XXXI. La triste verdad

1087 Palabras

—¿Llegaron? —pregunto una de las cocineras Los murmullos empezaron a resonar en el lugar mientras la joven humana se mantenía en silencio observando la taza humeante que yacía entre sus manos. El joven rey había llegado y Lucia quería correr para luego refugiarse en sus brazos. Su corazón palpitaba con fuerza mientras agachaba la cabeza intentando no escuchar los murmullos. Una mano se posó con delicadeza en su hombro. —¿Te encuentras bien, Lucia? —la pequeña humana asintió— Te veo decaída, ¿es por el rey? Lucia rápidamente observo a Liz. Agacho nuevamente la cabeza llena de pena y tristeza. —Ve donde esta él, ya no ocultes tu amor. —Lucia negó— ¿Por qué no? —Él no me ama —contesto con voz trémula Los labios de la loba formaron una sonrisa ladina. —En su corazón solo existes tú. —

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