.
Recuerdos dulces y hermosos de una niña feliz. De una niña que se enamoró y se entregó a su primer amor. Ese amor que la había consumido y marchitado hasta dejarla vacía en todos los sentidos. Vacía en el alma, en su espíritu y corazón, dispuesta a enterrar todas aquellas emociones que la habían condenado a la infelicidad.
Tantas lágrimas amargas, tanto sin sabores, tanta oscuridad y desdicha. Se odiaba a si misma por haber soportado una relación toxica por años, por haberse aferrado a un amor que nunca existió. Por no ser capaz de soltar lo que le estaba haciendo daño y marcharse. No era capaz de dejar a Vincent, al igual que no era capaz de tomar riesgo. Sus inseguridades eran más fuertes que su valor propio.
Ese día, ese maldito día que grité desesperadamente ayuda; murió Stella Parker, aquella mujer sumisa y entregada a lo bueno del mundo, y el amor. La que creía en las personas y en el romanticismo.
Amate Stella, Valórate Stella, Vuela Stella.
Sé la mujer que quieres ser, y a veces hay que soltar lo que nos lastima.
¡Que muera la Stella amarga, marchita y sufrida!, que nazca la nueva Stella, la renacida.
Abrí los ojos y tenía un fuerte dolor en mi estomago; respiré hondo, y observé como los médicos me inyectaban algo en el brazo.
── ¿Qué pasa? ──pregunté confundida y absorta de todo a mi alrededor.
── Entraremos en trabajo de parto ──dijo una doctora a mi lado.
── ¿¡Trabajo de parto!? No es el tiempo, tiene apenas semanas.
── Lo siento señora Parker, pero su bebé esta muerto en su estomago debido al accidente y hay que sacarlo, y la única manera es que lo expulse por usted misma.
Quedé en shock, completamente paralizada. Me inducían un parto con dolor, más mi dolor en el alma era más fuerte que el que estaba sintiendo.
Quería morirme. Quería morir junto a mi hijo, entonces, la voz de David resonó en mi mente, y supe que debía recuperarme para salir adelante por él.
Y después de una gran lucha para expulsar al niño fallecido, en lágrimas y bañada de sudor me desvanecí.
Y todo fue una extensa oscuridad.
****
Mis amores, aquí les dejo otro capitulo. espero les guste.
los amo, los veo el lunes.
Leo sus comentarios.