⚠️ADVERTENCIA ⚠️
Este capítulo, contiene narraciones con violencia que puede herir susceptibilidades y sexo un poco explícito. Si lo lees será bajo su propia responsabilidad, y si no, espera la nueva actualización.
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Capítulo 6
El despido
Miré la tarjeta en repetidas ocasiones; una parte de mí quería llamarlo y aceptar su propuesta, y la otra, me gritaba que era absurdo y que nadie hace nada sin nada a cambio. No sabía que pensar, o decir, mi mente se encontraba tan confusa e insegura que no me atrevía a nada. La inseguridad de que algunos de mis planes fallasen me carcomía, pero si no tomaba el riesgo me marchitaría por completo en el sufrimiento. Ese era mi miedo, el simple hecho de tomar el riesgo.
Guardé la tarjeta en una cajita de música que me había regalado mi madre cuando cumplí mis quince años. Y esa noche dormí tranquilamente.
Desperté temprano e hice mi rutina diaria. Me coloqué un vestido floreado amarillo y me hice una coleta alta. Mi cabello castaño se veía opaco y con poco brillo, y eso me animo en buscar una receta natural para hidratarlo. Me coloqué unas zapatillas deportivas y luego, observé mi silueta delgada en el espejo, ya mi rostro no se encontraba tan morado como antes. alisté a David, con una camisa azul y un jersey del mismo color, estaba lista para ir en busca de un trabajo, de un futuro y un nuevo comienzo. Con honestidad, me sentía feliz y alentada. Sentía que mi corazón estallaba en alegría con el simple hecho de conseguir un trabajo.
Bajé las escaleras y antes de salir, llegó él, Vincent. Su camisa blanca estaba por fuera, su cabello castaño despeinado hacía adelante, sus jersey marrones un poco sucio, como si hubiese participado en una pelea callejera.
──Hazme el desayuno Stella, y café ──ordenó, y lo que solo pude hacer es mirarlo asombrada.
── Acaso no oíste, o te lo tengo que volver a repetir ──gritó autoritario; se notaba que estaba ebrio.
── El maldito de Elliot me despidió ──golpeó la mesa con tal ímpetu que me asusté.
Le susurré a David que me esperara en la habitación. Y corrí a la cocina para preparar huevos revueltos, y café.
Vincent se sentó molesto, mientras que comía con toda la ira contenida. Me le quedé observando, y me percaté de un manchón rojo alrededor de su cuello, no estaba tan equivocada.
── Puedes creerlo, el maldito de Elliot me despidió sin ninguna razón, sin ningún motivo. Y eso que era mi amigo ──gruñó ──. Le invité a mi casa, se sentó en mi mesa, fui a su matrimonio y me paga con esta mierda.
¿Fui a su matrimonio? Espera… ¿Elliot era casado?
Vacilé un poco y tenía las inmensas ganas de preguntar. Me temblaba el labio inferior, no obstante, la curiosidad también me mataba. Cogí el medallón y lo acaricié con mis dedos, y le hice la pregunta con desinterés.
── El señor Freeman ──tosí un poco, colocando mi puño bajo la boca──. ¿Es casado?
Vincent me miró fulminante ──. Al muy estúpido lo dejaron plantado en el altar.
Entonces lo recordé. Hace unos meses Vincent fue invitado a una boda, cuya celebración no se realizó porque la novia nunca llegó. Matrimonio donde asistí junto a David.
── Ojalá se muera ese maldito, lo odio ──vociferó, lazando el pocillo con café al suelo.
Me quedé pasmada con solo mirar su actitud, me imaginé que David debe de estar asustado en el cuarto.
Mi esposo infiel me miró y me estudió de arriba abajo como borrego desollado. Un destello lascivo se asomó en sus ojos, acompañado de llamas ferviente de cruel pasión.
── ¿Te arreglaste? ¿A dónde vas?
No respondí.
Vincent Parker se levantó abruptamente y me olió, como si fuera un perro, buscando rastro de algo que desconocía. Tomó la parte de arriba de mi vestido y lo rompió dejando al descubierto mi sostén blanco.
── Esa ropa interior da asco, no levantaría ni a un muerto ──murmuró, terminando de rasgar con rudeza el vestido. Quedé en ropa interior, asustada, ya sabía que pasaría. Con su mano derecha me agarró la nunca y con brusquedad me lanzó a la mesa boca abajo, separó mis piernas bajando mi pantaleta.
── Así no Vincent ──le supliqué
──Deja de ser tan frígida ──habló, sintiendo su m*****o duro y erecto.
── Por favor, me estás haciendo daño ──imploré
── Cállate, eres mi mujer y tienes que complacerme ──ordenó jalándome del cabello.
Vincent bajó su pantalón, y su ropa interior. Su m*****o estaba al aire, cuando percibir que se introducía por atrás. Me dolía, me dolía mucho, y mientras me daba palmadas en mis glúteos, sus movimientos se embestían cada vez más fuerte, era como una vestía salvaje que, disfrutaba del sexo rudo.
── Me duele ──sollocé
── Cállate, maldita sea──gritó, apretando mi cabeza con la mesa.
Como animal hambriento sacó y metió su m*****o repetidas veces, y con rudeza depositó aquel seme que me dio tanto asco. Ese fue el fin para matar lo poquito que sentía. No le importó nada, solo me tomó como objeto, y después que terminó, me dejó como basura. Me vio con lágrimas en mis ojos, y ni siquiera se volteó a mirarme.
──Me voy a bañar ──dijo, yéndose al baño.
Esta vez la miseria corrió en mi corazón. Y el asco en mi cuerpo. Yo misma me daba repulsión. Tenía que salir de allí, necesitaba aire. Con otro vestido floreado cubrí mi asqueroso cuerpo y con lágrimas en los ojos y David tomándome de la mano, salí de ese lugar. Divagué por la calle un buen rato, sollozando y sintiéndome cada vez más patética. Hasta que, frente a mí apareció la empresa, la del señor Freeman.
Titubeé al ingresar, y sin darme cuenta, ya estaba adentro. David se encontraba callado, no pronunció ni una sola palabra por el camino. ¿Acaso habrá visto lo que su padre me hizo?, me aterraba la idea de solo pensar una respuesta afirmativa.
Una mujer alta, rubia, de labios rojos, aretes largos, y ojos azules se acercó.
── ¿Se le ofrece algo? ──dijo con una trémula sonrisa.
Aún tenía lágrimas en mis ojos, y fue como si mi mente estuviera nublada, sin pensar en lo que hacía.
── Necesito ver al señor Freeman ──declaré asustada.
── El señor Freeman esta en junta, vuelva más tarde.
── No por favor ──supliqué llena de lágrimas ──. Necesito verlo ahora mismo, ayúdeme por favor.
La mujer se estremeció, y tragó grueso ante mi angustia.
── Mamá, ¿esta todo bien? ──inquirió David.
Me agaché a nivel de él y le acaricié el rostro ──. Todo estará bien
── Por favor señorita ──imploré
La rubia vaciló por un momento.
── Veré que puedo hacer.
La mujer se tardó unos cinco minutos para regresar, y sus facciones radiantes mostraban gestualidades de buenas noticias.
──El señor Freeman le recibirá en su oficina.
Suspiré hondo y le tomé la mano a la mujer como señal de agradecimiento.
── Gracias ──murmuré.
── ¿Mami que pasa? Tengo miedo ──afirmó el niño con lágrimas.
Volví a la postura de a su nivel y le abracé ──. Todo estará bien, mamá resolverá todo.
David asintió como gatito asustado, y yo le sequé las lágrimas.
── Si quiere puedo quedarme aquí en recepción con el niño ──sugirió la mujer.
Asentí. Y David se quedó junto a ella.
── La oficina es al fondo y cruza a la izquierda ──declaró.
── Gracias.
Caminé rápidamente, con las manos entrelazadas una con la otra, mordiéndome el labio inferior, y sujetando los nervios. Esta vez, aceptaría la propuesta por más descabellada que parezca.
Llegué al final del pasillo y crucé a la izquierda. Había muchos diplomas y certificaciones adornando la entrada triunfan de un jefe. Vacilé antes de golpear la puerta, pero recordé lo que había sucedido en casa, y fue suficiente para tener el valor.
Toqué suavemente, y escuché su voz suave e imponente al otro lado de la puerta.
── Adelante.
Suavemente jalé la manija y me introduje a la oficina. Todo se encontraba perfectamente en orden. Un escritorio grande de madera, acompañado de una gran pila de carpetas. Allí mismo había pocillos con lápiz, grapadoras, clic, y otro montón de cosas que no recuerdo. Ingresé y me le quedé mirando como una estúpida; sus ojos verdes siguieron mi llanto y por un momento percibir que Elliot quería consolarme, sin embargo, se contuvo y mantuvo su postura firme.
── Señor Freeman ──sollocé ──. Yo ──rompí en llanto ──le miré a los ojos y lamí mis labios ── Acepto su propuesta.
Él se quedó perplejo e hizo un mohín con su boca de sorpresa.
── Me enteré que despidió a mi esposo
Él suspiró ── No estaba haciendo adecuadamente su trabajo ──respondió frio.
Traté de calmarme, y me percaté que se acercaba lentamente y tembloroso.
── ¿Vincent te hizo daño? ──preguntó directamente.
Rompí súbitamente en un llanto amargo.
── David… ¿está bien?
Asentí.
── ¿Cuándo te irás?
── Hoy mismo ──musité
── Bien.
En ese momento, como por arte de magia, se abrió la puerta, y apareció él. Elliot Freeman se enfocó en el sujeto que acababa de irrumpir en la oficina y yo no quise ni voltear.
── ¿Qué haces aquí hija de perra? ──me gritó, jalándome de un brazo, Vincent estaba furioso.
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